viernes, 21 de agosto de 2020

Carta de inmigrante detenido por defender a mujer con discapacidad

 


No suelo escribir, pero hoy me he visto obligado hacerlo, estoy tan cansado, más bien agotado, por no dejar de sentirme discriminado, menos valorado, escuchando como me nombras “sudaca” tratándome de terrrorista, sin conocerme de nada, he hecho mil cosas buenas en este país que solo me discrimina, escuchaste, más de mil, y por una vez que bueno, que me defendí, que defendí a quien amo, ya soy el malo, sin dudarlo, acabo esposado.

 Entenderán que no tenga buena opinión de este país vuestro, que no hacen nada a quien agrede, pero si a quien defiende.


 Yo solo estoy aquí por amor, me enamoré, sí, me enamoré de una mujer, de aquí,  una mujer con una discapacidad, a diferencia de muchos de ustedes, a mí no me importó, me enamoró su corazón, luche por conquistarlo, por ello sin pensarlo dejé mi país, donde tenía una carrera llena de éxitos, por ella, no me arrepiento, porque ella vale la pena, pero todos aquellos, que me discriminan, que me violentan, que me echan a patadas, no tienen idea de nada… para empezar no dejan de repetir… “cuidado con la niña” ¿Qué niña? Pasa de los treinta, no es una niña ¡Es una mujer!

Para todos aquellos que ahora no dejan de hablar de mí, vean más allá de vuestro interés, llevo seis años aquí, seis años, en los que ninguno me ha dado una oportunidad, solo recibí miradas furtivas, por las intenciones que tenía con la que ya es mi mujer. Pero… antes de serlo, fuimos 3 años de novios, como muchos temían, no la abandoné al tener los papeles en regla ¿para qué quiero yo los papeles de este país? Con los triunfos que tengo en mi ciudad natal.


Tanto que os hacéis pasar por héroes, no hacéis nada, al ver a la “niña” en problemas el único que se atreve a defenderla, es abastado y violentado, porque claro “es el sudaca” ¡ya llegó el terrorismo! Tanto que presumís de justicia, ambos hemos creído en ella, pero nos ha dado la espalda, se ha puesto del lado del agresor… Mi amada no deja de ser atacada, ¿Qué queréis que haga? ¿Qué le dé la espalda? No, no, no soy como vosotros, que veis la agresión de vuestro café no os movéis…

 

Quizás, solo quizás sí, se me pasó la mano (solo quizás, ya que ninguna persona inocente sufrió algún daño, solo eran materiales) pero tenéis que estar en mi piel, y también en la de mi mujer para realmente entender. Ella siempre ha estado tan discriminada, tan violentada, por personas de aquí de este país, chicos, hombres, ancianos, se han querido aprovechar solo por su discapacidad, al día de hoy hasta los niños no dejan de acosarla de insultarla. Hemos seguido el protocolo, hemos ido a las autoridades, hemos denunciado, hemos hablado… de nada ha servido. Yo solo he querido y quiero protegerla, porque es mi esposa, porque la amo, pero por mi color de piel, ya me veis como el agresor. No es justo, no lo hagáis por mí, hacerlo por ella, demostrar con hechos vuestras palabras, porque por mi parte no voy a permitir que le hagan daño, para empezar iré por la ley, pero si con esta hay que esperar a que acabes en el hospital, no esperéis a que la obedezca, mi misión es cuidarla y protegerla, con o sin vuestra ayuda.

 Antes de acabar un consejo final, antes de hablar y criticar, conocerme, conocer nuestra historia real.


Escrito: 16 de abril del 2015

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Carta de un chico con Parálisis cerebral severa

 


Me siento triste, vacío, falta tan poco para cumplir un año más… ¿Y para qué? No me dejo de preguntar, dicen que todos los que nacemos, lo hacemos con un propósito en esta vida… ¿Cuál es el mío? Solo soy testigo de mi pobre madre, ya está mayor, y aun se tiene que encargar de mí, como ayer, cuando era un niño, pero ya no lo soy, ella ya tampoco es, joven y fuerte como ayer.

Ella jamás se rinde, no sé cómo lo hace, pero saca fuerzas, para cargarme, y manejarme, realmente, ella es mi mayor heroína, y nada ni  nadie podrá cambiar eso. Cada día rezamos, le damos gracias a Dios, sí, a ti, ella me lo enseñó, aunque tengo mis propias ideas, que no son como ella piensa. Voy cumplir 22 años, y aquí sigo anclado por está discapacidad, que me tiene condenado… Esto no son más que letras, ya que no puedo pronunciar palabra, de la misma manera, no puedo andar, pero si razonar, aunque no lo pueda expresar, gracias a la tecnología puedo escribir estas líneas.

 

Me miro al espejo, yo me veo como los demás si con espasticidad, mucha espasticidad, pero sigo siendo persona. Antes iba al centro, pero subió tanto su precio, que fue imposible seguir… Mi pobre madre lamentaba, por no poder hacer más por mí, pero no tiene porque, es la única que no me discriminado, hasta el que me engendró me abandonó, nos dejó. En el centro donde estaba, si claro nos cuidaban, pero ya, no somos más que una obligación, en el que ganan su ganancia, pero poco tienen en cuenta, lo que sentimos, lo que deseamos, son los primeros que nos incapacitan. Somos adultos con discapacidad, pero ellos solo ven, niños a los que vigilar y cuidar. Estando allí, me enamoré, de una chica con una discapacidad física, ella se enamoró de mí, pero poco podíamos hacer y demostrar, a la mínima que veían que en los labios nos besábamos, nos separaban, ya que… no nos podíamos defender, ya que ellos tenían el control, de nuestra movilidad, de nuestro quehacer, ignorando lo que nuestro corazón acababa llorando.

Yo he amado, y me han amado, pero hemos sido ignorados, ambos deseábamos tener ese encuentro carnal, tan deseado, mi madre, me escuchó, e intentó hacerlo realidad, habló con los padres de mi novia por aquel entonces, mi amada, pero no quisieron hacer nada, más bien me trataron de pervertido, aunque su hija, les gritaba, que ella también lo deseaba, pero la hicieron callar, ya no volvió al centro más. Mi madre, buscó una profesional, para calmar mi ansia sexual, pero todas pedían demasiado, o les daban asco mis secuelas de la discapacidad y fue imposible aceptar.


Soy testigo como en la calle, no me dejar de mirar, de susurrar, no son conscientes, que aunque no pueda andar y hablar, soy consciente de todo, ellos solo me ven, me tratan, como un niño eterno.

 Estoy cansado y desesperado, ¿por qué seguir viviendo en este infierno? siempre he sido muy agradecido con el señor, pero necesito algo a cambio ¿Por qué me creó? ¿Qué me espera en el futuro? Yo le quisiera pedir un favor, si es que no tiene nada mejor para mí, preferiría no vivir, en  este mundo de crueldad, donde poco entienden mi realidad, soy adulto pero todos me tratan como niño, sin derechos, sin deseos, no he podido tener una educación como todos, porque tienen idea que como niño no entiendo, no puedo trabajar, porque nadie me da una oportunidad, soy inteligente, aunque no se lo crean, con la tecnología soy bueno, pero nadie me lo creé, ¿Qué me queda? A mi madre, pero mucho a sufrido, mucho a luchado, necesita un respiro también, ya más por mí, no puede hacer.

 Así que por favor te lo pido, me das la oportunidad de volver a empezar, o mejor a mi vida, ponle un final, porque a mi límite he llegado, de verdad no puedo más.

Escrito: 13 de abril del 2015

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Relato: El encuentro

 


Se sentía nerviosa, ansiosa, en menos de veinticuatro horas se volvería a encontrar, con aquellos, que un día fueron sus compañeros, grandes amigos, también había que decir, pero aquellos tiempos quedaron atrás, con el pasar de los años, dejaron sus cuerpos infantiles, para transformarse, en jóvenes, de jóvenes a adultos, mucho había llovido desde ese entonces, ya nada tenía que ver con el ayer.

 ¿Qué decirles después de veinte años? Con los treinta tan cerca… Ya muchos casados, con hijos, con grandes carreras, y ella, nada de nada, seguía soltera, sin compromiso, y trabajando en el Burguer King. Ya no era una niña, ella lo sabía, pero a su timidez no le interesaba, allí seguía acompañándola.  No le apetecía nada ir a esa cena, que se les ocurrió ofrecer, ¿Qué iba a decir de su patética vida? Podía mentir, ofrecer una excusa y que no podía ir, pero ya varios se habían echado para atrás, ¿Cómo decir que fallaba uno más? No podía hacer eso, así que respiro con profundidad, se empezó arreglar.


 El tiempo paso rápido, cuando el reloj le marcó, que el momento había llegado. El encuentro fue más o menos esperado, todo besos y abrazos, con cervezas o refrescos en mano, a ella no le gustaba la cerveza, así que su limonada, le acompañaba… Por más que lo intentaba, no se le ocurría nada que decir, odiaba esa timidez, que la bloqueaba, que le hacía ser una idiota, en cambio los demás no les resultaba ninguna dificultad, hablaban, reían, como si nada, y ella bien reservada…

 La segunda ronda de bebidas se acercaba ¿Qué pedir? ¿Otra limonada? Parecería una mojigata… ¡No! ¡Se negaba! Sin pensarlo mucho pidió una cerveza como los demás, todas las miradas fueron a ella, no por haber pedido alcohol, sino por el tono tan decidido que se escuchó, hasta a ella misma le sorprendió.

 Le echó un trago, dos, tres, otra copa más, su boca comenzó a vocalizar, lo que su cerebro andaba, la risa empezó a ser protagonista, poco a poco la timidez, quedó atrás, sin ser consciente estaba disfrutando de esa velada, deseando, que no terminara, reflexionando que esa etapa no quedó atrás, sino parada, con ese encuentro, volvió a iniciar, aquello no era el final, era un nuevo inicio que afrontar, quizás, lo mejor que el destino le deparaba, no le quedaba otra que esperar con ansia, que eso llegara.

Escrito: 12 de abril del 2015

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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

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