domingo, 17 de mayo de 2020

Relato: Max y Lencho, amigos incondicionales



Me siento nervioso, entusiasmado, voy en auto, ¿dónde me llevará el amito? Mamá me ha dejado ultra limpito mientras me decía:

- Ahora ya eres un cachorrito mayor, tú y tus hermanos tendréis nuevas familias -me asusté me abracé a ella y dije entre sollozos, que no quería irme de su lado.
- Amor, tienes que entender, el señor y la señora Jones, no pueden cuidar de todos, pero iréis con familias que os llenarán de amor, y nos veremos muy seguido.
- ¿Me lo prometes? -Sabía que si me lo prometía sería real.
- Te lo prometo pequeño -me abrazo con fuerza.
El coche se ha detenido. Nuevos olores llegan a mí. Tengo la necesidad de olfatearlo con rapidez, estoy ansioso, mi colita no puede dejar de demostrarlo. Ladro con ansiedad.

- Sí muchacho, ya hemos llegado -me cogió entre sus brazos, acariciando mi cabeza, siempre me hace cosquillas cuando lo hace, pero me gusta. Los olores se hacen más intensos, con mi visión de canino, veo a mi alrededor, es muy parecido de donde vivía con mi mamá y mis hermanitos, ellos ya marcharon, solo faltaba yo, ahora aquí estoy. Se acercan una pareja de ancianos, tienen olor de ternura. El hombre me coge en brazos me mira a los ojos, ese mismo olor, se expande, me cae muy bien desde ese instante. Su bigote me hace cosquillas, yo le lleno de besitos.
- Buen chico, ve, inspecciona el lugar -me deja en el suelo, yo comienzo a correr, e investigar todo. Me detengo en seco, una criatura de cuerpo rayado, cuatro patas y rabo, me está mirando fijamente, no, no es un perro.
- Hola me llamo Max ¿y tú?
- Nubecita, aunque los Smith a veces me llaman Nube
- ¿No eres un perro verdad? -se echó reír.
- Soy un gato, veo que los Smith han conseguido otro perro, bueno, ya que… acostumbrarse -empezaba a marcharse.
- ¿Quieres jugar conmigo? -le pregunté ilusionado, empezando el juego.
- No tengo tiempo de hacer de canguro de un cachorro -se alejaba entre bostezos. Seguí mi investigación en soledad. Vi un establo, entré en él, vi otro ser, no era un perro, tampoco un gato.
- Hola ¿Quién eres? -salude alegremente.
- Hola cachorro, me llamo Lencho.
- ¿Qué eres?
- ¿No has visto un caballo antes? Bueno supongo que es normal, solo eres un cachorro ¿Vas a vivir aquí? ¿En la granja de los Smith? ¡Bienvenido! Verás cómo te caen muy bien, son muy buenos.
- ¿Quieres jugar conmigo? -pregunté entusiasmado.
- Me encantaría, pero no puedo salir de aquí.
- Vaya, Nubecita no quiso jugar conmigo -afirme decaido
- Esa gata es demasiado arisca y creída, pero te ayudará si realmente lo necesitas.
- ¡¡¡Max!!! -escuché que el señor de la casa me llamaba. Me despedí de mi nuevo amigo, y volví corriendo.
Los días pasaban, a menudo veía a mamá y a mis hermanos, jugábamos. Visitaba a menudo a Lencho, me gustaba su compañía, parecía que a él la mía. Pasábamos largas horas entre risas y charlas, él era muy sabio, aprendía tanto. Cuando lecho salía a pasear con mi amito, los acompañaba. Me encanta hacer carreras con él, aunque siempre me ganaba.

Un día estaba acostado en el sol, se estaba tan calentito y bien. Vi un bicho, una lagartija, empecé a perseguirla, ella a correr más rápido.

- Ven bichito, no quiero hacerte daño, solo quiero jugar contigo -con más velocidad fui tras ella, sin ver, el precipicio que había, caí en el… No me hice mucho daño, pero estaba demasiado alto para mi… ¿Cómo iba a salir de ahí? Empecé a escarbar, pero de nada servía, intenté escalar, pero volvía a bajar. De repente el día se escureció los truenos llegaron ¡odio los truenos! Me dan mucho miedo… la lluvia no tardo en caer, primero gotitas, después en forma de diluvio. Tenía tanto miedo, solo quería volver a casa, o con mi mamá.
Yo lo ignoraba, pero esto es lo que estaba pasando en la granja…
- Que tormenta está cayendo hay que entrar a los animales -le dijo a su esposa el señor Smith.
- ¡Max, Nubecita! -Nubecita entró al instante –¡¡Max, Max!! -salieron a buscarme, gritando mi nombre con fuerza.
- Oh rayos, ¿dónde se habrá metido este cachorro travieso? -se preguntó preocupada la gatita. La ventana estaba abierta. Salió por ella, se acercó al establo.
- ¿Qué está pasando? -preguntó Lencho preocupado.
- El cachorro ha desaparecido.
- ¡Oh no! Tenemos que ir a por él, se puede perder… o peor…
- Ya, ya, por eso estoy aquí.
- Tienes que abrirme la verja -ha nubecita, no le costó escalar, abrir la puerta. Los dos no tardaron en salir a buscarme.
Me sentía muy asustado esos rayos parecían que venían a por mí, quería estar en la granja, quería a mi mamá, que me abrazara fuerte, empecé a aullar con fuerza, gritos desesperado salían de mis pulmones, veía mi fin en cada rayo que caía.
- ¿Oíste eso? -le preguntó Lencho a la gatita.
- Yo no escuche nada, solo sé que me estoy empapando ¡odio el agua! Aún más con este barro.
- Sube a mi espalda -le invito Lencho.
- ¿De qué va servirme eso? Me voy a empapar igual
- Al menos no te mancharas las gomitas.
- También tienes razón. Gracias -subió a la espalda del caballo.
- ¿Lo escuchaste ahora? Siii, es el cachorro, agarrate con fuerza gatita -empezó a trotar con velocidad.
Yo no podía dejar de aullar con desespero, tenía mucho miedo y frio, solo quería volver a casa ignoraba que ya venían a por mí, cuando sin aviso escuché.
- Ei perrillo
- ¡¡Cahorro!! ¡qué suerte que te encontremos! ¿Estás bien?
- ¡Lencho, Nubecita! Por favor sacarme de aquí, tengo mucho miedo.
- ¿Ahora como lo sacamos? -preguntó la gatita.
- Quedate con él, iré a buscar a los granjeros -no esperó respuesta, empezó a trotar con velocidad, en busca de los granjeros.
Yo ya me sentía menos asustado, me quedé mirando fijamente a Nubecita, contento de verla.
- ¿Qué me miras tanto?
- ¡Has venido a rescatarme! ¡Estabas preocupada por mí! -en ese mismo instante me sentía feliz
- Ya, ya, no te ilusiones tanto, solo lo he hecho por los granjeros, te quieren mucho, no me gusta verles mal -ella podía decir lo que quisiera, yo sabía la verdad, me llenaba de ilusión.
Lencho llegó a la granja, los granjeros Smith estaban nerviosos, sin saber ya donde más buscarme. Nunca lo había echo, pero abrió la puerta de la casa.

- ¡Lencho! ¡¿Qué haces aquí?! Pero como… ¡¿Cómo has salido del establo? -preguntó el granjero.
- Un momento… Nubecita ¿Dónde está? Estoy convencida que entró en la casa cuando abrí, para que entrara -se percató la señora de la casa.
- ¿Qué te pasa muchacho? Estás muy nervioso, nunca te había visto así -dijo el granjero.
- Quizás, nos quiera decir dónde está el cachorro -sugirió la señora Smith. Ahí Lenchó se calmó.
- ¿Es eso muchacho? -él afirmó -Vamos, tenemos que ir rápido -se puso en marcha el granjero, la granjera, le acompañó ambos se subieron a su lomo, los condujo asta donde yo estaba. Afortunadamente el granjero siempre llevaba con él una cuerda, se la ató en la cintura, bajó a buscarme, me cogió en brazos, me dio un fuerte achuchón -que susto nos has dado muchacho -Lencho nos ayudó a subir. Aunque ella se resistió, abracé a la gatita, después todos volvimos la casa. Los nuberrones negros se alejaron, los truenos y rayos se acabaron, los rayos de sol volvieron a brillar.


Ya en casa, con el calor de la chimenea, la señora Smith preparó chocolate caliente, para su esposo y para ella, y a nosotros, nos dio cada uno nuestras golosinas, estaban riquísimas, lo mejor, ¡¡volvía a estar en casa con todos mis amigos!!

Escrito: 13 de septiembre del 2016
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Carta a mi mamá que está en el cielo



Hola mami,
¿Cómo estás? ¿Cómo se vive allá en el cielo? ¿Es como dice la abuela?
En Halloween hicimos tu ofrenda, yo no recordaba bien, era muy pequeñito cuando te fuiste al cielo, pero, la mamá Marie, y el abuelo, me explicaron lo que te gustaba comer, y hacer, escribir poesía ¿verdad? La mama Marie, guarda todas tus poesías, alguna formó parte de tu ofrenda, al igual que el pastel de carne, que hizo la mamá Marie ¿los vistes? ¿Te gustó el pastel? A mí me encanta, ¡es mi plato preferido! La mamá Marie, me dijo que ¡también era el tuyo!


Hoy cumplo ocho años, y te extraño, me gustaría tanto que dejaras un poquito el cielo, para venir abrazarme, lo necesito. El cole me va bien, pero los niños son malos, dicen que no tengo mamá, que soy un niño sin papás… Que realmente la mami Marie es mi abita, yo eso lo sé, no soy tonto, pero sabes, necesito una mami a mi lado, sí, tu eres mi mami siempre será así, pero ella es como una mami para mí también, ya que tampoco conozco a mi papá… la mamá Marie, no sabe dónde está mi papá ¿Y tú lo sabes mami? Porfis… dime ¿dónde está mi papi?


¿Sabes? A veces me pongo triste, pensando en ti mami, me acuerdo, el cómo cantabas, el cómo me arropabas y me dabas un beso antes de dormir, después de contarme el cuento del día… La mama Marie, lo intenta, pero tú lo haces mejor, shttt porfis no le digas, yo la quiero mucho ¡es mi segunda mami! No quiero que se ponga triste… ¿Me guardas el secreto?

De aquí unas semanas llega Santa Claus, la mami Marie, quiere que le escriba la carta para ir a dársela, pero yo solo quiero una cosa, entiendo que no es posible… Que dejes el cielo que vuelvas a la tierra a mi lado… Me gustaría ir a vivir al cielo contigo, pero la mami Marie se altera mucho cuando lo digo, me prometió que te volvería a ver algún día, pero que antes, tenía que dejar de ser niño, hacerme un hombre muy inteligente, que la vida es como un larguísimo viaje, cuando acabara el mío que te volvería a ver, mientras llega el día que nos volvamos a encontrar, tu eres mi ángel, que, aunque no te pueda ver, me vas a cuidar y proteger, y ella también.




Uy me tengo que ir a cenar, pronto te volveré a escribir mami, te quiero muchísimo te mando muchos besitos, hacía el cielo. Siempre te recordaré, jamás te olvidaré, porque eres y siempre serás mi mami.

Escrito: 30 de noviembre del 2016

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Carta a mi hijo que está en el cielo





Ya se acerca, la fecha que más detesto de todo el año, es que ya no tiene ningún sentido, me gustaría tanto dormir, no volver a despertar, hasta que toda esta locura de la navidad, haya terminado, no quiero reuniones familiares, no quiero reír, no quiero comer el pavo relleno de cada año, no quiero ver cómo me la gente me mira con lastima, e intenta consolarme… ¡no quiero consuelos ni palabras de aliento! Solo quiero estar sola, llorar, llorar hasta que me duerma.

Es que te fuiste en una fecha tan señalada, sí el 24 de diciembre, en la víspera de navidad, ni siquiera fue culpa tuya, tu solo venías hacia acá, pero tuviste que cruzarte en su camino, aquel que ya había bebido demasiado, y a ti se te acercó flechado, intentaste esquivarlo, pero él fue más rápido, su coche, la gran velocidad que llevaba, se empotro con el tuyo, no pudiste hacer nada, la muerte, se te acercaba. Aún más con tu cuerpo, traspasando el cristal, con gran impacto sobre el asfalto… Es que no llevabas el cinturón, pero no con mala intención, lo sé, hijo mío, se te olvidaba, con mi llamada, aparcaste a un lado, para hablar con tranquilidad, para después, al colgar, volver arrancar. “Te quiero mamá, no tardaré en llegar” Te quiero Sé que lo sentías, pero nunca lo pronunciabas en voz alta… era como si supieras lo que se acercaba… como en las películas, que cuando uno dice algo así su muerte se acerca.



Va hacer un año que te perdí, ¿Cómo voy a tener ganas de reír? ¿Cómo voy a tener ganas de vivir? Tienes que ser fuerte me dice la gente… ¿Ellos que saben? ¡Ellos no tienen ni idea de lo que es enterrar a un hijo! Siempre te dicen que los hijos tienen que enterrar a los padres, nadie te preparara para que los padres entierren a los hijos, ¡es que es antinatural! Es el dolor más grande que un padre puede tener.

“Ahora está en un lugar mejor” me dice la gente ¿Ellos que saben? ¿En qué clase de mundo vivimos que permiten que jóvenes de veinte años mueran? ¡Te extraño tanto! Siento un dolor tan grande en el pecho, en el corazón que creo que vivirá conmigo para el resto de mis días, solo ansió el momento de cruzar el arcoíris, volverte a encontrar y abrazar.


Se vuelven a escuchan los villancicos, y la gente con su felicidad pasar, no puedo, ya no más, para mí ya no habrá más navidad, lo que más quiero, el mundo me lo arrebató, ya no tengo nada que celebrar. me voy a tomar una pastilla, hasta mañana a descansar. Te amo hijo, ahora y siempre, te voy a extrañar, contigo, se fue mi felicidad.

Escrito: 06 de diciembre del 2016
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Carta de una niña eterna




No entiendo bien que ha pasado, ayer estaba celebrando mis cinco añitos, soplando velas en mi tarta de trufa y nata, junto a mis papis, mis hermanos, y mi abuelita, si, en esa cama de hospital, que es mi hogar, por culpa de un bicho malo que se me metió en el cuerpo, los adultos lo llaman cáncer, creo, hoy desperté, en otro lugar lleno de nubecitas. No entiendo, donde estoy, no entiendo lo que ha pasado, ¿dónde están mis papis? ¿y mis hermanos? ¿Y mi abuelita? ¿las enfermeras? ¿Los demás niños enfermos como yo? Esto es muy extraño… Tengo mi camisón de hospital, pero no estoy en mi cama, no estoy rodeada de esas paredes blancas.
Veo un hombre se me acerca, no lo conozco, pero dice que es mi abuelo el papá de mi papá, que vive en el cielo desde que yo era muy pequeña ¿Tengo que confiar en él? Yo no lo sé, siempre me dicen que no vaya con desconocidos, para mí, él lo es “Ven pequeña, dame tu mano” ¿Qué hacer? Yo no lo sé. Veo a un perro que viene a mí a todo correr, sí lo conozco, es Esparky, también se fue al cielo hace unos meses, me lo dijeron papá y mama, porque yo estaba en el hospital, no pude decirle adiós, recuerdo que lloré mucho, corro a él, él corre a mí, nos damos un fuerte abrazo, el me llena de lametones, que me hace reír a carcajada. Mi cuerpo puede correr y saltar, ya no me duele nada ¿Se habrá ido el bicho? ¿Habremos ganado?
Miro a ese hombre que dice ser mi abuelito, siii me vienen imágenes de ver alguna foto de él, decir que es él. Me confío le doy la mano, juntos caminamos por ese espacio azulado, rodeado de nubes. Esparky nos acompaña entre saltitos, moviendo su cola, desesperadamente: 





- ¿Abuelo, dónde estamos? ¿Cuándo volveré a casa?
- Esta es tu casa ahora -me contesta muy seriamente.
- Papá y mamá ¿Cuándo vendrán?
- Espero que tarden mucho tiempo -me quedé muy sorprendida mirando a mi abuelo, triste al mismo tiempo -¿por qué dices eso abuelo?
- Porque la vida es hermosa, aun a ellos le quedan vida para rato, lo lamento pequeña, que la tuya haya sido tan corta, de mal vivir, entre hospitales.
- ¿No los volveré a ver nunca más? -se me cortaba la voz, las lágrimas asomaban.
- Algún día los volverás a ver, te lo prometo, mientras tanto, yo te cuidaré.
- Entonces… -me quedé pensando - ¿ya no seré mayor? ¿ya no podré ser bailarina?
- Lo siento mi niña, ya serás una niña eterna… pero puedes ser, bailarina, yo te ayudaré.

- Gracias abuelo. -entonces la vi, una luz resplandeciente, brillante, muy bonita, de la mano de mi abuelo, con la compañía de Esparki, fuimos hacia esa luz brillante, mi nuevo hogar para toda la eternidad.



Escrito: 10 de enero del 2017
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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

  Soy al primero, que me está partiendo el alma, estas líneas, pero es necesario, te escribo para despedirme de ti, mi mejor amiga… Cuando e...