miércoles, 29 de abril de 2020

Diálogos entre un padre e un hijo



Él estaba en la fase final de su Cáncer terminal. Nunca había temido a la muerte, pero si le reconcomía, la única misión que había tenido en su vida, y no había sido capaz de estar a la altura, aun no era demasiado tarde, su corazón aun latía, él aun respiraba, ya era suficiente para tener esperanza, se encontraba mejor que otros días anteriores, debía aprovechar, se apoderó de lápiz y papel, e inició a escribir:

“Se que no contesto tus cartas, pero me las leo una y otra vez, lamento no haberlo echo antes, lamentablemente es algo que solo estamos conscientes, cuando ya no hay marcha atrás, ya es hora que me responda, todas tus letras... No es momento de hacer un cambio, ese tiempo ya ha pasado, solo relájate, tomártelo con calma, todavía eres joven, esa es tu falla, tienes mucho que aprender, encuentra una chica, establécete, si quieres puedes casarte, yo ya soy viejo, pero soy feliz, yo también fui joven, como tú eres ahora y sé que no es fácil, estar tranquilo cuando algo pasa, piensa todo lo que tienes, tu aún estas aquí, aunque quizás tus sueños ya no, pero no olvides: No es momento de hacer un cambio, siéntate, tomátelo con calma, tu juventud es tu falla, hay mucho que tienes que pasar... Te entiendo bien, yo un día fui como tu, algún día, tu serás como yo”
Se tomó un descanso, se sentía exhausto. Le pidió a una enfermera amiga, si le podía mandar esta carta. Ella accedió. Él le entro un cansancio profundo, y se durmió.

Los días pasaban, su estado físico empeoraba, su fin se acercaba, pero su corazón se negaba, los médicos alucinaban.
Un día la puerta de su habitación se abrió, un joven entro, a su cama se acercó, a su lado se sentó, su mano abrazó y con lágrimas en los ojos recito:
“Como puedo hacer para explicarte, si cuando lo hago nunca estás de acuerdo, siempre ha sido lo mismo, desde el momento que pude hablar, me enseñaron a escuchar, pero ahora tengo una alternativa, y sé que tengo que marcharme. Todas las veces que lloré, guardándome todo lo que sabía, es doloroso, pero más lo es, callarlo, ignorarlo, tendría que aceptarlo, tienes razón, por ello debo irme, pero no podía hacerlo sin despedirme, decirte por primera vez, que te amo”
Escrito: 04 de mayo del 2018
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Carta de un gato negro





¿Por que? No puedo entender.... por que mi color de piel, o quizás mi ser... solo soy un gato, un ser vivo, como todos con necesidad de cariño. Mientras tu huyes al verme, porque según tu doy mala suerte, yo voy tras de ti, maullando, solo soy un gato abandonado, tengo hambre, y miedo, no entiendo porque me han abandonado “Es por el perro decían” ¿El perro? Era mi amigo, mi compañero de juegos, bueno o me dejaba jugar con él, era mayor, no tenía fuerza para más, pero le caía bien, y él a mi también. Era buen gato, o al menos lo intentaba, travieso quizás, pero era un cachorro, ¿que cachorro no lo es?

Cuando fui consciente, estaba en la calle, era oscuro, llovía, tenía frío, hambre y miedo, no entendía como había llegado allí, ¿Donde estaban mis amitos? ¿Y mi amigo perruno? ¿Porque estaba en medio de la nada? Estaba solo y tenía tanto miedo.



La gente iba y venía, por un lado, con miedo, por otro decidido, me acerque uno a uno, maullando, intentando caerles bien, pero todos huían “es un gato negro decían” “Da mala suerte” ¿Qué? Solo soy un ser vivo, con sentimientos y deseos, no tengo siete vidas como muchos dicen, tengo una como todos los seres vivos, no quiero malgastarla, no quiero estar más solo.
Solo quiero un hogar, una familia que no crea en esos mitos, que me quiera y yo les quiera, adoro a los perros, y los bebés, me encanta jugar con ellos, cuidarlos.


Llévame a tu casa, no doy mala suerte, no creeas en esos estereotipos, solo soy un gato con deseos de amar y ser amado. ¿De que forma mi color de piel te puede dañar? Como tu solo tengo una vida, quiero estar contigo. Dame una oportunidad, demuestra me que no todos los humanos no son malos, adopta un gato negro, adóptame, te amare por siempre, te lo demostraré continuamente. Vamos dame una oportunidad, no te arrepentirás.

Escrito: 14 de marzo del 2018
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Carta de despedida de un drogadicto a su mejor amiga

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