lunes, 18 de enero de 2021

Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

 


Soy al primero, que me está partiendo el alma, estas líneas, pero es necesario, te escribo para despedirme de ti, mi mejor amiga…

Cuando estas a mi lado, me haces sentir tranquilo, una paz difícil de explicar, pero que solo tú lo haces posible. El tiempo se para, los problemas que hacía unos minutos me tenían ansioso, se han esfumado, eres mágica amiga mía, realmente no sé, como he podido sobrevivir sin ti, antes.

 


También tienes tu genio, cuando te molestas, las nubes se pueden volver, grises o negras, directamente, toda esa paz que transmitiste se vuelve tan oscura, la pena más grande, se vuelve con uno, y parece como si estuvieses de duelo, por la muerte de un ser querido, no te ofendas amiga mía, pero pareces bipolar, estas bien, de golpe, te echas a llorar desconsolada, lo peor contagias a los que te rodean. Cuando estás feliz, eres la reina de la fiesta, contigo la fiesta puede durar horas o días, pero cuando la fiesta acaba, te pones triste, y contagias a todos los que te rodean, si llevo días sin verte, tu recuerdo no se me va de la cabeza, solo ansío volver a verte, saber que estas cerca, me anima enormemente, incluso me entra una adrenalina, solo de saber, que volverás a mi lado… Ya mis amigos me dejaron, por ti, por tu presencia, por tu compañía, están emperrados, que eres una mala influencia, muy mala, como yo no te abandono, ellos, ya se fueron de mi lado, a causa de tus fiestas, Ya me echaron del trabajo, mi mujer me abandonó, de que pasaba más tiempo contigo que con ella, ya creyó que eres mi amante, realmente, en ocasiones lo parecías…. Llevándose con ella, a mi amado hijo, y ni casa tengo, porque ya me arruiné, estoy viviendo en la calle, una caja de cartón es mi techo… No tengo a nadie más que a ti, ya ni eso, cada vez es más difícil localizarte.

 


Desde que te conozco, el insomnio se vino a vivir conmigo, apenas como y te tengo en mi mente las 24 horas del día, deseando volver a tenerte a mi lado. Mis amigos me dicen que te deje, que eres muy mala compañía, lo cierto es que desde que te conozco, apenas los veo, ni me recuerdo de llamarles, desde tu compañía me quedo atontado por días. Apenas tengo dinero, pero cuando se trata de ti, me gasto lo que no tengo. Solo tu estas en mis pensamientos, incluso en mis sueños. Eso me está destruyendo a mi vida y a mi persona, me tienes como echizado, que no puedo ver mas allá de ti, por eso mismo te tengo que decir adiós.

 


No entiendo el motivo, pero enseguida se me olvida lo negativo que provocas, queriendo mas y más, tu compañía.

 

Pero hoy vengo a despedirme mi amada amiga, amante, tengo que irme a un lugar, donde no puedes acompañarme, ni puedo escribirte, ni puedo localizarte… Tantas noches sin dormir, tanta fiesta loca, está acabando con mi salud, con mi vida, y debo rehabilitarme.

 


Fue un placer conocerte, fuiste mi más dulce locura, entraste en mi vida, en un momento delicado, con sinceridad, cumpliste tu cometido, pero ahora debo de irme, debo decirte adiós, ¿volveremos a vernos? No creo, mi amada Cocaína, tengo otras prioridades, son imposibles contigo al lado, pero antes debo desengancharme de ti, solo no puedo, ya que tu adicción es mucho más fuerte. Un placer conocerte, solo espero no volver a verte, ya que tu solo buscas atención, mi vida arrebatarme, por ello no te lo permitiré, hasta nunca, me despido de ti y me voy… 


NO AUTOBIOGRÁFICO

Escrito: 18 de enero del 2021

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domingo, 10 de enero de 2021

Bienvenido 2021: el año de la salud

 


Soy una persona que me gusta más los números pares que impares, pero tengo que admitir, que este 2020, mejor no volver a verle, todo empezó en enero 2020, con incendios, y desastres naturales, Carta de un koala  acá en España, llego el covid 19 en marzo del 2020. Se inició el confinamiento, hasta mediados de junio, tanto mi esposo como yo, nos fuimos al Erte, yo la verdad, no lo vi tanto problema, así podía estar un tanto más con mi hija, que el 2019 termino, con el trabajo de la maternidad, este 2020, seguí en este primer año como mamá, un desafio, y conocimiento al mismo tiempo… claro si no fuera, por el poco dinero que entraba y las deudas seguían subiendo, que dificulto todo 2020.

 


Pero hablemos de lo realmente importante que ha protagonizado este 2020, es que ha sido el coronavirus, un virus demasiado contagioso, que inicio en china, en Europa llegó en Italia, después en España, en el de distinta forma de lo que estamos acostumbrados, ha sido una guerra, que nos invocó el planeta Tierra, que mantuvo encerrada a la humanidad durante 3 meses, está progresó enormemente a sacar de la ecuación a la humanidad, estando encerrados en sus casas, o perdiendo la vida, el covid, ha sido una guerra, como nos enseñaron en la historia de nuestro pasado, pero esta vez es el planeta Tierra, que nos batalla, y enfrenta y no tenemos mas que bajar las manos, y aceptar lo que venga.

 

Aquí en España inició el 2020 con el escucha del desastre natural de Australia, esos incendios, esa pérdida de fauna, tantos animales muertos, tantas hectáreas de bosque destruidas. En marzo, la famosa pandemia, llamada coronavirus 19 llegó a mi país, llevándose, hasta 1000 vidas al día, aun nos creemos superiores, ignoramos lo que el planeta nos está gritando, hacemos lo que nos plazca, aun nos creemos con el derecho de quejarnos, aun la humanidad se cree que tiene la razón…

 


Personalmente, no me puedo quejar, no he perdido ningún ser querido, y trabajo sigo teniendo, pero, aun así, la pandemia nos ha marcado y mucho, es lo que ha protagonizado este 2020, recalcándonos, que no somos mas que simples peones, en este recorrido llamado vida, que está se puede ir en dos segundos.

 

2021. El año de la salud, este más que ninguno, el año, donde el dinero es lo que menos cuenta, 2020, nos ha hecho valorar la salud, en este 2021, lo que mas deseamos que el coronavirus 2019, se aleje para siempre, que esta pandemia, esta guerra, que formara parte de los libros de historia, y conocerán nuestros nietos, desaparezca.

 


2021 danos esperanza, vuélvenos, que todo se componga de la mejor forma posible, da paz aquellos que perdieron a sus seres queridos, ya sea por el coronavirus, otras situaciones, devuélvenos la esperanza y la fe perdidas….

 

Bienvenido 2021, haz que volvamos a creer, haz que volvamos a tener, esperanza y fe…. Haz que la guerra con el Coronavirus se acabe, haz que el covid se vaya… volvamos a la mas normalidad posible, confiamos en ti 2021, no nos falles.

Escrito: 10 de enero del 2021

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viernes, 8 de enero de 2021

Relato: Cupido... ¿donde te has metido?

 


Se acerca Sant Valentín, odio ese día, lo odio más que ha mi vida... ¿por qué? No lo entiendo, ya que de romántico soy el primero... pero detesto ese día, aun más a ese ángel
, con flecha en mano, y pañal blanco... A todo el mundo le tira su flecha, y acierta... yo en cambió, solo está fallando, sí... me enamoro... pero no del otro lado...

Cupido... ¿Donde te has metido? Que de mi te has olvidado... Yo el rey de lo romantico... muchas chicas me han enamorado, pero no he sido correspondido... ¿por qué cupido? ¿Por qué me haces esto? Yo soy un chico cariñoso, atento, amoroso... ¿acaso no me merezco ser amado?

Cupido... ¿Donde te has metido? En cuanto te encuentre hablaremos tu y yo largo y tendido... Aquí estoy en este parque esperando encontrarte... díos me estoy volviendo loco... no eres más que un personaje mítico.

- ¿Ei chaval... conoces a esa chavala que no te deja de mirar? - Quien me habla... es un chico de rizos rubios, ojos azules, piel muy clara, viste, tejanos con tirantes de color rojo. Miro a esa chica desconocida... pero preciosa... Que más quisiera conocerla -Yo creo que le gustas, no ha dejado de mirarte desde hace un rato.

- ¿A si? -No puedo mas que sorprenderme.

- Tu no tienes novia... ¿verdad? ¿La desearías? ¿No?

- ¿Tu como lo sabes? ¿Nos conocemos? -lo cierto es que su cara me sonaba, pero no sabía de que

- Mas de lo que crees -me guiño un ojo.

- Disculpa... Te importa si me siento.... -la chica preciosa me hablaba a mi, no me lo creía... o puede que no...

- ¿Me lo dices a mi?

- ¿Quien sino? No veo a nadie mas por aquí -rió ella, que hermosa sonrisa tiene.

- Puede ser... mi nuevo amigo... disculpa como te llamas -le pregunté a él, pero ya no estaba, se había ido sin que yo me enterara... me dejo sorprendido el como había desaparecido.

- Pues se fue... Ni me enteré... -me encogí de hombros... que mas daba solo era un desconocido. La chica se sentó a mi lado, empecemos hablar... era bien amistosa, no tardemos en congeniar, los minutos se hicieron horas... yo no quería que terminara aquella velada. Paseemos por el parque... ella mi mano cogió, yo me sentí el hombre más feliz del mundo... Antes de despedirnos, un beso en los labios, corto pero sincero..... por primera vez fui correspondido, volvimos a quedar para otro día.

No me lo podía creer correspondido por un 14 de febrero, era mi sueño echo realidad, el amor había llamado a mi puerta, el cupido desaparecido, había acertado la flecha.Después de ponerme el pijama y asearme, me dirigí a la cama, donde me encontré un sobre rojo sobre la colcha blanca. ¿Que era aquello? ¿Como había llegado? Nadie mas había estado allí, indeciso lo abrí, y corta carta llegó a mi.



Discúlpame amigo, por haberme desaparecido, no solo hace unas horas en el parque, sino también los anteriores catorce de febrero... Tenía que encontrar a la chica ideal, para lanzarle la flecha, que amará con sinceridad. Ya la he encontrado, y mi flecha a acertado en el corazón de ambos... Os deseo lo mejor, estáis echos el uno para el otro. ¡Suerte!

Cupido

No me lo podía creer, no pude evitar peñiscarme una y otra vez, tenía que despertar, pero no... realmente aquello era real, Cupido existía, había echo mi gran sueño realidad.

 

Escrito: 14 de febrero del 2014

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Relato de Navidad: Nicolas

 


Nevaba, hacía décadas que no lo hacía, en aquella zona de Sant francisco, menos un 23 de diciembre la gente se asombró agraciad amente, al notar los copos blancos cayendo del cielo, algo asombroso era, “Milagro de navidad” se escuchaba por la ciudad. Un aullido se escuchaba a lo lejos, a la misma, el llanto de un recién nacido.

El padre Jonás, salió al exterior a contemplar el paisaje de postal, que pocas oportunidades había de ver, cual fue su sorpresa, al encontrarse, una cesta en la puerta, se agacho a ver, teniendo de frente, a un bebé, el llanto era destacable, asta que le miró a los ojos, esos ojos azules, el recién nacido, detuvo su llanto, al instante, y marcó una leve sonrisa. “ Ho pequeño ¿Qué haces aquí?” en el cesto había una nota con una sola palabra “Nicolas” “¿Nicolas? ¿Es ese tu nombre?” Y sin más palabras, cogió el cesto, con el bebé dentro, lo metió en la iglesia, cerrando la puerta de esta.

Los días, semanas, meses, años iban pasando y Nicolas iba creciendo en aquella casa de acogida, donde habían mas niños como él, sin el calor de un hogar, de una familia. Diariamente, algún niño abandonaba el lugar, para irse con su nueva familia, deseosos de dar amor, a este que tanto lo necesitaba. Nicolas, no fue excepción, algún matrimonio, se había fijado en él, querían que formara parte de su familia, pero el pequeño se negaba decía “qué él debería quedarse y ayudar a encontrar la felicidad a otros niños en su misma situación” ya esos padres en otro niño, se fijaban, a otro hogar marchaban, mientras otros niños llegaban. El pelo negro noche de Nicolas, resalta con sus ojos claros como el mar y su piel totalmente clara. Era un niño que no llegaba a los nueve años, pero era totalmente desinteresado, pensaba antes en los demás, que en él mismo. Animal que encontraba herido, al hospicio se lo llevaba, intentando por todas, curarle, las Hermanas del lugar no sabían como animarle, cuando el animal no sobrevivía. El pequeño pillaba un desconsuelo imposible de consolar.

- Nicolas ¡¿Dónde vas?! -Le gritó Sebastian, observando como su amigo corría hacía el bosque. Sebastian era el mejor amigo de Nicolas, habían crecido juntos, aunque Thomás era dos años mayor que él, y consideraba a Nicolas como su hermano pequeño, lo mismo con Sebastian, Nicolas -¡Sabes que no podemos ir solos al bosque!

- ¡Hay un amigo que necesita mi ayuda! -exclamó sin detenerse.

- ¡Oh rayos! -Reaccionó, ya que era costumbre, en meterse en líos por ayudar a los mas indefensos, pero no tardó en correr tras de él -¿A donde vamos? -preguntó, sin dejar de correr tras de su amigo. Nicolas se detuvo, escuchando el silencio, excepción del viento.

- Es por aquí -no bajaba el ritmo Nicolas. Llegaron a una llanura, donde Sebastian quedó fascinado, al ver una familia de renos, no se asustaban, más bien, les daban la bienvenida -él es thomás, mi amigo, no tengáis miedo, ¿Qué ha pasado? ¿Donde está Rudolph? ¿Está bien? Los renos se abrieron paso, dejando a la vista, un cachorro de reno, con su pata mal herida -¡oh no! -el animal empezó hablar en su idioma -oh si, entiendo, que mal....

- ¿Qué pasa? -preguntó Thomás intrigado.
- Ha caído en una trampa para ciervos, que pusieron los humanos, ¿oh no, como pueden hacer algo así? -se apenó Nicolas

- ¿Como sabes tu eso? -se extraño Sebastian.
- Me lo han dicho ellos, ¿No lo has escuchado?
- No entiendo su idioma.... ¿tú sí?
- Sí, claro pensaba como todos.... -el graznido del reno, le hizo volver en si, hay que ayudarle.... Tenemos que ir a buscar el maletín de primeros auxilios, Sebastian tienes que ir tú, yo tengo que quedarme con Rudolph, sino se puede poner nervioso y empeorar.
- ¡¿Yo?! ¡No se llegar solo a la casa! ¡menos volver acá! -se exaltó Sebastian, dando un paso atrás. Nicolás no dijo nada, solo dio un gran silbido, y de detrás de cada arbol y aveto salió una criaturita, que Sebastian identificada como los elfos de los cuentos, uno de ellos, se acercó a pequeños pasos pero decidido a nicolás, le dijo algo en un idioma extraño a su mejor amigo, lo más sorprendente de todo, es que Nicolas le respondió en ese mismo idioma desconocido.
- Hino te guiará, asta la casa, después acá -fue la respuesta de Nicolas. El pequeño duende se acercó a Sebastian, ofreciéndole su mano, este se la dio, ambos empezaron a tele transportarse. -Tranquilo Rudolph, aguanta, no tardarán mucho -le acariciaba el lomo al reno. A la vez, todos los animalillos de los alrededores, y elfos, se acercaban a los protagonistas del lugar.

No tardaron ni quince minutos en volver al mismo lugar:

- ¿Qué ha pasado? ¿donde estamos? -no salía de su propia pleplijidad Sebastian.
- Muchas gracias Sebastian, El maletín por favor, ha rudolph le duele mucho.
- Ah si, toma -le dio Sebastian -¡a sí! ¡Ya se, estoy soñando, todo esto es obra de mi imaginación, claro ahora tiene sentido -se convenció sonriente. Nicolas miró a los renos y los elfos, decidieron que siguiera pensando eso.



Aquella noche, los dos amigos estaban a oscuras en su cuartos, dos camas individuales pequeñas, separadas por una mesita de noche, que contenía una pequeña vela, el libro de “Mobi dick”

- Nicolas ¿estás despierto? -preguntó Sebastian, que se sentía ansioso, y sus ojos abierto como platos.
- Sí, que pasa... ¿No puedes dormir?
- No, es que lo he vivido hoy.... sé que ha sido un sueño, no puede ser otra cosa, pero ha sido tan y tan real, ha sido fascinante. Como podías saber, ¿lo de aquel reno herido?
- Por los abetos, ellos se comunican a través del viento....
- Oh es increible que mi subconsciente sepa eso....

Cada navidad la casa de acogida ayudaba de alguna forma a la ciudad. Ese año, tocaba ir a los comedores sociales que atendían a los menos favorecidos, niños, adultos, adultos mayores. Nicolas, no podía con tanta tristeza, él era muy sensible ante todo eso, y notaba que su alma, literalmente se partía en dos, lágrimas brotaban por sus mejillas.

- Nicolas, ¿que te ocurre criatura? -se preocupo una de las Hermanas viendo al pequeño entre lágrimas.
- Hermana Margaret, es muy triste, de verdad no podemos ¿ayudar a todas estas personas?
- Ya lo estamos haciendo, estamos ayudando a todas estas personas necesitadas.
- No, pero eso, es solo hoy, ellos necesitan de nuestra ayuda siempre -se indigno Nicolas.
- Oh mi Nico, siempre tan genoroso, realmente tienes un corazón que no te cabe en el pecho, siempre lo he pensado, eres especial mi Nicolas, ya cuando apareciste esa noche en la puerta de la iglesia, fue una noche mágica, nevó después de décadas sin hacerlo, siempre que estás cerca, pasan cosas maravillosas. Tú darás esperanza al mundo -le beso en la mejilla la Hermana.

Sebastian dormía, cuando un ruido le despertó. Descubrió a Nicolas vestido, con una mochila en su espalda caminando sigilosamente hacía la ventana.

- Nicolas, ¿Qué haces? -preguntó medio adormilado.
- Nada, no te preocupes, tu vuelve a dormir -le respondió Nicolas.
- ¿Como que nada? ¡Estas vestido, llevas tu mochila de viaje! -se levanto de la cama de un salto -¡¿A donde vas a las dos de la mañana?!
- Tranquilo, voy a ir al comedor social, voy a llevar mis juguetes a los niños, y comida para los demás.
- ¡¿Como?! ¡¿Tu solo?! ¡¿Estas loco o que?!
- No me pasara nada, Hino me acompañará -se disponia a marcharse.
- ¿Hino? ¡¿entonces realmente no fue un sueño? -se sorprendió Sebastian, viendo como su amigo ya marchaba -espera, no me vas a dejar aquí sufriendo, voy contigo -inicio a prepararse.

Eran cerca las dos y media, cuando los dos niños, salían de la casa de acogida, de puntillas, sin hacer ruido, ni encender alguna luz. El frío penetraba asta los huesos, algo desorientados, pero no perdidos, avanzaban con paso decidido, con Hino como guía, unos cuantos mas duendes del bosque, cada uno de ellos llevaban una mini mochila en su espalda. Las luces de las farolas, les dio la bienvenida, sigilosamente, se asomaron por la ventana. Todo estaba en silencio, a oscuras...



- ¡¿Oh dios, que hacen?! -se sorprendió Sebastian -siendo testigo como una multitud no pequeña de elfos, entraban sin esfuerzo alguno, por las rendijas de las ventanas. Sus ojos se abrieron como platos al descubrir la agilidad y rapidez de esos pequeños seres. Como de una mochila tan diminuta salía asta lo mas grande y pesado.
- ¿Como si no vamos ha dejarles todo? Ven Vamos ayudarlos -abrió su mochila Nicolas sacando juguetes, mantas, ropa, y comida, bajo el árbol navideño, que había en la entrada. Sebastian no puso resistencia, con gusto colaboro en ese grandísimo y mágico gesto.

- ¡Milagro, milagro! ¡Niños es un milagro! -gritaron las monjas del convento, mientras ponían el desayuno sobre la mesa, los niños sentados alrededor de esta -Cristo se ha manifestado, en el hospicio de los pobres, avido un milagro, comida, ropas, regalos... la navidad a llegado, ¡incluso un árbol! -Sebastian se atragantó con su cuenco de leche. Nicolas le guiño un ojo, marcando una sonrisa.



A Nicolas algo estaba pasando, que a nadie estaba contando, es que su corazón estaba fallando, nadie estaba enterado, ni siquiera Sebastian, su mejor amigo, mas que amigo, hermano. Pero Nicolas debía llevar eso solo, tenía una misión, en ese planeta, aunque estuviera poco en ella, pero estaba logrando su cometido, ayudar a los menos favorecidos, menos favorecidos que él, nacidos en la pobreza, abandonados por sus familias.

Escrito: 16 de enero del 2019

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Relato: Una navidad inesperada

 


Era el primer año que se encontraba en esa situación, la primera navidad tras la muerte de su hijo, el divorcio de su esposa, en el desempleo tras estar 20 años trabajando en una empresa, sin pensarlo dos veces, le mandaron a la calle, “La crisis decían” a causa de ello, la economía no le llegaba para pagar su hipoteca, el banco no dudó en mandarle bajo un puente, literalmente, allí es donde se vio, sin familia en la tierra, su ex mujer, re hizo su vida en Europa, tras el divorcio, solicito ayuda de sus amigos, aquellos que el creía como tal, pero para su sorpresa, todos desaparecieron tras su caída económica, ahí descubrió que realmente no tenía ninguno, en esa navidad se encontraba mas solo que nunca, sin nada más que un viejo abrigo que poséeia. Conoció mucha gente, muchas personas sin hogar, que antes, ahí estaban pero él ignoraba, no solo adultos, sino también niños, bebés recién nacidos existía tanta pobreza, ahora que estaba en ella, era consciente de esta, pero a la misma, estos que menos tenían, te daban lo poco que había sin pensar en nada mas, con tal de ayudar... ¿No era aquel el verdadero significado de la humanidad?

Un año más llegó la época navideña, la ciudad de New York, parecía que se partía en dos, entre dinero y felicidad y pobreza e soledad. Hacía mas de diez años, que no nevaba en aquella zona, el frío era mas que frió, era intenso aquel año, los termómetros bajo cero se encontraban, el sol poco visitaba. Por suerte aun existían personas que pensaban mas allá que en el dinero, creaban lugares, para todos ellos, donde comer una sopa caliente, o dormir en una cama, la desgracia es que no era todo el año, solo escasos días, como el 25 de diciembre, las organizaciones se esforzaban para darles a los mas pequeños una sonrisa en esa navidad, recaudaban regalos para ellos, algo mas que sopa les daban, un pavo relleno, algún que otro turrón o polvorón, una noche en una cama caliente, para volver después bajo la nieve, compartiendo entre todos, lo poco que tenían.
Él había conocido la verdadera amistad y generosidad, en aquellos, que poco había valorado antes, de encontrase en esa situación. Por un lado se había quedado sin nada, pero por otro, había logrado todo y conocido el verdadero significado de la felicidad.



Nuevamente el 24 de diciembre había llegado, ese mismo hombre hizo acto de presencia en el comedor, social, donde todos estaban a punto de empezar algo de lo mas parecido a una cena navideña, cual fue total sorpresa, al ver a su compañero, de calle, vestido lujosamente, con varias bolsas de comida y regalos. Todos sorprendidos no podían salir de su asombro sin dejar de preguntarse “¿Como era posible aquel milagro?” en el que él respondió:

“Nunca he estado en la pobreza, todo era un experimento en el que he aprendido el verdadero sentido de la amistad y generosidad, he aprendido mas en este año, que en toda mi vida, todos ustedes son los verdaderos maestros de la navidad” Se le acercó una mujer “ella es mi esposa, jamas hubo separación, ante la muerte de nuestro hijo, estuvimos mas unidos que nunca, le agradezco enormemente, todo este apoyo en este año, no hubiese sido capaz sin sus palabras de aliento, de su empuje cuando estaba a punto de tirar la toalla, sin ella no lo hubiese podido conseguir. Aquí les traigo una cena de navidad completa y también regalos para todos”



Al escuchar la última frase, todos los niños del lugar corrieron hacia él. Una carcajada salio de su boca, dejó el saco de regalos en el suelo, entregando a grandes y pequeños, los obsequios indicados, antes de iniciar una excelente ceremonia de navidad.

La mesa estaba repleta, todos sentados a su alrededor, él se puso en pie, con su copa en alto:

“Brindo una vez mas por todos vosotros, porque sois los verdaderos reyes de la navidad, ojala allá oportunidad de muchas más como esta, no solo por estás fechas, sino los 365 días que tiene el año.... ¡¡Feliz Navidad!!!”

 

Escrito: 25 de diciembre del 2017

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jueves, 7 de enero de 2021

Relato: Deseo de reyes muy especial

 




Se acercaba 5 de enero, una noche especial para Carlitos, una noche especial para todos los niños. Los tres reyes del Oriente, se acercaban sigilosamente, observando a todos esos rostros curiosos, que no eran conscientes que eran el centro de atención de los reyes de Oriente.

Carlitos era uno mas de esos miles de niños. A sus majestades eran uno de los pocos que les llamó la atención. Era un niño distinto a los demás; no tenía amigos, siempre estaba triste, no se divertía como los demás niños, y estaban a 5 de enero ¡¡¡aun no había escrito su carta!!! Algo pasaba, no era posible que un niño de 8 años, se comportara así, por eso mismo estaba en alerta roja, y pendiente a él.





Esparcieron sus polvos mágicos en sus propios cuerpos, debían encontrar a Carlitos, y averiguar que estaba pasando, porque un niño de 8 años, no se comportaba como tal. Llegaron a una sala de hospital. Carlitos estaba arrodillado, junto a una cama, en ella había un chico, conectado a un sinfín de tubos y maquinas, sujetaba con fuerza su mano, lágrimas resbalaban por las mejillas del pequeño, aterrizando en la mano del joven. Los padres de ambos, se encontraban en un rincón, él padre abrazaba a la madre, que lloraba sin consuelo en brazos de su esposo.

Melchor, Gaspar y Baltasar se miraron entre ellos, empezaban a entender, lo que le sucedía a Carlitos. Con un chisqueo de sus dedos desaparecieron. Se volvieron a encontrar, en la habitación de Carlitos, sobre su cama había una carta para los 3 reyes magos de Oriente. Gaspar la levantó, observó a sus acompañantes, y ellos afirmaron con un gesto de cabeza.

"Queridos reyes de Oriente,

Yo encuentro que he sido un buen niño, cumplo en la escuela, hago caso a papa y a mama, nunca digo palabrotas, solo mentiras piadosas, soy buen compañero, amigo de los otros niños…

Antes me hubiese gustado pediros, la locomotora eléctrica… pero ahora, eso ya me da igual, quiero algo que es más importante para mi, me atrevo a contaros ese secreto, porque solo vosotros podéis hacerlo posible, por favor, es muy importante para mi, mucho más que todos los juguetes del mundo, por favor, hacer que David, mi hermano mayor despierte, él no tuvo la culpa, él solo cruzaba por el lugar indicado. Ese hombre borracho, conducía ese coche, ese hombre, se salto el STOP, ese hombre dejó en coma, al único amigo que tengo, él único que me protege, de esos niños mayores, que me insultan y me pegan. Por favor, confió en vosotros, sé que podréis, sé que podéis salvarle la vida. Os lo agradeceré eternamente.

PD: Tenéis leche y galletas, en la cocina, sé que venís de muy lejos, tenéis que estar pendientes de muchos niños. ¡Gracias!"



Gaspar se secó una lágrima. No era el único Melchor y Baltasar igual. Los tres chasquearon los dedos a un mismo tiempo. La locomotora que tanto le gustaba a Carlitos, sobre la cama se encontraba. Se volvieron a mirar, con una sonrisa en sus labios, volvieron a chasquear los dedos en un mismo son, no tardaron en volver estar en la habitación de hospital correspondiente. Nada había cambiado en esos momentos ausentes. Los tres reyes, se dieron la mano, la alzaron al aire, todos sus cuerpos se iluminaron como de uno solo se tratase. Los padres y hermano del enfermó no pudieron mas que alzar sus cabezas, sorprendidos al ver la claridad del exterior ignorando la realidad.

- ¡Papa, mama, David se movió! –gritó Carlitos.

- ¡¿Como?! No es posible…

- ¿O si? –todos se apresuraron acercarse a la cama de David.

- ¿Donde estoy? ¿Qué ha pasado?

- ¡Gracias al cielo! ¡es un milagro! –gritó la mamá con lágrimas en los ojos. Los padres de los chicos se abrazaron con felicidad.

- ¡Han sido los reyes magos, yo pedí en mi carta que te recuperaras y lo hizo realidad! –exclamó abrazando a su hermano.



Al llegar a casa esa noche…

¡Guau! ¡La locomotora que quería, pero que no pedí en la carta! ¡me la han traído! ¡Gracias, Gracias Melchor, Gaspar y Baltasar! –agradecía sin dejar de saltos Carlitos.

 

Escrito: 06 de enero del 2014

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Quiero ser una niña otra vez...

 



Quiero ser una niña otra vez... este cinco de enero, y el seis también... quiero ilusionarme como el ayer... estar despierta, toda la noche, dando guerra.

Sentir el cosquilleo en el estomago, sabiendo que están tan cerca... Sabiendo que me observan... sabiendo que si he sido buena me espera una grata sorpresa.

Quiero ser una niña otra vez, con la inocencia del ayer, quedarme pasmada, viendo como pasan sus carrozas, saludando a esos pajes, siempre tan elegantes, me entragan caramelos, con sus guantes relucientes.... Intento correr, para recoger esos caramelos que vuelan, alcanzarlos, antes que se empotren en el suelo. Uno, dos tres, las tres carrozas se alejan lentamente, dando paso a la carroza con regalos, y carbón para quien ha sido malo... Esperando que yo me haya librado.

Quiero ser una niña otra vez... llegar a casa, ansiosa y preocupada, empiezo a preparar, la comida que les recibirá. Leche y galletas ya están sobre la mesa...



Quiero ser una niña otra vez... El tic -tac del reloj, me pone de los nervios, no pasan de las diez, el cansancio a mi cuerpo no llega, mis padres, me mandan a la cama, con la típica amenaza "si no te acuestas, no llegarán... con tus regalos se irán..." Tu corres, te metes bajo las sabanas, finges estar cansada, esperas desesperada su llegada... Inconscientemente el sueño a vencido la batalla, pero a las pocas horas, ya estás en alerta... Temes levantarte por ello gritas desde la cama... son las dos de la madrugada, te decepciona saber que aun nada. Cuatro horas han pasado, y vuelves a gritarlo con el mismo resultado... ¿Y si de mi se han olvidado los reyes magos? Te preguntas decepcionado...

Quiero ser una niña otra vez... vuelves a despertar, ya hay claridad, con sus farolas apagadas, pasan de las ocho de la mañana, no lo dudo... y lo vuelvo a intentar, grito sin parar. Escucho como mis padres se levantan, al salón no tardan en llegar... Una gran exclamación se escucha... ¡No se han olvidado han llegado! Me levanto rápido... corro, descalzo... En el salón me encuentro bajo el árbol, muchos regalos.



Quiero ser una niña otra vez... con la inocencia e ilusión del ayer, que solo un niño puede tener, los adultos deberíamos aprender y poseer, ellos son los únicos, ayer eramos los únicos que podíamos revivir la magia de una noche de reyes... hoy son los niños que tienen que hacer recordar y revivir la magia de esa noche de reyes, que pasemos años atrás, que hoy ha ellos les toca pasar. Porque la inocencia y la ilusión de un niño, en una noche de reyes, es única y especial.... En este año que acaba de empezar... me gustaria echar el tiempo atrás... y volver a ser esa niña que fui una vez... solo por un día... solo por esta mágica noche y día de reyes.

Hoy noche de reyes... no tengo más que decir... que quiero ser una niña otra vez...

Escrito: 03 de enero del 2014

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miércoles, 6 de enero de 2021

Relato: La mágica navidad

 


El mundo mágico de Gruenlinch estaba de celebración, los gemelos de los reyes, cumplían su décimo aniversario. Una década de vida de los pequeños, aunque el primer año, que se celebraba con toda la familia reunida.
- ¡Por Timmy y Sue! -exclamó alguien.
- ¡Por Timmy y Sue! -le siguió los demás a unísono. Un pastel con diez velas encendidas llegaba flotando, aterrizando en la mesa que había delante de ellos. Chocolate con mermelada de fresas. El predilecto de los protagonistas.
- No olvidéis pedir el deseo -se acercó su madre, dando un achuchón a los dos, de una misma vez.
- ¡¡Mamá!! Ya no somos dos niños pequeños -se quejaron a la misma vez.
- Como si lo fuerais, siempre seréis mis pequeños, el primer año, que al fin estamos todos juntos. Los miró fijamente. Eran tan idénticos físicamente, delgados, rubios como su madre, los ojos claros como su padre, en cambio en forma de ser eran casi el día y la noche. Sue extrovertida, parecía un terremoto con piernas, no paraba quieta, traviesa, le encantaba saltarse las reglas, siempre que podía, intentaba ser buena estudiante, pero le costaba concentrarse. A diferencia, Timmy, era un niño tranquilo, pacifico, pendiente a sus estudios, seguir a rajatabla las normas. Una cualidad que tenían ambos hermanos, como todos los gemelos del mundo mágico, es que podían leer la mente uno al otro, incluso saber el estado de ánimo del otro
- Esperar, esperar, aun no sopléis las velas, quiero una foto antes…
- Papá… ¿Cuántas veces te tengo que decir, que aquí no es necesario eso, todo es concentración, la foto sale por si misma? -le recordó una vez más Sue.
- Cariño, ya sabes que a mí eso no me sirve, no tengo magia como vosotros, soy un simple mortal, ya no quiero dejar escapar ni un solo recuerdo, ya bastante he perdido durante más de nueve años. ¿Jim nos puedes echar la foto por favor? -le paso la cámara a su mejor amigo, ese elfo, de pelo castaño, y orejas puntiagudas.
- No te ofendas Nick, pero yo me lio mucho con estos cacharros de humanos ¿No puedo hacerlo con la mente? Es un momento, será toda tuya al instante.
- Está bien… -dijo muy a su pesar Nick, abrazando a sus hijos, y su mujer. Jim los miró fijamente, por unos segundos, su rostro se paralizo, sus ojos dejaron de pestañear parecían de cristal, solo unos segundos, antes de volver a la normalidad, justo después de que su boca, sacara la foto ya impresa.
- Siempre me ha dado mucho respeto eso ¿De verdad que no os duele?
- No, lo único que sentimos es una especie de cosquilleo, la verdad es agradable -le entregó la foto Jim.
- Mi adorada familia, no voy a permitir, que nada ni nadie, nos vuelva a separar de nuevo -los abrazó con fuerza.



- ¡¡¡Mirar!!! ¡¡¡Está empezando a nevar!!! -se entusiasmó Timmy.
- Claro, ya estamos a mediados de diciembre ¿Por cierto? ¿Ya sabéis que le vais a pedir a Santa Claus?
- Vamos mama, que acabamos de cumplir diez años, no, nos chupamos el dedo, Santa Claus no existe -en ese instante todo se paralizo, el silencio fue el protagonista, todas las miradas sobresaltadas cayeron encima de Timmy.
- ¡¿Cómo puedes decir algo así?! -le reclamó su hermana gemela.
- No le puedes culpar hija, en el mundo de los humanos es así…
- Pues aquí no, aquí existe la magia de la navidad… -se cruzó de brazos Sue molesta.
- Pues tendremos que mostrárselo -la abrazó su madre.
Esa misma noche los gemelos se encontraban en sus camas, una al lado de la otra, separadas por una mesita de noche con una vela encendida.
- Oye Sue, dime la verdad… ¿Realmente existe Santa Claus?
- Siii, Claro que siii, ¿por qué tendría que mentirte? Más bien es muy raro que en el mundo de los humanos no exista ¿Sabes? Mañana le iremos a ver.
- ¡¿Qué?! ¡¿pero le conoces?!
- Pues claro -no pudo evitar reír Sue ante la sorpresa de su hermano -es muy divertido, ¡ya lo verás!
Al despertar, Sue y Timmy despertaron ilusionados, por ir a ver a Santa Claus. Abrieron las ventanas, encontrándose, un paisaje todo blanco, entró un viento helado, que penetraba los huesos, los copos de nieve no dejaban de caer. Con un chasquido de dedos, ya estaban vestidos, aunque sus ropas no combinaban mucho, pero era lo que menos les interesaba a los niños, Timmy estaba ilusionado por conocer algo que al fin había entendido que no existía, pero realmente sí, su mayor fan era real, más que nunca se alegraba de venir de un mundo mágico. Sue le emocionaba, mostrarle la verdad a su hermano, ya no aguantaban más, empezar esa aventura.
- ¡Hola papá y mamá! ¡adiós papa y mamá! -bajaron la escaleras con desespero, se dirigieron a la puerta de salida.
- ¡Alto! -Gritó Susan dejando todo el escenario paralizado -¿A donde vais con tanta prisa?
- ¡Quiero presentarles al señor y la señora Claus, quiero que vea que la magia de navidad es real! -le expuso Sue entusiasmada.
- Vale, me parece muy bien… pero… ¿No vais muy poco abrigados? Estamos a menos diez grados, donde viven él señor y la señora Claus, aun es más frío.
- Vale, vale, pero… ¿nos puedes despetrificar ya? -Susan chasqueo los dedos el cuerpo de los dos niños fueron bien abrigados, con abrigos gruesos, sus manos con unos guantes, una bufanda tapaba sus cuellos, unas botas abrigaban sus pies.
- Ahora si os podéis ir -dijo satisfecha Susan.
- Estáis muy guapos, y también protegidos contra catarros -sonrió Nick.
- ¡Un momento! -volvió a gritar Susan viendo como sus hijos, volvían a marcharse.
- ¿Ahora qué? -se impacientaba Sue.
- ¿Cómo vais a llegar hasta allá?
- Ostras, ¡las escobas es verdad! ¡Gracias mama! -los dos hermanos dieron un silbido, siendo testigos como dos escobas bajaban volando las escaleras aterrizando a su vera - ¡ahora sí!
Al salir a la calle, les daba la bienvenida un paisaje totalmente blanco, un frío penetrante. Las escobas se encogieron.
- Chicos, esperar un momento -los detuvo Nick.
- ¿Tú también papá? ¿Qué nos dejamos ahora? -se sentía cada vez más impaciente Sue.



- A Scuirrel, él también os quiere acompañar -una ardilla totalmente blanca, salió corriendo de la casa, con una bufanda roja que le rodeaba el cuello.
- Perdón amiguito, estamos algo nerviosos hoy -puso sus manos al alcance del animal, él subió en ellas, tocando con su nariz, la nariz de Timmy -jeje, me haces cosquillas -fue testigo como bajo por su brazo asta meterse en el bolsillo de su cazadora.
- Ir con cuidado, y no vengáis muy tarde -Les recordó Nick viendo como subían a las escobas, e iniciaban el viaje.
El cielo estaba lleno de gruesas nubes, no grises, sino blancas, con más altura que cogían, más frío hacía. Se encontraron una bandada de aves, volando a un mismo son… las adelantaron, no sin antes saludarlas a coro. Incluso Scuirrel, asomo la cabeza por el bolsillo del abrigo, saludó con su manita. Timmy no pudo evitar pensar en cómo había cambiado su vida en menos de un año, no solo había descubierto que tenía una hermana gemela, que su madre no estaba muerta, sino que venía de un mundo, que, en los primeros años de su existencia, le habían convencido que no existía.
- Yo también me alegro que existas, que hayas conocido este mundo, nuestro mundo, tu mundo -le volvió a la realidad Sue. Timmy la sonrió -Vamos te reto a una carrera… -acelero la escoba.
- Eh espera -aceleró también Timmy.



Llevaban un rato entre carreras y juegos en el aire. Cuando Sue, aceleró, señalando el frente.
- ¡Ya estamos llegando!
- ¡Ei espérame! -no pudo evitar ponerse nervioso Timmy. Notaba los latidos de su corazón, golpeando con fuerza su pecho. Es que no todos tenían la fortuna de conocer al verdadero Santa Claus. Si volviera al mundo de los humanos, lo contará, nadie le creería, todos, se reirían de él.
Bajaron de sus escobas. El cielo seguía con ese color blanquecino, aunque, el frío helado había aumentado. Un conejito marrón, se les acercó entre grandes saltos.
- ¡¡¡Skipy!!! -corrió a saludarle Sue. El animal, saltó a sus brazos. Scuirell salió de su escondite, fue a saludar.
- Es uno de los animales que viven con Santa Claus -le explicó la niña -es muy cariñoso, acariciale. -Apenas pronuncio las palabras, el animal, saltó a los brazos de Timmy.
- Que sorpresaaaa, tenemossss invitadosssss -se escuchó una voz.
- ¿Quién ha dicho eso? -Se sobresaltó Timmy.
- Es Beto, el gran y sabio Abeto -no pudo evitar reír a carcajada Sue -¡Ven, te lo voy a presentar! -Corrió hacia él. Timmy la siguió, deteniéndose, frente a un alto y gran árbol. El chico no podía sacarle los ojos de encima, estos, se fueron agrandando al ser testigo que a ese árbol le salió toda una cara, con sus ojos, su nariz y su boca.
- ¡¡Wow!! ¡¡Como en la película de Pocahontas!!
- Si, ya, solo que esto es real… Se llama Beto.
- ¿Y túuuuu eresssss Timmyyyyy nooooo? ¿Cómooooo llevassss vivirrrrr ennnn ellll mundooooo de magosssss?
- ¿Cómo lo sabes?
- Él lo sabe todo, no intentes trolearle, porque es imposible, por eso es Beto, el gran abeto, aparte que aquí, somos una leyenda, solo que real, estamos nosotros para confirmarlo -le informó Sue. De la nada aparecieron, pequeños animales de bosque, del alrededor del árbol, todos se acercaron a Timmy, buscando, mimos de su parte, mimos y atención..
- ¿Qué está pasando aquí? -se escuchó otra voz alegre y toda la atención de los animales, por Timmy, fue sustituida para el recién llegado. Timmy, levantó la vista, observó detenidamente a ese hombre alto y robusto, de botas negras, traje rojo, y barbas blancas.



- ¡Eres tú! Quiero decir… ¡es usted! -se quedó perplejo Timmy, teniendo frente a él al auténtico Santa Claus. Le entregó, su mano temblorosa, para estrechársela.
- Llamame de tu, -le estrechó la mano, guiñándole un ojo.
- ¿Lo ves cómo es real? -le dio un suave codazo Sue.
- En estos momentos esta perplejo Sue -no pudo evitar echarse a reír Santa.
- No me lo puedo creer, le he dado la mano Santa Claus… ¡al verdadero Santa Claus! -se miraba la mano Timmy -¡no me la volveré a lavar! -Santa Claus no pudo evitar volver a reír a carcajada.
- Mi esposa acaba de hacer chocolate a la taza y unos bizcochos ¿os apetecen? -les invitó el grandote. El estómago de los niños respondió por ellos.
- Lo sentimos Santa, es que no hemos desayunado -se avergonzaba Sue, sabía bien que su hermano se sentía igual.
- No se hable más entonces, entrad -fue detrás de los chicos hasta la casa.
Era una pequeña cabaña, no tan distinta a la cabaña del abuelo de Heidi, la niña de los alpes. Pequeña, pero acogedora.
- Molly tenemos invitados -dijo Santa Claus sonriente.
- ¡Qué alegría me da escuchar eso! Pasad, pasad, poneos cómodos, acabo de hacer unos chocolates calientes, unos bizcochos -No era tan distinta al señor Claus, un poco más baja, sin barbas, pero su pelo recogido por un moño, era de un blanco nieve, unos ojos claros, casi cristalinos. Un cuerpo robusto.
- Oh señora Claus es un grandísimo gusto conocerla -Timmy le estrecho la mano con énfasis. Acto seguido le dio un fuerte abrazo.
- Igualmente, Timmy, igualmente -le abrazó con ternura -comamos el chocolate que se enfría.
Los cuatro alrededor de la mesa cuadrada, comiendo entre risas y charlas.
- Santa ¿Puedo preguntarte algo? -preguntó Timmy, tras tragar un trozo de bizcocho
- Claro dime, aunque ya se lo que vas a preguntarme… Pero dime.
- ¿Pero cómo? Bueno eres Santa es normal -se respondió él solo - ¿Entonces? ¿Por qué no vas al mundo de los humanos para repartir los regalos?
- Sabes Timmy, quizás no lo creas, pero siempre por navidad he sido yo y mis ayudantes, que hemos repartidos los regalos a los humanos, aunque después pongan en las tiendas, a un hombre disfrazado de mí, hasta hace diez años atrás… que ya no pude volver más…
- Por nuestra culpa -se apeno Timmy.
- ¡¡De nuestra culpa nada!! ¡La única culpable es Devora, la bruja del lado oscuro! -le recordó con ofensa Sue.
- Bueno, Pero eso ya quedó atrás, gracias a vosotros -los abrazó con fuerza Santa Claus. -tengo que ir al taller, ¿Me acompañáis?
- ¡¿A tu taller de juguetes?! ¡Claro que te acompañamos! -exclamó Timmy, poniéndose de pie de un salto. Su mayor ídolo, no pudo evitar echar una carcajada.
- Estupendo entonces, vamos -empezó a caminar Santa. Dio un largo silbido, no tardó en aparecer, Rodolph, un reno con su nariz roja.
- ¡Rudolph, tú también eres real! -se abrazó a él, timmy - ¡tú nariz es más roja que un tomate! El reno, le respondió con un suave, pero alegre gemido. Todos juntos, caminaron hasta el taller de juguetes de Santa Claus.
No paso mucho tiempo, ni siquiera llegó a los diez minutos, cuando Timmy, escuchó por parte de Santa: “buenos chicos ya estamos llegando” Timmy se fijó en la pequeña cabaña, que había frente a sus ojos, no más grande que la casa de Santa Claus. Timmy le miraba incrédulo. le costaba creer, aquel fuera realmente el famoso taller de juguetes de Santa Claus:



- No te dejes engañar por las apariencias -pronuncio en voz alta el grandote, guiñándole un ojo a Timmy.
Las puertas se abrieron. Timmy no daba crédito a lo que le mostraban sus ojos. El pequeño espacio, se había hecho enorme, todo lleno de juguetes, de la maquinaria necesaria, para construirlos. Más de dos docenas de pequeños duendes ayudaban en el trabajo.
- ¡Es real! ¡Todo esto es real! -sus ojos parecían dos grandes naranjas de lo grande que estaban. Se acercó a las maquinas que no dejaban de funcionar, más de un millar de juguetes, ante sus ojos no dejaban de pasar.
- Vosotros ¿ya os habéis decidido qué queréis para navidad? -preguntó Santa Claus.
- ¡¡Este es el mayor regalo que podía obtener!! -los ojos de Timmy brillaban con gran ilusión.
- Está bien, pero algo más querréis, yo ya lo sé -le volvió a guiñar el ojo a los dos hermanos.
- ¡Claro! ¡Por eso eres Santa Claus! -Grito el chico. Todos se hincharon a reír a continuación
- Santa ¿Quién te acompañará hacer el reparto de regalos este año? -preguntó con voz mimosa Sue.
- ¿Qué? ¿Qué Quieres decir? -interrumpió Timmy nervioso.
- Cada año, algún niño puede acompañar a Santa hacer el reparto de regalos -le explico con una amplia sonrisa.
- ¡¿Ahora me lo dices?!
- Quería que fuera una sorpresa.
- ¿Y bien Santa? ¿Qué opinas? -los ojos de Timmy acompañaron a los ojos de Sue, grandes y suplicantes, mirando a Santa, sus cuerpos lo abrazaban…
- Ya sabéis que va por sorteo… pero, es vuestra primera navidad juntos, miraré que puedo hacer -les prometió Santa. Los dos hermanos, pegaron un grito de felicidad.
23 de diciembre, el día tan deseado al fin había llegado. Timmy y Sue, habían estado toda la tarde, inquietos, nerviosos, esa noche sería ajetreada, llena de novedades y emociones. Sue lo conocía bien, no dejaba de informar e inquietar a Timmy.
- Por favor chicos, calmaos un poco, que al final os entrará un ataque -acabo diciendo su padre.
- Imposible papa, a las siete harán el sorteo, estoy segura que nos tocara a nosotros, bien, si Santa no lo prometió, cierto, pero prometió hacer lo que pudiera, estoy convencida que nos tocara a nosotros -no dejaba de andar de un lado para otro de la sala Sue.
- ¿Y si te equivocas? -le interrumpió Timmy nervioso.
- ¿De verdad lo crees? -le miró incrédula Sue.
- No, la verdad pienso como tú -fue la respuesta de Timmy con una risita nerviosa.
- ¡Lo ves! Pues lo que decía a las siete es el sorteo… -siguió Sue, al mismo tiempo que sus pies iban de un lado a otro del salón -Después, las estrellas se alinearan, pasará la estrella fugaz, la estrella que solo se ve una vez al año, justo para dar la bienvenida a la navidad, cuando las campanadas toquen las doce… ¡Empezará la mejor experiencia de nuestras vidas!
- En serio, ¿la mejor? Conocernos a tu hermano y a mi ¿no fue la mejor? -le preguntó Nick algo decepcionado.
- Tienes razón Papá, ¡está será la segunda mejor! -se abrazó a su padre Sue, dándole un beso en la mejilla.
- Chicos mejor que os empecéis a preparar, sino no encontraréis sitio para el sorteo -les recordó Susan.
- ¡Tienes razón mamá gracias!
La plaza municipal estaba a rebosar, grandes, pequeños, humanos, magos y todo ser mágico la adueñaban, no solo estaban estrujados de pie, excitando las bayas, que separaban el trono de Santa Claus, no, no solo se empujaban unos a otros, para ver mejor, también lo contemplaban desde el aire subidos a sus escobas, o con sus alitas.



Una ninfa se acercó volando al micrófono que había pegado al trono:
- Un momento de atención por favor -no le extraño, que todos la ignoraran -con un chequeo de sus delgados dedos, se convirtió en una ninfa gigante, en el que logró su objetivo. El silencio se apoderó del ambiente, ella volvió a ser la pequeña ninfa de siempre -gracias, un año más llegó la víspera de navidad, con ella damos la bienvenida al protagonista principal de estas fechas, sí, el mismo… ¡¡Santa Claus!! -se escuchó una euforia de gritos y silbidos, de parte de los más jóvenes. La ninfa se separó dando paso al grandullón.
- Muchas gracias pequeña Ninfa Esmeralda, como cada año es un gusto poder traes ilusión, y alegría, pero como cada año, repito, lo importe, no es lo que yo deje esta noche, bajo el árbol, la navidad, es mucho más que regalos, que materiales, la navidad, es uno de los tiempos, para dar, ayudar y perdonar, digo que es uno de los tiempos, porque debe ser todo el año, que debemos dar lo mejor de nosotros, no para demostrar nada a nadie, sino a nosotros mismos, somos lo que representamos en nuestros actos, en nuestros sentimientos, eso es día, tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, así como va pasando nuestra vida, no solo una vez al año, sino siempre que esté de nuestra mano, y sin esperar nada a cambio, ese es el verdadero sentido de la navidad…
- ¿Habéis escuchado chicos? ¡Que sabías palabras! Totalmente ciertas… ¡Bravo Santa, Bravo! -Nick se unía a la multitud, que con lujuria aplaudía, sin poder evitar emocionarse.
- Aunque la tradición es la tradición, como cada víspera de navidad, algún chico será mi ayudante en esta noche especial. Como ya sabéis el afortunado o afortunada, saldrá mediante un sorteo, pero este año, me gustaría hacer una excepción -Timmy y Sue se miraron entusiasmados - ¿por qué diréis? Bien sabéis la leyenda bien cierta, que Devora la bruja de la oscuridad, hace diez años, puso murallas y barreras desterró a todos los no mágicos, separó a una familia -el ambiente solo se escuchaba el silencio, todas las miradas aclaraparaban a ese discurso tan bien formado -hoy gracias a la curiosidad y valentía de los niños, esa familia vuelve a estar reunida, esos hermanos separados al poco de nacer, están juntos, la bruja de la oscuridad en otra dimensión. Gruenlinch, vuelve a ser el mundo soñado que era, ya no hay murallas, ya no hay barreras, magos, seres mágicos y humanos, podemos vivir en paz, harmonía y aprender unos de los otros. Por primera navidad, esta familia puede estar reunida, por ello creo que merecen sin necesidad de sorteos, que ellos sean los elegidos en esta noche 24 de diciembre Que por primera vez vivan la verdadera magia de la navidad -Los aplausos y silbidos se escuchaban cada vez más fuertes junto a gritos como “eres el mejor Santa” -por favor no me aplaudáis a mí, sino a Timmy y Sue, ellos son los verdaderos héroes, por favor niños subid -los gemelos no tardaron en obedecer, nerviosos, entusiasmados -un fuerte aplauso para Sue y Timmy, ¡los niños que devolvieron la libertad a Gruenlich! -los aplausos y silbidos crecieron -bien chicos, Sue ya conoce, -miró a ella, con una mano en su hombro -ahora en unos pocos minutos, seremos testigos de la famosa estrella fugaz, la estrella que solo pasa una noche al año, 24 de Diciembre, la víspera de navidad, cuando el gran campanario toquen las doce campanadas, vosotros dos, me acompañaréis a repartir todos los regalos -ahora miraba a Timmy -mientras tanto que tengáis todos una excelente cena de nochebuena.
Timmy alzo los ojos a ese cielo estrellado, ni una nube se encontraba en aquella noche, donde las estrellas se veían más luminosas que nunca. “¡Ya se acercá, ya está aquí!” grito alguien. Entonces sucedió. Por primera vez Timmy fue testigo del maravilloso espectáculo, la luminosa y famosa estrella fugaz, pasaba enfrente de sus ojos, el no pudo más que quedarse paralizado, extasiado de la belleza de tal espectáculo. Gritos de euforia y aplausos se escuchaban por todos lados.

Nick, Susan y sus gemelos, se encontraban alrededor de la mesa ya toda adornada, con ese asado y el pollo relleno sobre ella, acompañado de ese puré de patatas y la ensalada. Los cuatro se dieron la mano, con los ojos cerrados agradecieron que después de diez años, podían celebrar una navidad en familia.
- Amen -acabaron. Justo después, la cena empezaron.

El reloj de pared tocó las doce campanadas. Sue y Timmy se miraron, eufóricos gritaron… “¡¡llego la hora!!” Nick y Sue, les acompañaron hasta la plaza general.

- ¡Mirar! ¡Ahí está Santa! -eran testigos de cómo se acercaba.
- ¡Ho, ho, ho, Feliz navidad!
- ¡Feliz navidad Santa! -Se le abrazaron los dos niños.
- ¿Estáis listos?
- Ansiosos mas bien.
- Ya os veo ya -dijo Santa tras una carcajada -pues vamos a empezar, despediros de vuestros padres. Los dos niños corrieron hacía Nick y Susan.
- Quiero que lo paséis estupendamente, que memoricéis cada segundo -inició Susan.
- Mamá tiene razón, es una experiencia extraordinaria la que vais a vivir, aprovechar cada instante, y disfrutarlo al máximo -siguió Nick dándoles un beso a cada uno, como su esposa -os queremos.
- Y nosotros a vosotros -les abrazó sus padres. Fueron testigos de cómo sus hijos salían corriendo, llegando donde Santa. Timmy y Sue se giraron, se despidieron una vez más con la mano.
- Bien, tenemos que ir a por el trineo… Abrazaos fuerte a mí -no hizo falta que se repitiera dos veces. Santa murmuro unas palabras que no llegaron a escuchar, cuando fueron conscientes, se vieron envueltos en una especie de espiral del tiempo “¡¡¡Que pasada!!!” Gritaron los niños a unísono. Aterrizando en el cuartel de juguetes, al lado de esa pequeña pero grandiosa cabaña, estaba el trineo de Santa Claus, repleto de regalos, los nueve renos allá se encontraban esperando para iniciar el trabajo
- ¡Guala! ¡¡¡Vosotros también sois reales!!! -no podía dejar de maravillarse Timmy, acercándose despacio pero decidido a los animales -estáis todos: Vondín, Danzarin, chiqui, juguetón, cometa, cupido, trueno, relámpago, Rodolfo -acariciaba reno por reno, ellos le saludaban con un suave toquecito de cabeza.
- ¡¡¡Ese es el saco de los regalos!!! -se emocionó Sue - ¿No es muy pequeño?
- Jajaja, es un saco mágico, parece pequeño, pero realmente cabe de todo y más -les guiño un ojo - ¿preparados?
- Siiii -se subieron al trineo, al lado de Santa.
- Adelante: Vondín, Danzarin, chiqui, juguetón, cometa, cupido, trueno, relámpago, Rodolfo, empecemos a trabajar -tiró de las riendas, los renos empezaron a marchar, poco a poco alzar. Los chicos fueron testigos de cómo se alzaban, como el suelo dejaban atrás, para las nubes atravesar.
- ¡Guauuuu que pasada! -Ambos hermanos exclamaban radiantes de felicidad. Empezaban a coger velocidad, el viento les llegaba a la cara. Las estrellas voluminosas les acompañaban.
- Bueno, primera parada… La casa de Scoot William ¿Me acompañas Sue? La próxima parada vienes tu Timmy -el joven fue testigo como su hermana tras de Santa, se bajó del trineo, siguiendo al grandote hasta la estrecha chimenea.
- ¿Cómo? ¿Por aquí tengo que bajar? ¡No quepo aquí!
- ¿Cómo no vas a caber mujer? Si quepo yo, tú también, vamos sígueme -se adentró por la chimenea.
- Santa… ¡Santa! -Grito mirando por la chimenea.
- Vamos Sue, ¡confía en mí!
- ¡¡Esta bien, allá voy!! -sin mucha seguridad, dejándose caer por la chimenea -para su sorpresa, cayó sobre blando, sin quemarse, aunque era pura chimenea llena de llamas.
- ¿Lo ves? Ven, pon estos regalos, bajo su árbol -Sue con entusiasmo obedeció.
- Mira, tú también tienes el vaso de leche con galletas, mejor coge energía, que va a ser una noche larga.
- ¿Y los renos? -preguntó con la boca llena de galletas
- Aquí tienen su agua, ahora se lo llevaremos ¿Seguimos? -ambos volvieron al trineo.
Siguieron su recorrido, en la segunda parada, Timmy acompañó a Santa Claus, la primera reacción fue tan idéntica a su hermana, ese miedo de no caber en la chimenea, o miedo de quemarse en la caída… la felicidad de poder dejar los regalos a los pies del árbol, finalizando, ese bizcocho con chocolate caliente. Ese solo fue el primero de las múltiples casas que visitaron esa noche, cada una con una experiencia inolvidable.

Empezaba amanecer, Santa Claus llevaba el control del trineo siendo testigo de cómo los dos gemelos, se habían dormido, sin poder evitar que sus ojos se cerraran, realmente había sido una noche mágica para ellos, sobre todo para Timmy, que era su primera navidad en un mundo mágico. El trineo, empezó a bajar la velocidad. Los mellizos empezaron a despertar.
- Hola chicos, ya estamos llegando a vuestra casa -les sonrió Santa Claus.
- Hola… no ha sido un sueño ¿verdad? -preguntó Timmy fregándose un ojo.
- ¡Ha sido real, hemos ayudado a Santa a repartir los regalos! -termino la frase Sue.
- Lo habéis hecho genial, muchas gracias chicos.
- Gracias a ti Santa Claus por esta maravillosa experiencia ¡¡Gracias!! -gritaron a dúo abrazándolo.
El trineo aterrizo en el suelo, Nick y Susan, salieron recibirles. Los dos chicos, corrieron a ellos abrazándolos.
- ¿Qué tal chicos? ¿Cómo ha ido la experiencia? -preguntaron con curiosidad.
- ¡¡Maravillosamente!! -exclamó Sue.
- ¡¡Inolvidable!! -opinó Timmy
- ¡¡¡Ho, ho, ho, Feliz navidad!!! -se escuchó, todos se dieron la vuelta, viendo como Santa Claus se alejaba con el trineo a través de las estrellas.
- ¡¡Feliz navidad Santa Claus!! -Se despidieron saludando con efusión.
- Vayamos dentro, debéis estar agotados -dijo Nick.
- No tanto papá…
- Mira Timmy -le interrumpió Sue.
- ¡¡Regalos!! ¿pero cómo lo ha hecho? ¡ni se ha bajado del trineo! ¿o habéis sido vosotros? -preguntó desconfiado mirando a sus padres.
- ¿Nosotros? ¿Qué dices hijo? En este mundo Santa Claus es real.
- ¿Entonces?
- ¡¡Bienvenido a una mágica navidad!!

 

Inspirado en otro cuento también de Vanesa Ruiz García "Timmy y Sue, los gemelos separados"

Escrito: 24 de diciembre del 2016

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domingo, 3 de enero de 2021

Mensaje de Navidad: Palabras directas hacia el cielo

 


25 de diciembre ha llegado,
Tú, ya no estas a nuestro lado,
En la mesa había un vacío directo,
Un prolongado silencio.

Ya hace unos meses que te fuiste hacía el cielo,
Pero aun duele tu entierro,
Aun mas hoy,
Un 25 de diciembre.



Todos miramos hacia el cielo,
Con un mismo deseo,
Un mismo sentimiento,
¡¡Abuelo cuanto te extrañamos!!
La mesa, esta repleta,
Pero se nota la falta de tu presencia,
No queremos cantar,
Tampoco bailar,
Solo recordar tus sonrisa,
tus múltiples payasadas,
Nos saca esa sonrisa necesitada,
Necesitamos aún más tus cálidas palabras,
ese abrazo que tanto nos reconfortaba.

Este 25 de diciembre,
No hay baile,
No hay música,
No hay risas descontroladas,
Alzamos nuestra copa al aire,
Mirando al cielo gritamos,
¡¡Feliz navidad, Julián!!

Escrito: 23 de diciembre del 2016

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Poesía: ¡Feliz navidad en invierno, Feliz navidad en verano!

 


Diciembre ha llegado,
25 para ser exactos,
Todos andan celebrando,
La navideña tradición.

¿Cuál es tu continente?
¿Hace sol, o hay nieve?
No importa, sinceramente,
Lo importante, es que lo celebres.

¡Feliz navidad!
No importa si en invierno,
O en verano,
Solo que estés acompañado.



¡Feliz navidad!
En la playa soleada,
Todos están en el agua,
Ya que el sol, abrasa.

¡Feliz navidad!
Ahí fuera está nevando,
El frío abrasando,
Tú, junto a la chimenea, calentando.



¡Feliz navidad!
Unos toman chocolate desecho,
Otros, sus polvorones acompañados de helados,
Celebrando, que la navidad ha llegado.

¡Jo, jo, jo Feliz navidad!
Santa Claus, no podía faltar,
En algunos con pantalón corto, y camisa sin mangas,
Otros, con sus trajes y botas bien abrigados.



¡Feliz navidad!
Hay algo en todo el mundo que es igual,
Es el famoso abeto de navidad,
Los regalos encontrarás,
Pero sobretodo con todos los que amas estarás,
Ese es el verdadero significado de la navidad,
Compartir, perdonar y amar.

Escrito: 20 de diciembre del 2016

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sábado, 2 de enero de 2021

Relato: Milagro de navidad

  


Claudia no lo podía creer, los días pasaban rápido, hasta al punto que ya había pasado un año, un año, en el que en estos días de festividad, vivió algo difícil de creer, algo mágico y especial, un año, en el que encontró a esa persona especial, era consciente, que si contaba la verdad, que fue Santa Claus el que le envió a Erick, la tomarían como chiflada, ya mejor encerrada, pero peor se escuchaba, que lo escribió en un libro de tapas doradas, se hizo realidad.

Un año en el que su vida, dio un cambio radical, en el que sus sueños se hicieron realidad, un año, en el que volvió a creer en la magia de la navidad, un año en el que todo era felicidad, un año más… No podía ser más feliz, en esa navidad no tenía ningún deseo especial, sino seguir igual, con Erick a su lado, no había forma de arrebatar su felicidad. El chico que no le importó la discapacidad, el chico que le hizo vivir, otra realidad, el chico que, junto a ella, tuvieron aventuras, y no hubo barrera ni física, ni mental que se lo pudiera estropear, era más fuerte la voluntad, de estos dos jóvenes, con un corazón enamorado. Erick mostro a Claudia que el corazón no entendía de discapacidad, cuando se enamoraba lo hacía de verdad.

Veinte de diciembre, se acercaba de nuevo la navidad, el frío se hacía notar, los copos de nieve, empezaban hacer acto de presencia. Luces, música, todo estaba preparado para la magia de estas fiestas. Claudia y Erick paseaban por esas calles, animadas, iluminadas, lleno de risas y felicidad, los más chicos, los protagonistas de estos días, mostraban su alegría, y Claudia no pudo evitar ponerse a recordar, lo que ocurrió en ese centro comercial, un año atrás, cuando empezó a creer en la navidad. La cola no era pequeña, todo de niños deseosos que santa Claus les sentara en sus rodillas.

- Qué pena… No está…. Solo es Jerry disfrazado.
- ¿A quién buscas amor? -le preguntó Erick.
- Al responsable de nuestro encuentro, de nuestro amor.
- ¿Como? No entiendo…
- Nada, nada, yo sola me entiendo…. -rió Claudia, sin dejar de conducir su silla de ruedas. Erick se encogió de hombros, siguiendo su paso. Encontraron un cartel que decía <<Pitonisa: descubre que te espera en este nuevo año, déjate llevar por la magia de la navidad>> - ¿Y si entramos?
- ¿No me digas que crees en estas cosas?
- La verdad no creía, pero desde hace un año, descubrí, que hasta lo imposible puede ser real. Vamos, no perdemos nada, puede ser divertido.
- Está bien -se decidió Erick, traspasando esa cortina que hacía de puerta. Se escuchó una campanita. La sala estaba poco iluminada, solo por cuatro velas encendidas. Una mujer de largos cabellos rizados, se encontraba sentada frente una mesa, con una bola de cristal, tal como Claudia había visto en las películas.
- Hola chicos, bienvenidos ¿cómo están? Acercaos, poneos cómodos, ¿en que os puedo ayudar joven pareja?
- ¡¡¡Wow!!! ¡¡¡Adivinó que somos pareja!!! -Se emocionó Claudia zarandeando el brazo de Eric.
- No hace falta ser pitonisa para eso… -contesto con mala cara Eric.
- Pues para mi si, jamás me habían considerado como la pareja de alguien -Seguía emocionada Claudia.
- Lo huelo en el aire, están muy enamorados ¿Cuánto hace que están juntos? Esperen no me digan… ¿Un año? ¿Va hacer el año verdad?
- ¿Cómo lo ha sabido? -Pregunto Eric sorprendido –¡bah! Casualidad supongo…
- Lo de ustedes es algo mágico, como sacado de un libro…
- ¿Pero que está diciendo? -No entendía nada Eric.
- Nada Eric, Claudia y yo ya nos entendemos -le guiño un ojo a la joven. Claudia no pudo evitar reírse.
- ¿De qué está hablando? ¿Os conocíais?
- No, la verdad es la primera vez que nos vemos…
- Esto me está empezando a dar respeto, mejor te espero fuera… -Se levantó de su asiento.
- Un momento Erick, acabo de percibir algo negativo en ti, no me refiero a tu forma de ser, eres un chico como quedan pocos, ya que se están extinguiendo, es tu salud, tu corazón, es el gran secreto del que no hablas con nadie, ni siquiera con tus padres, pero está hay presente, y ahora con más fuerza que nunca. Tienes que hablar, el tiempo se agota, el reloj no deja de hacer Tic, tac. -La mujer se quedó petrificada, al mismo son, que repetía esas palabras, sus ojos parecían de cristal, sin vida.
- ¿Pero cómo usted…? ¿Cómo puede saberlo? No, tengo que salir de aquí -Erick echo a correr, saliendo de aquella pequeña habitación.
- ¡Erick, espera! -encendió los motores de su silla de motor, siguió a Erick. Lo encontró sentado en un banco de hielo, con su cabeza baja, con sus manos apoyadas en ella, con lágrimas en los ojos… -Erick, rey… Si tu jamás llorás, ¿qué pasa? Confía en mi por favor, cuéntamelo…
- Voy a morir, estoy enfermo del corazón, mi sentencia de muerte está escrita.
- ¿Pero qué me dices? ¿Es una broma verdad?
- Ojalá lo fuera, no quería preocuparte, para que no sufrieras, princesita de peluche, eres la reina de mi corazón, jamás he amado a nadie como te amo a ti, jamás amaré a nadie, como te amo a ti, no quiero hacerte sufrir y si sigues conmigo, lo vas hacer, estoy muy enfermo, voy a morir pronto, hace dos semanas me lo confirmaron.
- Pero no puede ser, algo se puede hacer, algo se tiene que hacer…
- No mi vida, mi cuerpo no aguanta más transfusiones, no existe corazón compatible con mi cuerpo, creeme mas pruebas de las que me han hecho, no me pueden hacer… ya no me queda sangre que sacar.
- Pero no puede ser, no te puedes rendir ahora, no en navidad, deber creer en su magia, de verdad existe.
- ¿De qué hablas princesa? -Claudia sacó el libro de tapas doradas y se lo entregó -Este libro me lo mostraste cuando nos conocimos, sí, recuerdo que esta vacío ¿Ya lo escribiste?
- Siempre ha estado escrito, es una larga historia, pero leelo, aunque no lo creas, lo escribí, antes de que empezara lo nuestro, incluso antes de conocerte, por favor leelo.
- Claro que lo haré princesa, que te parece si nos tomamos, un chocolate caliente, para calmar, este momento de tensión.
- Me parece genial, pero contestame algo antes por favor, quiero sinceridad.
- Sinceridad total, te lo prometo ¿Qué quieres saber?
- ¿Qué tendría que pasar para que te curarás?
- Encontrar un corazón compatible, pero mi reina, ya puestos a ser sinceros, lo han intentado, y no habido resultados positivos… No quiero que te hagas la falsa ilusión que aparecerá de la nada.
- Eso ya lo veremos -susurró Claudia para sí.


Claudia no podía dejar de pensar, ante la nueva información que había adquirido ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Por qué él nunca la había dicho nada? Estaba clara la respuesta a la segunda pregunta <<por no preocuparla>> pero entonces ¿No se lo iba a contar jamás? ¿iba a esperar a lecho de muerte? ¿Y santa Claus? ¿Cómo no le ocurrió? Aunque era consciente, que ella solo escribió un chico que fuera un chico, sensible, cariñoso, que te quiere por lo que eres, no por tu físico ni tu silla de ruedas, se enamorara de ti, de alguna manera ella creo a Erick ¿cómo no se le ocurrió que estuviera bien del corazón? Es algo, que ya es de esperar, aunque debía admitir, que, al escribir, solo le insistía en lo que su corazón ansiaba, alguien que la amara. ¿Quién era ella para discriminar? Cuando Erick jamás lo había echo, ahora lo importante era… ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar? Ella poco sabía, lo que tenía claro es que pasaban de las dos de la madrugada, debía descansar, seguramente, tendría más ideas al despertar. Fue una noche intensa, llena de pesadillas, y perdidas, ella debía rescatar.



A la mañana el frío era intenso, pero al menos de nieve no estaba cubierto, con su silla podría salir sin problema, el sol, estaba en lo más alto, abrigaba de esas bajas temperaturas, Claudia, se abrigó bien, se preparó para salir, debía encontrar a Santa Claus, el real, si alguien la podía ayudar solo era él. Se encaminó al centro comercial, donde le conoció. Los adornos y música de navidad era protagonista, los más pequeños no dudaban en disfrutar. Como el día anterior el centro comercial, seguía su festividad navideña “¡Ho, ho, ho feliz navidad Claudia!” Se escuchó por toda la sala, la joven era consciente, que esa voz le resultaba muy familiar, al igual que estaba convencida que no era Jerry. Su corazón dio un vuelco… dio la vuelta a su silla de ruedas. Santa Claus la estaba mirando, sentado desde su trono, el verdadero santa Claus. No era el único, la larga fila de niños también la miraban con ojos curiosos.


- ¡Has venido! -exclamo con alegría y esperanza.
- Claro que he venido es navidad, jo, jo, jo -no tardó en bajarse de su trono, con paso decidido, se acercó a Claudia, susurrándole -he sentido, que me necesitabas -ya hacía un año que Claudia era consciente de la realidad de la navidad, pero aun no se podía dejar de asombrar -Dame unos minutos y estoy por ti -le guiño un ojo, volvió a su trono, sentando en sus rodillas, a otro niño que ya tenía carta en mano.

Claudia y Santa se encontraban en la cafetería de aquel centro comercial, saboreando ese hotdog, que estaba ensuciando el rostro de Claudia de kétchup y mostaza.


- Ui que vergüenza, siempre la lio demasiado, cuando cómo estás cosas -se apenó avergonzada.
- No, tienes porqué, disfruta de la buena comida, no importa lo que tardes, no importa, lo mucho que te manches, lo importante, es que hayas saboreado cada bocado -echo una carcajada Santa Claus -Bueno hablemos, ¿qué te preocupa Claudia?
- ¿Por qué me preguntas? Seguro que ya lo sabes…
- Sí, lo sé, pero quiero escucharlo…
- Jamás podré agradecerte suficiente haberme enviado a Erick, de verdad…
- Pero… -la interrumpió Santa Claus.
- Pero no puede morirse, tiene que ha ver una solución, algo que yo pueda hacer para remediarlo, no se merece ese final… Por favor… -No era un pedido, era una súplica, sus ojos llorosos lo mostraba.
- Pequeña, por mucho poder que tenga, no soy rival para la muerte, esas cosas pasan…
- ¡¡¡Por favor!!! -le cogió del brazo -escribiré otro libro, de tapas doradas.
- Hermosa, no se trata de eso….
- A ver… -sacó un libro de su gran saco rojo, esta vez de tapas plateadas. Se lo entregó. La cara de Claudia se iluminó -no te ilusiones, es un libro normal, para que te desahogues un poco.
- Eso, hay que verlo…
- En serio Claudia no te ilusiones no puedo actuar ante tal cosa -Claudia, poco escuchaba, estaba convencida, que algo mágico pasaría… No tardó en despedirse, después de darle un fuerte abrazo, susurrarle un “gracias” al oído, se apresuró lo más que pudo a volver a casa.
Al llegar apenas saludó, se encerró en su habitación con libro en mano, agarró su mejor bolígrafo, según ella el que le daba suerte, cuando se disponía a escribir, su móvil empezó a sonar, era Erick, que le decía para quedar.
- Ahora no puedo quedar amor, debo salvarte la vida, te llamo mañana -acto seguido colgó y directamente apagó el móvil, poniéndose a escribir de inmediato.
Despertó, con los rayos de sol, dándole en la cara, abrió los ojos, se encontró en su cama, ignorando el cómo había llegado hasta allí, nuevamente, se quedó dormida, escribiendo, solo rezaba para que se hiciera realidad. El teléfono sonó, no era más tarde de las nueve de la mañana.
- Claudia, es la madre de Erick, es importante -le pasó el teléfono con rapidez, su madre angustiada. Claudia le dio un vuelco el corazón, de la felicidad que sintió, convencida que su deseo se había hecho realidad, pero fue otra la noticia, que para nada esperaba escuchar:
- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡No puede ser! Sí, si voy para allá, gracias por avisar -No tardó en colgar con desesperación y angustia -Erick está muy mal, su corazón no pudo más…. No puede ser… yo no escribí eso, no, no se puede morir -antes de ir al hospital, se dirigió al centro comercial, con la esperanza de encontrar al verdadero santa, pero para su decepción solo estaba Jerry -Santa, te necesito, por favor, ven, ¡por favor Santa Claus, te necesito! -alzo tanto la voz entre lágrimas, que unos cuantos niños y sus padres, se la quedaron mirando. Cogió velocidad con su silla y desapareció de aquel escenario.
- ¿Claudia me llamabas? -siento haber tardado, estaba con los niños que están hospitalizados en estas fechas, es algo muy triste para ellos. Claudia no espero para abalanzarse entre sus brazos, e hinchar a llorar -Eh Claudia, ¿Qué te ocurre? ¿Es Erick? -ella afirmo con un gesto de cabeza.
- Lo siento mucho, me figuro que no fue eso lo que escribiste… -Ella confirmo -ya te dije, que solo era un libro normal, sé que es injusto, sé que Erick no se lo merece, pero esas cosas pasan, yo no puedo hacer nada -se apenó el verdadero santa, abrazándola con fuerza, sintiendo su pena -corre, ve a su lado, él te necesita, y tú también estar con él, cada segundo cuenta -Claudia confirmo con un gesto de cabeza, con velocidad máxima echo a correr dirección al hospital.
A Claudia, se le rompía el alma, en ver a su amado, en ese estado, inconsciente, lleno de máquinas, tubos, y medicamento, una lágrima, le resbalaba por la mejilla, pero debía ser fuerte, porque la madre de él, ya lloraba desconsoladamente, al verla, abrazó a Claudia, ambas lloraban desconsoladas. El día pasaba, se acompañaban, observan el estado crítico de Erick, y como empeoraba “Por favor Santa, tienes que hacer algo, no puedes permitirlo” Suplicaba Claudia sin decir palabra. Era 24 de diciembre, pero Claudia no tenía nada que celebrar, mejor se la pasaba en el hospital, para un milagro en navidad, no podía ser que el mismo milagro que se lo dío, ahora se lo arrebatara, no, no, podía ser…



Santa Claus era consciente, de la desesperación de la joven chica, realmente, se le partía el alma, él no podía hacer nada, no podía salvar a ese muchacho, iba en contra de las normas, el protocolo, pero le dolía tanto el sufrimiento de la joven, sus suplicas desesperadas, que fue hablar con su capataz, era consciente que no podía hacerle inmortal, pero quizás indirectamente salvarle de la muerte… Echo un vistazo de lo que ocurría en el mundo, en la misma ciudad de Claudia, un accidente muy fuerte pasaba, un accidente, con víctimas mortales, el fallecido era donante de órganos, quizás sí, tuvo que intervenir un pelin, para que el corazón de ese fallecido, fuera compatible con el de Erick, por lo demás vino solo, lo llevaron a ese hospital, donde moría justo llegar.

La puerta de la habitación de nuestro protagonista, se abrió de par en par, con desespero se llevaron a Eric, hacerle el transplante soñado, tras ocho horas en quirófano, se encontraba en la UVI, Claudia le acompañaba, le apretaba la mano con fuerza, suplicándole que no se fuera, que no la dejara sola en la tierra. Había convencido a la madre de Eric que se fuera a descansar un poco, de tanto ella se quedaba, cualquier cosa la llamaría. Las horas pasaban, la tarde se hizo noche, las doce tocaban “despierta” algo en su interior, le hizo abrir los ojos, se había quedado dormida, despertó al mismo son que las doce campanadas, que indicaban media noche, o en otras palabras, el día de navidad.

- Feliz navidad Erick -se sobresaltó al notar un apretón en su mano derecha, no tardo mucho más en ser consciente de otra realidad, los ojos de Erick estaban abiertos. Al mismo tiempo la decoración de la habitación cambiaba, totalmente en un toque navideño, totalmente por arte de la magia de la navidad.
- Feliz navidad preciosa.
Claudia miro al cielo con lágrimas en los ojos, agradeció eternamente, a Santa Claus y su magia de la navidad “feliz navidad Claudia” se escucho por toda la sala, sin a ver nadie más en ella, pero ella no se asustó, supo bien quien le hablo:


- Feliz navidad santa Claus, los milagros existen, solo tú los haces posibles

Escrito: 24 de diciembre del 2015

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