jueves, 18 de junio de 2020

Poesia: Quiero volver a ser yo



Quiero volver a ser yo,
No, no lo soy,
Me siento un robot,
Controlado desde dentro.

Quiero volver a ser yo,
Que desde que te fuiste,
Ya no existe inspiración,
Se fue, si, te la llevaste.
Quiero volver a ser yo,
La que escribiendo decía,
Se expresaba, reflexionaba,
En letras lo transmitía.

Quiero volver a ser yo,
Mi cuerpo está aquí,
Mi alma, en algún rincón de mí,
Profundamente dormida.



Quiero volver a ser yo,
No, no lo soy,
Me siento un robot,
Controlado desde dentro.
Quiero volver a ser yo,
Que desde que te fuiste,
Ya no existe inspiración,
Se fue, si, te la llevaste.

Quiero volver a ser yo,
La que escribiendo decía,
Se expresaba, reflexionaba,
En letras lo transmitía.

Quiero volver a ser yo,
Mi cuerpo está aquí,
Mi alma, en algún rincón de mí,
Profundamente dormida.

Escrito: 14 de enero del 2016
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Reflexión personal: ¿El dinero da la felicidad?



El dinero no da la felicidad ¿O si?  ¿Qué ayuda? Sí, mucho, sobre todo en el sentido, de sentirte con la consciencia tranquila, de saber, que sigues teniendo un techo donde dormir, luz y agua para sobrevivir, comida para alimentarte, ropa para vestirte, para poder darle todo aquello que tus hijos necesitas, no me refiero a todos los juguetes, sino a la educación, a la ropa, etc….

Lo estoy viviendo en mis propias carnes, el dinero no da la felicidad, personalmente, me siento más tranquila cuando vamos justos (pero que tengamos para pagar) que cuando hay mucho dinero. Los humanos somos caprichosos, contra mas tengamos, más pediremos, no importa que tengamos más o menos, si tenemos más, no os preocupéis que ya buscaremos la forma de gastarlo, acabar en las mismas, ósea en nada.

Antes de conocer a mi pareja, logré ahorrar, una buena cantidad, al no tener responsabilidades, pues considerablemente iba gastando, ya que… no tenía amigos, no tenía pareja, siempre iba sola a todos lados, ya dejemos de contar, lo único que tenía con seguridad, dinero, mi dinero, cuando me apetecía ir al cine iba, ir a cenar de restaurante, pos lo hacía, pero eso no me daba la felicidad sinceramente, me sentía vacía, al no tener más, llenaba ese vacío, gastando dinero.




Al conocer a mi pareja, al irnos a vivir juntos, empezó la responsabilidad de ser adulto y vivir independiente, con eso, unos gastos mensuales, que cuando las salidas son más que las entradas, hacen que el dinero baje, baje, baje, hasta acabarse, creerme que hemos pasado una temporada mi pareja y yo, muy mala económicamente, los primeros años salíamos de vacaciones, pero llegó un punto que ya la economía no lo permitía, así se fue restando cosas, pero con todo era feliz, claro hubiese preferido no ir tan justos, poder respirar aliviados, pero estaba con mi esposo, mi hijita perruna, estábamos los tres juntos, eso no tenía precio.

Ahora estamos en una relación a distancia, la economía empieza a subir, pero nuevamente no soy feliz, ¿De qué sirve el dinero si no lo puedes compartir con aquellos que amas? ¿De qué sirve salir a pasear en soledad? Vale, de vez en cuando va bien, pero ¿cuándo no es eso lo que deseas? Un paseo reflexivo va estupendo, ¿pero siempre? Creerme que es una verdadera porquería. El cerebro nunca descansa, siempre está en marcha, las veinticuatro horas del día, personalmente siempre me está recordando aquellos a los que amo, hoy no están a mi lado. Algo a muerto en mi interior, no soy yo, parezco un robot, controlado, pero sin capacidad de decisión, me siento vacía, la inspiración que hace ocho años tenía desapareció, ni soy capaz de escribir un mini cuento.




No es tan exagerado el cuento de Scruch, el avaro, que solo quería dinero, dinero, y dinero, no tenía ni alma ni corazón, para mantener gente a su lado, de que le servía tanto oro, si siempre vivía amargado.



El dinero ayuda, sí, pero definitivamente no da la felicidad, de nada sirve las riquezas, si no puedes compartirlas, con aquellos que amas, no solo me refiero a la pareja, sino familia bien avenida, o amigos de verdad, si no tienes a nadie para compartir esas experiencias, ese dinero, no sirve de nada tenerlo, porque nuevamente digo, que si ayuda, pero el dinero, no da la felicidad, yo ya di mi testimonio, con total sinceridad, sino preguntar, a los que sufren alguna enfermedad grave, si prefieren una gran riqueza, o los que han perdido un familiar… ¿Yo lo tengo muy claro y tú?

Escrito: 16 de enero del 2016
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La realidad de la relación a distancia




¿Cómo sobrevivir a una relación a distancia? Sin morir en el intento claro.


En primer lugar, hay que ver, si se inició la relación a distancia o no, o se conocieron frente a frente, por circunstancias de la vida, tuvieron que seguir la relación a distancia, no es lo mismo, desde el primer segundo a través de la red, a siempre, estar físicamente, de la nada encontrarte estar a través de una pantalla, para simplemente, hablar, teclear, verse, pero no tocar, ni susurrar al oído, sentir el aroma, menos esos gestos más profundos.


Como bien se dice, no puedes extrañar, lo que no conoces, eso en la discapacidad se vive mucho, cuando la mayoría de gente, reza por ti, para que esta desaparezca, tu, es lo que menos deseas, sino más bien que te acepten, tal como eres, ya que la discapacidad es parte de ti, toda la vida has vivido con ella, te es muy difícil, imaginar una vida sin esa condición.

La relación a distancia es algo parecido, no es lo mismo, cuando llevas toda la relación a través de la distancia, a cuando, siempre habéis estado juntos, por circunstancias, tenéis que tener una relación a distancia.



¿Cúal es la diferencia? No se trata de diferencia, sino de recuerdos, de lo que vives con esa persona, ya sea o no a través de la red. Digamos, a ver, si a una pareja, que desde siempre, ha sobrellevado la relación a través de una pantalla, ya tendrán unas costumbre, un ritual, para hacer de esa relación duradera, si algo empieza a cambiar, de hablar cada día, verse por cámara, hablar por Skipe, tener cada noche, o cada tanto un show de erotismo, a no sé, que de repente, de ser cada noche, a ser una noche por semana, de verse y hablar por skipe, pos parte de todo el día, a ser un ratito por la noche, en vez de todos los días, deja a ser, una o dos veces por semana, ¿No extrañaríais esa diferencia? ¿No os golpearía algo en vuestro interior, que os preguntarais que está pasando?


Pues ahora imaginaos, cuando lleváis un año, cinco, diez, con esa persona, cara a cara, viviendo con ella, las alegrías, las tristezas, los retos, las aventuras, ese beso, ese abrazo, ese olor, ese susurro en el oído, que pone, los bellos de punta, ese encuentro carnal, lleno de sentimiento, y pasión, ese abrazo, que te ayuda a dormir, es que el contacto físico es tan necesario, por pequeño que sea, deja ir sustancias, y hormonas, que aumentan el sentimiento, mejoran la relación, si incluso un pequeño beso en los labios, o un abrazo… Algo que por mucho que la tecnología avance, jamás alcanzará eso, no somos robots, somos humanos, necesitamos de cariño y afecto para sobrevivir.




Tener una relación a distancia, a menudo con lleva, unos cambios de horarios, que entre una cosa e otra, se pierde más de medio día, sin contar, las labores de cada uno, hace más insoportable esa ausencia, ya que todo lo que vivías con esa persona, se mantiene en tus recuerdos, tu corazón, pero aunque haya un gran amor, sí, en ocasiones, ese sentimiento aumenta, esa persona no está a tu lado, se siente, sin exagerar, como te desgarra el alma. No importa lo bien que estés, no importa, los amigos, ni las borracheras, te falta una parte importante, en cierto modo, te falta una parte de ti, eso conlleva a un duelo, no importa lo mucho que aun os améis, no está a tu lado, eso es muy difícil, que, en ocasiones, hace que la relación termine.

Escrito: 19 de enero del 2016
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Reflexión: El corazón y el cerebro, dos músculos intensos



El cerebro y el corazón, dos músculos, pequeños, pero si se lo proponen, te pueden traer de cabeza, hasta la locura. El cerebro, la parte lógica, racional, la que te hace volver a la realidad, te recuerda, que ya no eres un niño, y a él, debes acceder, para no arrepentirte después.




El corazón, aquel que no deja de bombear, sangre, aquel que no deja de latir, para que tú puedas vivir. Él es soñador, no se rinde ante nada, no le importa lo mucho que le lastimen, él no dejará de soñar. Domina tu parte humana, en el que los sentimientos, se adueñan de ti.

Cerebro y corazón, dos grandes músculos de todo ser vivo, sobretodo humano. Dos músculos pequeños, pero que en ocasiones te harán sentirte loco. Dos músculos pequeños, pero con grandísima fuerza, grandes rivales, con su parte de razón por cada lado. No se trata, de cual es el mejor, sino, dejarte llevar, en cada ocasión, por el que es mas oportuno, porque los dos tienen su parte de razón, visto de distinta perspectiva.


El cerebro no deja de dar vueltas, de pensar, reflexionar, contra mas ocupado está menos es consciente, de esos problemas que vives diariamente, pero como digo no descansa, no duerme, cuando tú lo intentas, él empieza su condena, recordándote, aquello que te pesa, haciendo que des vueltas, en las largas noches en vela. El corazón, es algo parecido, cuando extraña, cuando sufre, nada le calma, como al cerebro, le ayuda evadirse, olvidarse unos instantes, pero llega la noche, la hora de acostarse, su palpito es constante, fuerte, te hará sacar todo lo que sientes.

Distintos pero muy parecidos, a su manera, te harán vivirlo, sentirlo, y sufrirlo, son músculos pequeños pero intensos, que en ocasiones odiarás y desearás que dejen de hacerte sufrir, pero no puedes, porque son parte de ti, con ello tienes que vivir.

Escrito: 22 de enero del 2016
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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

  Soy al primero, que me está partiendo el alma, estas líneas, pero es necesario, te escribo para despedirme de ti, mi mejor amiga… Cuando e...