jueves, 11 de junio de 2020

Reflexión: ¿Cómo sería mi vida sin discapacidad?



Al día de hoy, que estoy a diez días de cumplir 29 años, y que no estoy en mi tierra natal, ni siquiera en mi país, me pongo a reflexionar, que tan distinta hubiese sido mi vida, si esa condición que muchos la maldigan, y detestan, como hubiese sido mi vida, si la meningitis no me hubiese atacado, los médicos hubiesen actuado al momento, evitando las secuelas de la enfermedad… ¿Cómo sería mi vida sin discapacidad? Lo único que se con certeza, que para nada sería como está siendo con discapacidad ¿Sería mejor? Eso no lo puedo contestar, pero reflexionando en el asunto, lo pongo bastante en duda.

Creciendo en el país que crecí, que con o sin discapacidad, me hubiese visto crecer. Tengo la certeza que mi vida sería totalmente distinta de la que estoy viviendo.

La primera y creo que la más importante, no valoraría ni conocería la gran realidad de la discapacidad, las personas que las poseen, es muy posible que sintiera pena por ellos, a no conocer realmente su gran realidad, la gran capacidad que uno tiene con discapacidad, los vería, como nos ven muchos, como discapacitados, niños eternos, que tuvieron la desgracia que jamás podrán vivir como el resto de personas.




Viajar. Yo me figuro que, teniendo el dinero, y la voluntad, si hubiese viajado, lo que pongo en duda, si fuera de España, no dudo que hubiese conocido Madrid, Salamanca (Castilla León) la ciudad donde crecieron mis abuelos, Granada (Andalucia) donde nació y creció mi padre, quizás Andorra, por la necesidad de ver nieve, Paris, la famosa ciudad del amor, país pegado a España. Pero estoy convencida que para nada hubiese viajado a América, ya que no habría ningún aliciente para ello.

Estudiar. En ese aspecto, no creo cambiará mucho, mi discapacidad, no cambia mi capacidad para estudiar, así que seguramente eso hubiese sido igual, después de la secundaria, hubiese hecho, un módulo de grado medio, de mientras encontrará trabajo, haría distintos cursos.

Trabajo. Obviamente, no trabajaría en la organización ONCE, así que estaría en el paro, o trabajaría de aquello que hubiese estudiado o encontrado.

Vida social. No lo puedo garantizar, pero yo me supongo que, si tendría mi grupito de amigos, saldría a menudo a divertirme. Realmente hubiese vivido mi adolescencia y juventud como cualquiera a esa edad.

Amor. Quien sabe, quizás sí que tendría pareja, o quizás si hubiese conocido varias parejas amorosas o solo sexuales pero es muy posible que no hubiese sido de un país distinto al mío, o es muy posible de mi propia zona. 



Hobbies. Tengo en los genes la vena artística de escribir, pero es muy posible que no hubiese pasado de los grandes relatos, o quien sabe quizás si hubiese publicado algún libro, pero lo que tengo seguro que no sería tan fan de las redes sociales, no conocería todos mis reales facetas y gustos.

Mis ideales. serían distintos, ya que es lo que habría aprendido de mi país, un país, donde ocultan la diversidad, donde muestran que lo diferente, es inferior. ¿De qué hablo? Solo hay que ver los programas de Europa, Eso solo ha cambiado, al enamorarme, a tener una relación, con una persona de otro país, en el que conocí, un nuevo mundo, otra realidad oculta. Mis gustos musicales, mis gustos televisivos, son lo que son hoy, gracias a esa persona, que no miro discapacidad, sino a mi persona, como bien he dicho antes, sin discapacidad, poco me hubiese fijado en él Beneficios que tu pareja sea de otro pais


¿Si tuviese que dar un mensaje a la discapacidad? Le diría gracias por llegar a mi vida, gracias a ti, soy la persona que soy hoy. Sin ella, habría demasiada ignorancia en mí, definitivamente, mi vida no sería ni la mitad de interesante de la que estoy viviendo. Puedo marcar la diferencia, no ser un robot más, para la sociedad que crecí, me mostró solo lo que me quería mostrar, conozco la real verdad, todo gracias a ti discapacidad. Gracias por llegar a mí, acompañarme, el resto de mi vida.

Escrito: 31 de mayo del 2016
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Reflexiones de una mujer del siglo XXI



Sí soy mujer, una mujer del siglo XXI y me apena descubrir la cruda realidad, cuando era niña, estaba convencida que, al ser mayor, todo sería diferente, siempre me prometí, que no seguiría el mandato de la familia, el hombre que me acompañara sería, amable, de buen corazón, respetuoso, siempre me protegería, jamás me lastimaría, como los antepasados de mi familia, mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo… Los antepasados de mi familia, me mostraron el machismo, que este mundo no está hecho para mujeres, pero no podía entender, por qué estamos las mujeres, que algo en mi debía ser diferente, yo haría la diferencia, porque llegado ese punto, llegado el día de hoy, ya estamos en el siglo XXI, ya mi hombre, sería todo un caballero, como mis héroes, aquellos que crecí con ellos, que me mostraron que existe la bondad en el género masculino.

Tenía 25 años cuando lo conocí, era tan gentil y bueno, pensé que, al fin, había conseguido romper la cadena de machismo y violencia, me hacía reír, me cuidaba, me robó el corazón, me enamoró, era el príncipe azul que siempre soñé, por primera vez, empecé a confiar en los hombres, no dudé en ceder, y darle una oportunidad.

Me invitaba a bailar, me decía cosas hermosas al oído, me hacía enamorar más de él, algo que ningún hombre me había mostrado, por eso sabía que lo había encontrado, que era el indicado. A los pocos meses me pidió matrimonio, no dudé en dar el sí, emocionada, entusiasmada.


A los pocos días de mi boda, inicié otra realidad, él no llegaba a casa, ya era de madrugada, no pude evitar preocuparme, ya que por más que telefoneaba, su teléfono apagado se encontraba, la una, la dos, las tres, el reloj marcaba, yo más desesperada me encontraba. Ya estaba medio adormilada, cuando escuche la puerta, un sinfín de gritos de insultos indefinidos, intenté hablar con él, que me contara, pero solo recibí un sinfín de insultos, y malas palabras, al querer acercarme más, me dio una bofetada, después otra, luego otra, tras varías más, cogió de la nevera su whisky más caro, se fue dando un portazo, dejándome en el suelo violentada, y llorando.

Al día siguiente regresó con flores en mano, pidiéndome perdón, y comencé a recordar, la belleza de su interior, como me enamoró no era un mal hombre, admitía sus errores, me prometió que no volvería a pasar, y lo creí, sin dudar le perdoné.

Pero a los pocos días, nuevamente volvió a pasar, llegó bebido, por llevar un poco de escote, y falda no más corta de la rodilla, me volvió a violentar, con más fuerza, a la mañana siguiente, me volvió a traer flores y chocolates, me volvió a pedir perdón, le volví a perdonar.



Aquello no era desconocido para mí, es lo que había visto toda la vida, y me había casado con otro igual, pero por un lado tenía la esperanza de hacerle cambiar, pero por otro, sabía en mi corazón que nada sería suficiente, era un hombre violento, como mi padre, mi abuelo, demás antepasados, pero también sabía que mi marido me amaba, yo a él, podía hacer volver ese hombre que enamoró mi corazón. A la misma, empecé a entender, aquello desde niña, no me entraba a la cabeza por qué mi madre, mi abuela, mi bisabuela, siguieron por con sus violentos esposos, sí, por amor, porque confiaban en la parte caballerosa que había en sus hombres.


Me embaracé, no lo lamenté, al contrario, estaba convencida que eso devolvería a mi príncipe, pero me equivoqué, ni siquiera recibió con alegría la noticia, más de una hora, violentándome, me partió el labio, el cuerpo lleno de morados, y asesino a nuestro bebé. Ahí entendí que nada cambiaría, si yo no hacía la diferencia, empecé por hablar con una amiga, juntas fuimos a la policía, me creyeron, lo detuvieron, ya al fin todo había terminado, no como yo había imaginado, pero si había cambiado la historia, no me merecía ser violentada, solo por existir, de esta forma, empecé ayudar a otras mujeres, que no creían tener el valor suficiente.

Sí soy una mujer del siglo XXI, pero en este siglo la violencia machista aún está demasiado presente, si todas las víctimas, somos conscientes, que no somos culpables, si somos conscientes, que nada va cambiar por mucho que esperemos, que quien violenta una vez, lo hará dos y tres, muchas más, si no das el paso de dejarlo, cuando estas a tiempo, acabarás bajo tierra.

Escrito: 25 de mayo del 2016
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Mi pasado, mi presente, mi futuro con Parálisis cerebral



Estoy a 21 días de cumplir 29 años, casi tres décadas que estoy en este mundo, 13 días más tarde, me llegó la meningitis, con la parálisis cerebral, en el que me acompaña desde ese día.

Mi infancia fue feliz, las cosas se empezaron a complicar en la adolescencia, donde, mi vida social se convirtió en nada, en todos me recalcaban, que mi discapacidad me hacía inferior, yo jamás podría vivir la vida, como las demás personas, es decir que mi discapacidad me definía, ya no podría hacer más, que resignarme y aceptar, pero no, nunca acepte ello, quizás no de la mejor manera, pero no dejé de buscar, de intentar, aunque para ello, no salí lastimada de milagro.


Tenía 20 años, mi adolescencia pasó sin ser consciente, sin disfrutar de esos mejores años que decían que eran. A los 17, se me abrió una ventana a la vida social, internet, pero a la misma, el acoso internáutico. A los 18, logré mi primera silla de motor, logré la libertad, que tanto ansiaba, y necesitaba. A los 19, el trabajo, no pude llegar a trabajar, de lo que estudié, se negaron a darme una oportunidad, pero me contrataron, vendiendo lotería, para personas con discapacidad, ya va hacer diez años de ello, aun sigo allá. Con la llegada del trabajo, comenzó, la vida social, con mi clientela, conocía gente, la mayoría, muy buena, en el que se olvidaban que era mujer, a pesar de mi casi segunda década, me veían como una niña eterna. Otros hombres en cambio, me observaban pervertidamente, si, ellos pasaban de la quinta década, e inicio, el acoso sexual, al no tener amistades, ir sola a todos lados, pues me acorralaban, y me acosaban fácilmente.



No siempre fui la que soy ahora, Vane Vs Discapacidad, ganaba la discapacidad, eso me desesperaba, joven que conocía, me veía con ojos pervertidos, o no querían tener nada que ver conmigo, eso a través de amenazas, o mentiras.





A los 20 años, decidí dejar el mundo peligroso de los chats, porque acabaría arrepentida de verdad, fue entonces, cuando conocí, a la persona que cambió mi mundo, mi realidad, tenía 22 años, cuando conocí el amor, meses después me independicé con él, e inició una nueva etapa, una nueva realidad. En el que los retos no se acababan mas bien regresaban con intensidad, sin importar mi discapacidad, mi parálisis cerebral, pero tenía un compañero a mi lado, juntos, saltaríamos cualquier barrera.





23 años. Me casé, viajé por primera vez, al otro lado del océano, a México a conocer el país, mi esposo, a su familia.

24 años. Llegó nuestra hija perruna, de alguna manera, empecé a ser consciente, como sería mi futura maternidad con un bebé humano. También fue un año difícil, a causa de todo el acoso, que recibí, pero al mismo tiempo fuimos conscientes de la La realidad sobre la justicia.




25 años. Volvimos a México todo diciembre 2012, incluida la navidad, tuve oportunidad de vivir esas fiestas especiales con la familia de mi esposo, que era mi familia, lo único que consiguió que me enamorara más de México.


26 años. Se puede destacar el 2013 por una operación inesperada o dos, mejor dicho, al tener la meningitis, también tuve hidrocefalia, pero cambiaron, la válvula, algo totalmente necesario. Ya que sin ese tubo las personas que tenemos esa condición, poca vida nos queda.



27 años. Se puede decir, que casi inició ese año, con un reto intenso, llenos de problemas, cambios en mi cuerpo y personalidad, creíamos enormemente, que me embaracé, aunque las tecnologías decían no, pero mi cuerpo y mi mente decían lo contrario, llegó un punto, que a mi forma de ver sufrí un aborto, meses después, pero nunca pude estar convencida, porque me discriminaron como mujer, por mi discapacidad. Se puede decir también que, con 27 años, eche mis primeros tragos, no puedo mentir, que les cogí el gustillo.

28 años. La edad que tengo ahora, la edad que estoy a punto de dejar atrás. En este año, Viajé a Paris, conocí la ciudad del amor, tuve que separarme durante seis meses, de quien más quiero, pero a la misma, he podido al fin, iniciar una vida en México, la verdad, no puedo estar mejor, estoy donde quiero estar, con quien quiero estar, sin dejar que mi discapacidad, los de mi alrededor me acondicionen, solo yo tengo la elección, los demás tendrán que aceptar. Realmente en este país, estoy viviendo, por todos esos años que me perdi, disfrutando de cada segundo, sin importar lo que digan, lo que piensen los demás, solo yo, los que me importan.


29 años. Está claro que los iniciaré, en México, no tengo mucha idea de cómo seguirá… solo se, que los treinta están muy cerca, demasiado, sí me gustaría iniciar la etapa de la maternidad, en cuanto se cierre el circulo que estoy metida ahora. Ya no soy una niña, se me acaba el tiempo, quiero tener hijos, vivir la etapa de la maternidad, de esa forma, es como veo mi futuro ¿En dónde? Realmente estoy encantada con México ningunas ganas de volver, no puedo predecir el futuro, pero, no me disgustaría quedarme en la gran ciudad de México, e iniciar una vida más a largo tiempo acá. Ya mis padres, mis familiares me dieron el visto bueno “piénsalo elijas lo que elijas estará bien, lo importante que seas feliz” De todas formas, es mi elección o de mi esposo, pero es bueno saber que aquellos que me dieron la vida, me apoyan.


La discapacidad lleva conmigo desde que nací, pero acabé aprendiendo que no es una maldición, ni una desgracia, la discapacidad, no te priva de nada, sino más bien, la mentalidad de los que te rodean, que te contagian esos mitos. La discapacidad me mostró, que no es enemiga, que solo es una parte de mí que debo aceptar, que, si me lo propongo, puedo llegar hasta lo más alto. La discapacidad me mostró otra realidad, es que ella no es el problema sino la sociedad que te rodea.

Escrito: 23 de mayo del 2016
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Discapacidad. “Tú no eres así, estas compañías te han cambiado”




¿No os ha pasado? Cuando se tiene una discapacidad, Dependiendo el entorno donde nos encontremos, realmente a veces ignoramos, realmente como es nuestra personalidad, hasta qué punto, somos capaces, de vivir nuestra vida, de cuál es nuestro límite.



Hace 8 años atrás, vivía demasiado pendiente a mi discapacidad, era consciente, que había cosas que no podría hacer jamás, aunque mi entorno no me lo ponía nada fácil, y no me dejaban de repetir aquello que me resignaba a escuchar, yo no perdía la esperanza de que se equivocaran, aunque demasiado tenía guardado en el subconsciente, que, por mi discapacidad, era menos que los demás…


Cuando conocí a mi pareja, cuando ya habíamos iniciado una vida juntos, él me sugirió algo, salir en plena nevada, en mi silla de ruedas, claramente, estás fueron mis palabras “deja el salvajismo aparcado” Pero no lo dejó con nevada con un palmo de nieve, nos adentremos en la exploración de algo inusual en pleno mar.


Esos solo fueron los inicios, de lo que sería, mi nuevo despertar, de una parte, de mí, de mi persona, que ignoraba que existía. Gracias a la oportunidad, he podido amar, sentirme amada, viajar, disfrutar de la vida, como cualquier persona. Ahora soy yo que le digo a mi compañero “Tenemos que conocer New York” Él me responde “Calma, deja el salvajismo aparcado”


Hace ocho años atrás era una persona totalmente distinta ahora, en todos, los aspectos, en todos los sentidos, y no porque nadie me indujera, o algo peor, no, es parte de mi persona, que por tanto recalcarme lo que no podía hacer, tanto recordarme la discapacidad que me acompañaría de por vida, se olvidaron de la persona que había dentro de mi, es curioso que he tenido que estar en otro país, al otro lado del océano para ser consciente.


Conocer a mi pareja, fue solo el comienzo, para conocer mi auténtica realidad como persona, pero los que te rodean, los que solo ven a una persona discapacitada, que era todo un “angelito” que esas compañías los están cambiando, a algo no perfecto para ellos, no, no es así, es solo que al fin empiezo a vivir, a dejar miedos atrás, ser consciente de otra realidad mi realidad, la realidad, de vivir, de ser capaz, lograr lo que todo lo que uno se proponga, sin calentarte el coco, de lo que dirán los demás, de lo que está bien o lo que está mal, mientras que no dañes a nadie, ni a ti mismo, todo es válido, no dejes de intentar, no importa la discapacidad, ni el grado, el mayor obstáculo es tu miedo y los que te rodean te pueden influenciar, piensa que ellos también se pueden equivocar.


No pienses que eres débil, tienes un león dentro de ti, deseando salir, mostrar al mundo, tu verdadera realidad. Es tu vida, no es eterna, hoy estás aquí, hoy estás vivo, vívela a tu manera.

Escrito: 19 de mayo del 2016
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Nadie es discapacitado para amar y ser amado




El amor es de los sentimientos más bellos, que puede sentir el ser vivo, el amor, forma parte de cada persona o animal, va incorporado en su A.D.N., ninguna discapacidad, o enfermedad puede arrebatar eso.

¿Por qué negarlo por cierta condición? ¿Por qué prohibirle, la belleza, del amar y ser amado? Padres, familiares, cuidadores, él o ella, ya no es un niño, es un adulto, como tal, como todos ustedes, le llegó ese momento ¿Por qué es tan difícil de creer? ¿Tan difícil de afrontar?

¿Temen al embarazo no deseado? Pues no les excluyan, tengan esa charla necesaria, como todos los demás hijos en su momento, hableles de los preservativos, de los métodos anticonceptivos.






¿Temen al abuso sexual? Pues callarse no es la solución, deben, exponerles, prevenirles, que sepan defenderse en tales casos, ante tal actitud, se les está lanzando a ello, no hay que olvidar, que muchos de esos casos, vienen de un familiar o conocido, escasas veces llegan de desconocidos El cuidador que abusaba sexualmente

¿Están en la certeza, que su hij@ con edad adulta aun es un niño? Definitivamente no es así, miren su cuerpo, para nada infantil, conozcan su edad, no importa el grado de discapacidad, llega un punto, donde el amor, llama a la puerta, no se le puede ignorar.



Ninguna discapacidad, anula sentimientos, ningún ser tiene derecho a prohibir ello, parece que los especializados en el tema, los que más entienden la discapacidad, son los primeros en hacerlo, en anular derechos y necesidades, tratándoles como niños de por vida, en vez de enseñarles afrontar su independencia, de tratar con normalidad, temas del edad adulta, en vez de eso, los castigan, los tratan como lo peor, solo por actuar con normalidad de esa forma es lo que les transmiten a la familia, que asi actúan con las personas con discapacidad, a la misma anulan deseos, derechos y necesidades.



La discapacidad no anula el amor, no anula los sentimientos, ¿Qué hay más bello que mostrar el amor? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Por qué negarlo? Contesten esas preguntas antes de seguir.


Para mostrar el amor, no es necesario el sexo, amor es sentimiento, pero para mostrar ese sentimiento, en ocasiones es necesario el sexo. Este es una necesidad humana, necesaria para sobrevivir para todos los seres humanos, sin importar la condición que le poseé, ni el grado de esta, no importa la forma, hay miles de maneras de disfrutar, solo hay que encontrar cada uno la suya… por lo demás llega sin necesidad de buscar más de lo necesario, pero primero la persona con discapacidad tiene que creérselo, y los que les rodean confiar, apoyar, ayudarle, a que se sienta un adulto más, sin miedos, sin vergüenzas, los que los rodean tratar con total normalidad.

Escrito: 15 de mayo, del 2016
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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

  Soy al primero, que me está partiendo el alma, estas líneas, pero es necesario, te escribo para despedirme de ti, mi mejor amiga… Cuando e...