martes, 7 de julio de 2020

No me llames campeón, tratame como el padre de familia que soy.



Hoy es mi cumpleaños, cumplo cuarenta, por un lado, tengo la depresión típica de la edad, pero por otro, lo grito a los cuatro vientos, que todo el mundo sea consciente, que todo el mundo se entere, que hoy cumplo cuarenta.

Me siento muy defraudado y enfadado, porque a pesar de haber cumplido cuatro décadas, me siento un niño pequeño, solo tú, eres el responsable, no importa lo que me esfuerce, no importa lo que te muestre, para ti siempre seré inferior, ese niño eterno, sin ningún derecho al voto.


Ya tengo cuarenta por dios, no me llames campeón, eso me lo decían de niño, les digo a mis hijos, porque para mí son unos campeones, es importante que lo sepan desde chicos, pero yo no soy un niño, sé muy bien, cuáles son mis cualidades y defectos, no soy un campeón, soy un padre de familia, que lucha día a día, por mantener a su familia, como cualquier padre, mi discapacidad no me diferencia de los demás.


No me llames campeón, no me alagas, me ofendes, me ofende que, sin conocerme de nada, ya des por sentado cosas, que es imposible que sepas, solo porque voy en una silla de ruedas. Soy buena gente cierto, pero no por mi discapacidad, estoy hablando de mi personalidad, hay personas en mi misma condición que puede ser mala gente, a la misma como yo, muy buena gente, pero por su forma de ser, no por ninguna de sus condiciones.

No quiero que me llames campeón, quiero que me trates como una persona más, que no me subestimes, ni discrimines, la tecnología ya está lo bastante avanzada que no lo frene tu mentalidad equivocada. Sé que no soy perfecto, que tengo mucho que aprender, pero tú también, lo puedes hacer de mi, yo de ti, dame una oportunidad, no te arrepentirás.

¿Me quieres ayudar? Trátame como a uno igual, facilítame el acceso aquello que no puedo llegar, pero no me pongas más berreras, no la barrera de la mentalidad. Ahora tengo que marchar, debo recoger a los niños en la escuela, me toca a mí cocinar, y planchar, ya que en el curro, me dieron fiesta, a mi mujer le tocó trabajar, yo encargarme, de mis hijos del hogar.

¿Me quieres acompañar? Mi casa está abierta no temas de lo que puedas encontrar, soy uno más en esta sociedad, tan digno como cualquiera, tu solo, déjame mostrar mi realidad.

Escrito: 16 de diciembre del 2015
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Carta de un perro que fue maltratado




Este mensaje, es para ti, sí, ahora que soy feliz, no gracias a ti.


Te conocí cuando era un cachorro, te amaba tanto, si, incluso incondicionalmente, te sigo recordando, amando, es mi forma de ser, por mucho que quiera librarme de ese sentimiento, no puedo, es parte de mí. Pero seamos sinceros, tu no me amabas, a diario me pegabas, sin haber hecho nada malo, solo porque te habías levantando como dicen con el pie izquierdo, eso era a diario. Mucho tardé en comprender, quizás no he llegado a entender, que yo jamás he tenido la culpa, pero durante muchísimo tiempo no he dejado de preguntarme “¿por qué? ¿Qué hice mal? No entiendo, ¿Qué puedo hacer para mejorar? ¡por favor… Perdoname!” Sí, durante años, no pude entender el porqué, me violentabas de tal brutal manera, al llegar con tal botella, y tamba loteándote con aquella botella en mano, y sin ton ni son, yo era el castigado… No solo con golpes, y latigazos, sino atado a ala temperie, ya fuera con el frio de la nieve, o el sol abrasador, sin agua, ni ningún aliciente para protegerme.


Hasta que un día llegaron esos policías, me llevaron con ellos, yo ahí, enseñaba mis dientes, para protegerte, pero ellos eran más fuertes, me arrebataron de tu lado para siempre. Acabé encerrado en una jaula, sin entender nada, sin saber dónde estabas, extrañándote, amándote, deseando, que volvieras a mi lado.

Los días, semanas, meses pasaban, yo seguía en aquella jaula, sin un hogar, sin nadie que me amara, sin a nadie a quien amar. Yo ya no era un cachorro, eso lo notaba, cada día mis compañeros más jóvenes marchaban, de tanto yo, ahí dentro me quedaba. No podía evitar aullar a la luna, la tristeza me invadía el alma.


Pero un día las puertas se abrieron, muy felices me informaron “Qué alguien me había adoptado” empezaron a prepararme, para con mi nueva familia llevarme…. Yo quería salir de allí, sí, pero tenía tanto miedo… ¿Y si volvías a ser tú? Por un lado, lo ansiaba, de verdad, por otro me aterrorizaba, por la violencia que se avecinaba.


Me llevaron en vehículo, por largo tiempo, parajes desconocidos, olores nuevos e intensos, acabé con una familia, una gran y buena familia, una familia que a pesar de todas las dificultades que tenían conmigo, no se rindieron, me llenaban de regalitos y muchísimo amor a diario, no les importo que no fuera un cachorro, no les importo, que ya tuviera la década, no les importo, no han dejado de demostrarlo desde el momento que pisé este terreno.



Por tu culpa, nunca he podido ser un cachorro, jamás he sabido mi realidad de ser canino, ahora estoy aprendiendo, de otros como yo, cada día aprendo, de muchas cosas, conozco nuevos olores, aprovecho cada segundo, cada minuto, todo aquello que no viví contigo. Quizás seré vejete, pero tengo, vitalidad y fuerza suficiente. Tengo mucho miedo, de la gente, de aquellos que no son mi familia, tengo miedo que sean como tú, tengo miedo, que les hagan daño a los que amo, por eso atacó, no soy como tú, no les hago daño, pero si marco, para proteger a los que amo, a los que me aman incondicionalmente.

Me costó entender y superar, pero lo he conseguido, por eso, esto te escribo, no te guardo rencor, pero si me hiciste mucho dolor, por tu culpa tengo un trauma guardado, no puedo ser el perro deseado, para esta familia, No se jugar como los demás perros, no se hallar como los demás… jamás aprendí, no de ti… pero aun afortunadamente, hay humanos muy buenos, me aceptaron incondicionalmente, no me cambiarían por nada.


Pero tú no eres uno de ellos, agradezco al rey de los perros, que te quitara de mi camino, ahora soy muy feliz, no cambiaría a mi familia por nada. Los amo, me aman, me tratan como un humano más, respetan mi necesidad, mis sentimientos, me curan cuando estoy enfermo, me dan cobijo en las noches frías y oscuras, calman mi ansiedad no necesito más, algo que contigo jamás iba apreciar.



Ahora ya el tiempo ha pasado… estoy en mi lecho de muerte, los veo llorar, desconsoladamente, hay que penita me dan… “no lloréis por favor, me habéis salvado la vida, con vosotros he conocido el verdadero amor, os estaré agradecido eternamente. Tengo veinte años, tengo que partir, pero os esperare nos reuniremos nuevamente, porque sois lo mejor que me ha pasado, en mi corazón estáis grabados”

Escrito: 12 de diciembre del 2015
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Relato: Sí, con una discapacidad, pero amada por siempre



Ella había estado 30 años sola, ella no se rendía, no perdía la esperanza, cada navidad, le pedía a la estrella sagrada, alguien que la amara, alguien sincero, que buscara mucho más que un cuerpo, que le diera amor verdadero, ella pudiera mostrar todo el amor y cariño que tenía por dar.

Era duro afrontar, la discriminación y marginación de la sociedad, solo por a ver nacido con una discapacidad, que te tacharán de la normalidad, que, a pesar de ser una mujer de cabeza a pies, te ven como niña para siempre, no solo la sociedad, sino para empezar la propia familia.


Para Luci, había logrado su objetivo, su deseo más preciado, ese amor deseado. Él le hizo vivir otra realidad, algo que ella jamás imagino, él no era como los demás, ya que se olvidaba de la discapacidad, la trataba como una mujer más. Juntos bailaban, subían montañas, y tantísimas cosas, que nadie jamás podría imaginar. Más de diez años de casados, aun la gente seguía desconfiando, que aquello era real, que alguien realmente pudiera amar a la discapacitada. No se rindieron y juntos lucharon por ello.

Pero la vida, que le había dado ese regalo, que tanto ella había agradecido… tenía otros planes, todo lo que le había dado, se lo arrebatado, en aquel atentado, que nadie pudo evitarlo, nadie pudo escapar de la muerte, Y Lucy ahí quedó, destrozada para siempre.


Ya habían pasado años de ello, Lucy no lograba volver a levantar el vuelo. Más de una cita había tenido, pero ninguno se encontraba a la altura, de aquel caballero, que la vida, le tenía listo un cruel destino. Era curiosa la expectativa, a ella la consideraban inferior, a lo mismo, ella veía a esos pretendientes sin su misma condición, igual, ya que por mucho que quisieran, disimular, no podían afrontar la discapacidad, siempre ponían trabas y pegas para vivir con normalidad.

“Nadie como tú, nadie, es capaz de mirarme, con la misma chispa de amor, de deseo, de sentimiento, como tú me mirabas, totalmente inocente, totalmente enamorada, nadie, ha sido capaz de ignorar la discapacidad para nuestra vida diaria, han puesto antes las barreras antes que la voluntad, Nadie más a ignorado a la sociedad, ante las grandes barbaridades que gritaban… Nadie, soy yo la única que sale perdiendo, aunque los equivocados son ellos, y tu muerto mi amor ¿Qué clase de justicia es esa? En cambio, los equivocados se llevan toda la razón, que injusto es el mundo mi amor.

Te extraño tanto, si, el cuerpo tiene necesidades, pero mi corazón, ya tiene dueño, nada ni nadie, puede cambiar eso, tu mi amor, siempre tú., espérame, allá donde estés, juntos partiremos a la luz, para toda la eternidad.”

Escrito: 10 de diciembre del 2015
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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

  Soy al primero, que me está partiendo el alma, estas líneas, pero es necesario, te escribo para despedirme de ti, mi mejor amiga… Cuando e...