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miércoles, 30 de diciembre de 2020

Relato: Navidad en verano...

 

Me sentía extraña... navidad, a 40 grados, todo adornado si, villancicos se escuchaban, los comercios a rebosar estaban... pero el sol ardiente abundaba, la gente con pantalón y camisa corta andaba, en vez de chocolate caliente, helados se tragaban. No les apetecía para nada, estar con puertas cerradas en la protección de ese calor del hogar, que solo te da una buena chimenea...

Salí a pasear, muchos reposando en la playa estaban, con sus biquinis, sus bañadores, los niños corriendo y saltando entre la arena, que sus pies ardían, y el agua, poco congelada. La piel de muchos como gambas, ya que era navidad en la playa.

Pavo asado, familia, risas y cantos, todo desde una terraza, al aire agradable de la explanada.



Era una navidad, tan poco habituada, la verdad me sentía bien extrañada, una vez más la vida, los cambios de la naturaleza, me sorprenden, no puedo evitar asombrarme, todo tan idéntico y tan distinto, dos polos opuestos, en el mismo techo que es el cielo.

Pero aquel no era mi terreno, había atravesado volando todo un océano, para celebrar la navidad con mi buen amigo de Argentina... Es como si me hubiese despertado en un mundo al revés, extraño pero apetecible... jamás imaginé brindar con champan, gritar feliz navidad, en medio de la playa, jamás imaginé pasar la navidad con el aire acondicionado, en vez que la calefacción... Aquí Santa Claus no llega, con un traje rojo sino camisa, y pantalones cortos, no se les deja leche caliente, sino un refresco con hielo. Es la navidad más extraña, pero al mismo tiempo me encanta. Es que la naturaleza, es mágica, al mismo tiempo sabia.

Solo espero, amigo mío, que visites mi país, en navidad, que veas como es una Navidad Invernada, que podamos compartir, esa opinión personal, de esta naturaleza sabia.

Escrito: 02 de enero del 2014

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Relato de la canción; Ven a mi casa está navidad

 


Jin hacía 9 meses que había dejado su tierra natal, en busca de una vida mejor, un buen trabajo, un hogar, unas buenas amistades... esa vida digna que todos merecían... con esa ilusión llegó a ese nuevo país, que tanto había escuchado que podía encontrar, dejando atrás a su patria, a su familia, a su hogar.

Sí, tenía un trabajo, pero seguía solo, muchos compañeros, ningún amigo, dudaba del verdadero compañerismo, o simple formalidad... se sentía triste por ello, triste y solo, muy solo... sobretodo en esas fechas, en esa primera navidad... que estaba tan alejado de todo, tan alejado de Corea tan lejos de todo lo que conocía y amaba.

- Hola Jin ¿como estás? ¿Preparado para la navidad? ¿es el primer año que lo pasarás lejos de los tuyos verdad? ¿tienes con quien juntarte? -le pregunté cuando lo encontré, días tan cercanos al 24 de diciembre.

- Oh si, si claro, estaré... con unos amigos si... lo siento tengo que irme, tengo algo de prisa, disculpa... -vi como saliste corriendo, con tu cabeza baja -ah... Feliz navidad...

24 de diciembre, ya era de noche... tuve que salir a unos recados de ultima hora... te vi, te encontré en aquel banco de aquel parque... tristeza indicaba tu mirada, me acerqué y tu simulaste no haber llorado, pero lo siento, tus ojos inchados te delataron... Me acerqué a ti...



- Al final mis amigos no han podido -Me dijiste. Estoy convencido que nunca te invitaron en esta navidad.

- Escúchame, conmigo no tienes que fingir... tu alma habla por ti... Yo se que tu estás lejos de tu tierra y de tu hogar, y tienes pena, pena en tu alma... ya no puedes dejar de pensar... Tu que en esta noche no puedes dejar de recordar...

- No de verdad, estoy bien... es solo que se me metió algo en el ojo, pero estoy bien... Gracias -se puso en pie dispuesto a marchar -le cogí del brazo

-Espera... Son unas fechas difíciles, se que no puedes dejar de recordar, por eso te quiero invitar, quiero que sepas que en nuestra mesa tienes un lugar...

- Es usted muy amable... pero...

- Se que tu recuerdas quizás a tus padres, o aun hijo que no está, físicamente no estarán, pero te aseguro que te acompañarán... ¿Que haces por estas calles solo? acompáñanos, e intenta que tu sonrisa sea la protagonista

- Pero... tiene familia, no creo que les haga ninguna gracia a un desconocido en su mesa en la víspera de navidad.

- Ellos igual que yo están encantados...

por eso y mucho más ven a mi casa esta navidad. Vamos hombre no es nada bueno estar solo en navidad... acompáñenos...



- Esta bien, si realmente así lo desean, acepto la invitación, se lo agradezco enormemente.

- Muchísimas gracias a ti... -hicieron juntos el trayecto hacía el hogar donde todos juntos, celebrarían la navidad...

Escrito: 24 de diciembre del 2013

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Relato; Una navidad especial

 


Era diciembre, el final de un año estaba cerca, pero la navidad aun más... Kevin un joven de no mas de 9 años, se acercó a su mamá, que se encontraba en el salón escribiendo lo que parecía una carta.

- Mama, ¿que haces?

- Escribo una carta cariño.

- ¿Le escribes a Joao?

- Así es... ¿ya sabes que juguete le quieres dar este año?

- Aun no -contesto pensando en Joao, ese niño de Angola, de su edad, en el que su mamá era su padrina... Gracias a la colaboración de su mama, él podía estudiar, beber agua potable, tener ropa para vestirse, comida para alimentarse... Como cada navidad, también le llevaban un juguete, para que el también tuviera navidad, ya que Santa Claus, no podía llegar tan lejos... -mama, ¿Qué es exactamente la Navidad?

- Es una época muy especial, una época, para pensar, ayudar a los demás, una época para dar y mostrar la generosidad del ser humano.

- ¡ah! -se quedó pensando Kevin -por eso le mandamos esos regalos a Joao por navidad.

- Así es... ellos también se merecen pasar una navidad lo más feliz posible -su madre, le sentó en sus rodillas.

- Pues... ¿porque no le invitamos a pasar está navidad con nosotros?

- Oye... pos no es mala idea... Déjame ver los vuelos a Angola -no tardó en situarse frente al ordenador, tecleando lo necesario para observar lo que le interesaba, para su sorpresa, se encontró unos vuelos muy económicos, no tardo, en pagar uno, para darle a ese niño del Tercer mundo esa navidad que todo niño debería tener.

Kevin estaba nervioso, sentía su corazón latiendo con fuerza, sus ojos no se apartaban de la puerta. Ya hacía dos días que su mamá había cogido ese vuelo, para ir a recoger a Joao, tras hablar con la asistente que se encargaba de su caso, que no puso resistencia ninguna, al contrario le dio una alegría inmensa, que alguien del primer mundo haga algo tan bello y hermoso por un niño del tercer mundo. La mamá de Kevin, ya hacía horas que había telefoneado, para informar que Joao y ella, iban para allá.



El frió había llegado a la ciudad, se olía en el aire la cercanía de la navidad, los villancicos se escuchaba desde cada esquina, solo faltaba una cosa para que todo estuviera perfecto eran esos copos, que la nieve, hiciera acto de presencia.

La puerta se abrió... ¡al fin habían llegado! Kevin se acercó para saludarles, estaba ansioso por saludar y dar la bienvenida a Joao.

- Hola, hola, ya hemos llegado -saludo alegremente su madre -mira cielo te presento a Joao, Joao -se agacho a la altura del pequeño, él es Kevin. Kevin no tardó en ir abrazarle -¿porque no le enseñas la casa y vuestro cuarto, mientras yo os preparo algo para comer?

- ¡Claro que si! -Le cogió su mano, le acompañó a su habitación.

Joao quedó maravillado al tener ante sus ojos la habitación de Kevin, peluches rodeaban su cama; grande y espaciosa, posters se adueñaban de las paredes de color azul. El gran televisor que habitaba sobre el mueble llamó la atención del recién llegado. Señaló con el dedo.



- ¿El televisor? -No dudó en encenderla donde se escucho un sinfín de disparos -Joao se sobresaltó y se escondió tras una caja. Kevin no pudo evitar reírse -No temas, no es real -apagó el televisor. Alguien llamó a la puerta de la habitación, no tardó entrar la mujer de la casa, con una bandeja, con batido de cacao, y unos bollos.

- Hola chicos ¿como estáis? -os he traído algo para que comáis.

- Joao, tiene miedo al televisor, se piensa que es real -le contó Kevin.

- Es normal, para él es algo nuevo -le sonrió su madre, ofreciéndole un bollo al invitado. Este dudó en cogerlo, cuando lo hizo, su desconfianza no disminuyó, olfateo, antes de echarle bocado. Tras ese inicio, no tardo en tragarse el bollo entero con desesperación -tranquilo Joao, no tan rápido, que te sentará mal, no temas hay mas, nadie te los va a quitar.

Después de que los dos niños merendaran, se abrigaron bien, ya había oscurecido, por ello, querían aprovechar para ver los adornos y luces navideñas. Para Joao era un espectáculo único, no podía más que maravillarse. Los villancicos se escuchaban desde el centro comercial. No dudaron en entrar a ver que podían encontrar.



Esa noche antes de cenar, los más pequeños prepararon el árbol de navidad... con villancicos que se escuchaban por toda la casa. Ya eran 23 de diciembre, la noche siguiente llegaría Santa Claus a la ciudad.

24 de diciembre, la víspera de navidad... un día repleto de emociones, y novedades para Joao.

- Mama, Joao y yo ya hemos escrito la carta a Santa Claus, debemos ir al centro comercial, a entregársela.

- Así lo haremos ¿Puedo saber que habéis pedido? -sintió curiosidad su madre.

- Ya te leí mi carta, no habido cambios jeje, Joao solo pidió una pelota, mira que le enseñado juguetes, pero solo quiere una pelota... -se encogió de hombros.



Ya había oscurecido, cuando entraron al centro comercial, directos fueron donde les interesaba, a dar la carta a Santa Claus... pero antes debían esperar en esa larga cola. Kevin y Joao pasaron juntos, a Joao, le daba miedo ese hombre tan grandote, con esos pelos y barbas tan blancas, apenas le entrego la carta, se escondió tras la mamá de Kevin. Ella, le convenció que se acercara junto a Kevin, se pusieran con Santa donde les haría una foto. Joao algo atemorizado pero le complació. Siguieron paseando por las calles adornadas, ignorando las bajas temperaturas considerables. Se escuchaban varias voces cantando villancicos en la plaza principal, al lado del gran abeto adornado. Se detuvieron a escuchar, mientras les invitaban a una taza de chocolate caliente. Joao se sentía tan apresurado por probar esa delicia, que no se fijo en lo caliente que estaba, en el que no pudo evitar escaldarse la lengua. Las luces del gran abeto se encendieron, la estrella fugaz, adornada en la capa más alta, alumbraba con fuerza. Sin aviso sintieron como pequeñas gotas caían sobre de ellos...

- Mama... Esta empezando a llover...

- No... no es agua... es nieve... - confirmo su madre dejando que un copo cayera sobre la palma de su mano.

- ¿Nieve? ¿esta nevando? ¡Esta nevando! -saltaba de alegría Kevin. Cogió las manos de su nuevo amigo, juntos empezaron a bailar, aunque Joao poco entendía lo que estaba pasando -mama, ¿Joao nunca ha visto nevar verdad?

- Creo que no hijo.

- ¡¡¡Wow!!! Ya verás que divertido Joao... cuando cubra la nieve podremos jugar con ella -Se escucharon las campanas de la iglesia las nueve indicaban.

- Ya son las nueve, nosotros sin hacer el pollo relleno, mas vale que nos demos prisa, sino Santa Claus pasará de largo.

Los dos pequeños, ayudaron a preparar la cena de ese 24 de diciembre la víspera de navidad, juntos cocinaron ricas galletas de chocolate y nata, con todo en el horno, no les quedaba más que esperar, de tanto subieron a la habitación, Kevin enseño a Joao a jugar a los videojuegos, después se asomaron a la ventana, a ver como ya la nieve había dejado un manto blanco.

- ¡Ha cenar! -los pequeños no tardaron en bajar, sentarse alrededor de la mesa, Kevin, bendició esa cena de navidad. Tras los postres. Kevin y Joao prepararon el tazón de cereales con leche, para Santa Claus, y agua para sus renos. No tardaron en acostarse, ya que sabían, que si no dormían, Santa no llegaría...

- Joao... -Nombro Kevin en un susurro -Joao despierta... ¡Es navidad! ¡Ha venido Santa! -Joao abrió un ojo... poco a poco abría el otro... Kevin lo destapó por completo, lo levantó con esfuerzo, lo arrastro al salón.

- ¡Buenos días chicos! ¡Mirar cuantas cosas os ha dejado Santa! -Los ojos de Joao se agrandaron enormemente, al ver bajo el árbol de navidad, más de media docena de paquetes envueltos, se acercó con Cautela.

- ¡Mira Joao! Este es para ti, y este, y este, y este también -exclamo Kevin. Joao cogió un paquete envuelto le empezó a dar vuelta, a moverlo delante de si -No así no... hay que romper el papel, mírame, le indicó con un gesto de su mano. Joao lo miró, fijamente, no tardó en imitarle. Un chándal, un equipo de gorro, bufanda, chaqueta y guantes un tren, un peluche, un coche de control y una pelota, eran sus regalos. Otros tantos con lo deseado para Kevin.



- ¡Mirar chicos! Ha nevado toda la noche, esta todo blanco -les informó la madre. Kevin corrió a la ventana, Joao lo imitó.

- ¿Podemos salir mama? ¿podemos? ¿podemos?

- Claro que si, pero abrigaros bien -apenas acabó la frase, los chicos ya habían desaparecido, salió tras de ellos, pudo observar como Kevin corría, como loco, cogiendo, tirando bolas de nieve. Joao en cambio se quedó petrificado en un rincón, sus ojos se agradaron considerablemente, asombrado por la grandísima capa blanca que observaba. Sin que fuera consciente, una bola helada blanca cayó sobre de él. El rostro de Joao representaba que estaba congelada -eso no vale Kevin... ahora verás... -se acercó a Joao, hizo una bola de nieve, con una sonrisa en los labios se la tiro a su hijo. Joao no tardó en pillarle el truco, le empezaba a divertir ese juego, no tardo en vengarse de Kevin...

Las horas pasaban rápido... Joao y Kevin pasaban los minutos, con ese manto blanco, entre muñecos y bolas de nieve. Fue una navidad bien divertida, entretenida y sobretodo especial, no solo para Joao, para Kevin y su mamá igual. No importaba las comidas o los regalos, aquella navidad, era especial, porque habían cumplido el verdadero objetivo, el verdadero significado de la navidad, ayudar, darle una real navidad a alguien que realmente le hacia falta.

27 de diciembre Joao debía volver a su tierra. En el aeropuerto se encontraban ante la despedida.

- Mama, ¿por qué no se queda aquí con nosotros? Tendrá todo lo que necesita que en su país no puede tener... Yo le enseñare el idioma, y le dejaré todos mis juguetes...

- Tienes un gran corazón hijo mío, estoy muy orgullosa de ti, pero no es tan fácil... él tiene una familia, que lo quieren y lo necesitan, nosotros le seguiremos ayudando, gracias a eso no le faltará nada, ya ves se lleva muchas cosas que le hará bien... no solo a él, a mas niños y niñas de su país.

- Tienes razón... hay tanta gente en la pobreza... hay tanta gente que necesita ayuda.... con nuestras donaciones podremos ayudar a mas personas de su país ¿verdad mama?

- Así es hijo, con nuestra ayuda no solo a Joao sino a más personas...

- Gracias por venir... Ojala te hayas divertido... -se emocionaba Kevin.

- Gra... Gracias... -pronunció Joao con emoción, dando un fuerte y emotivo abrazo a Kevin.

- ¡¡¡Wow!!! Lo has escuchado mamá... ¡¡¡A dicho la primera palabra en ingles!!!

- Sí, lo escuché -respondió emocionada su madre -Joao ha sido un placer, muchísimas gracias por aceptar la invitación, para lo que necesites, nos escribes, te lo haremos llegar... ¡¡¡cuídate muchísimo!!! Seguro que no es la ultima vez que nos vemos -le abrazó con fuerza y emoción -No te olvides tus regalos...

- A... Adios... -se despidió antes de pasar la barrera. Kevin, se abrazó a su madre con emoción, lamentaba la partida de Joao... pensaba que ojala le hubiese gustado los regalos que se llevaba, pero al mismo fue consciente que el mayor regalos de todos, es haber celebrado una verdadera navidad, esa experiencia, que en su corazón siempre va ha estar gravada.

Escrito: 22 de diciembre del 2013

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lunes, 28 de diciembre de 2020

El verdadero significado de la navidad. Reflexión personal

 


En el siglo que estamos la Navidad a perdido el verdadero significado de el cual se inició esta tradición. Voy por la calle, sigo viendo mendigos pidiendo caridad, gente que pasa por su lado sin ni siquiera mirar. Las calles adornadas están, eso no puede faltar, los comercios felices están porque son los protagonistas y ganancias no les van a faltar.

Pero... ¿Qué es la navidad? ¿cual es el verdadero significado de está? Acaso es solo, una época para recibir aquellos regalos que en otro tiempo no recibirías.... ¿Realmente solo es eso?



Para los creyentes, el 25 de diciembre es la celebración del nacimiento del niño Dios, el rey de los reyes, el creador del cielo y la tierra, el nacimiento de aquel que desde ese primer día, ya tenía su sentencia de muerte, el nacimiento de Jesús, el niño que dará su vida 33 años más tarde, por aquellos seguidores y no seguidores en el planeta tierra.

Sin importar si eres creyente o no, el verdadero significado de la navidad, es tiempo de dar, de abrir tu corazón, de perdonar, tiempo de paz, al ser posible de felicidad.



El verdadero significado de la navidad, no son los regalos bajo el árbol, ni ese afán de gastar... sino de ser más humano, de escuchar al corazón, de dar oportunidades, de saber compartir o dar sin pedir nada a cambio, de recordar a los que ya no están, olvidar las guerras pasadas y perdonar. Navidad es recordar quien somos y que valores tenemos, recordar que somos humanos, comportarnos como tal, demostrando el sentido de la humanidad, navidad es darle la mano al mendigo, ofrecerle un cobijo del frío en ese día especial.

Escrito: 09 de diciembre del 2013

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Relato: Carta a Santa Claus...

 


Querido Santa Claus,

Este año, me he portado bastante bien hecho los deberes del cole, he hecho caso a mamá y a papa, no me he peleado con otros niños… por eso te quería pedir, las siguientes cosas…

Pero antes… me gustaría que me cumplieses otra cosa, o al menos que me lo expliques para que yo pueda entenderlo…



Todos los niños del cole, me dicen que yo tengo que pedirte unas piernas nuevas para que sea un niño normal ¿por qué dicen eso? ¿acaso no soy normal? Yo se que ellos hacen cosas que yo no puedo hacer, pero ¿y que? Yo también se cosas que ellos no saben hacer… Se ganar una carrera, gracias a mis brazos, en la carrera del cole, muchas veces gano, eso que todos corren con sus piernas ¡¡¡y sin hacer trampas eh!!! O se jugar a básquet sentado en mi silla de ruedas, muchos amigos no saben manejar la silla y la pelota al mismo tiempo. Me gusta mucho el juego de las damas, pocos me ganan, desde bien chiquito me gusta escribir cuentos,¡ ya gané dos concursos! ¿Sabes de mayor me gustaría ser actor? ¿Es necesario no tener ruedas para ello? ¡mama dice que teniendo ruedas también se puede!

Sabes lo que me da rabia que no puedo subirme a los columpios como los otros niños en el parque, igual pasa cuando quiero ir algún sitio, pero mis piernas no pueden ir, como los escalones, pero mi mamá me dijo que no era culpa mía, ni de mi silla, la culpa son de personas que son muy egoístas y no piensan en los demás, por favor Santa, no les traiga nada a ellas ¡¡¡no se lo merecen!!!



Sabes santa, a veces si que pregunto a mama, si soy un niño de verdad, o soy como Pinocho, diferente a los demás… ella me dice, que soy como los demás niños, solo que yo, puedo enseñarles cosas que ellos no saben ni imaginan, sus papas tampoco… no entiendo muy bien eso… ¿me lo puedes explicar? Aunque es verdad, mi amigo Pablo tiene gafas, Dani le gusta mucho comer, Pedro es de México… todos somos diferentes.. sino… que aburrido sería ¿no? Pero también explícame porfa, porque la gente, quiere que me cure… ¡yo no estoy enfermo! Tampoco soy un angel… ¡no tengo alas! ¿o las tengo invisibles?

Mucha gente abrá pedido en su carta que me cure… ¡¡¡por favor no les cumpla el deseo!!! ¡yo soy feliz así! Porque mi mama, me explicó que no soy diferente, soy como los demás ¡normal! Más bien ayuda a ellos que lo entiendan, porque ese día no fueron al cole y no pudieron aprender…



¡¡¡Ah Santa!!! ¿Sabes? a venido una niña nueva a mi clase, somos muy buenos amigos, siempre me quiere ayudar con mi silla, y paseamos juntos, es muy guapa, le pedido si quiere ser mi novia ¡¡¡me ha dicho que si!!! ¡¡¡Seremos novios para siempre!!!

Bien Santa Claus muchas gracias por leer mi carta, ahora te pondré los regalos que quiero. Ya te dejaré leche con galletas, y agua para tus renos… ¡No te olvides de pasar por mi casa ¿eh?

Oscar

 

Escrito: 16 de enero del 2013

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Relato: Un novio por navidad

 


Se acercaba navidad, la nieve ya había echo acto de presencia, desde la noche pasada. Los villancicos se escuchaban por toda la ciudad, y toda ella, estaba adornada e iluminada. Los chiquillos, jugaban a tirarse bolas de nieve.

El centro comercial, tenía sus puertas abiertas, este estaba bien iluminado, y decorado acompañado de unos villancicos. Un Santa Claus estaba sentado en su trono, sentando en sus rodillas a todos aquellos niños que deseaban darle su carta de regalos, y decirlo de su misma voz. Claudia una chica en silla de ruedas, rondaba por allí para calentarse de las bajas temperaturas, no pudo evitar pasar delante de ese Santa Claus:

- ¡Ho, ho, ho feliz Navidad! –le indicó a la chica. Claudia no dijo nada, solo indico una débil sonrisa.

- Ei espera un momento… si, tu, la chica rubia de ojos oscuros –se levanto de su asiento Santa.

- ¿Yo? –se sorprendió mirando a su alrededor.

- Si, tu, por favor, acércate –Claudia notaba como su cara se enrojecía, mas de una decena de niños esperaban que santa les subiera a sus piernas, y ella, con 20 años, pasaba a todos, si la fusilaban le echaría la culpa a ese anciano gordinflon con traje rojo, eran pequeños si, pero matones también –por favor ayudarla –Claudia no se lo podía creer, dos grandullones la alzaron en brazos sentándola en las piernas de Santa Claus. Su vergüenza aumentó considerablemente –¿y tu? ¿Qué deseas por navidad?

- Por favor bájenme de aquí, todo el mundo me esta mirando, me estoy muriendo de vergüenza.

- ¿Por qué? –se sorprendió Santa Claus –todo el mundo tiene derecho a pedir su deseo de navidad, tu también.

- Yo ya no soy una niña, para creer estas chorradas.

- Te equivocas, no es necesario ser niño para creer en los deseos, tenerlos y confiar que se hagan realidad, no dejes que esa parte de ti, se pierda –Claudia, permaneció en silenció, evitando la mirada del anciano –yo ya se lo que quieres para navidad Claudia, quiero que sepas que voy a intentar por todos los medios que se haga realidad.

- ¿Como sabe mi nombre? –no pudo evitar salir de su asombro Claudia.

- Soy Santa Claus, lo se todo –le guiño un ojo a la joven. –te voy a dar algo, cogió de la parte de atrás un libro dorado –hazme un favor, sé que tienes madera para escribir, por favor, escribe tu historia perfecta…

- ¿Como? No entiendo…

- Sí que entiendes, escríbela, no te arrepentirás…

Claudia conducció su silla sin poder salir de su propio asombro, ¿como sabía ese desconocido como se llamaba? Pero poco a poco se hizo a la idea, que muchos del centro comercial le conocían cualquiera le ha podido dar su nombre.

- ¿Y este libro? –le echó un vistazo a las tapas doradas. Las abrió y ojeo su interior, estaban en blanco –ese hombre me ha dicho que es para escribir mi historia ¿Cómo sabía el que me gusta escribir, si nadie lo sabe? –el frío aumentaba, debía volver a casa, ya pensaría mas tarde sobre el libro. Al llegar… tras tomar una taza de chocolate caliente, se encerró en su habitación, cogió su mejor pluma, abrió el libro y empezó a escribir…

- Buenos días mamá –saludo Claudia con una amplia sonrisa en sus labios.

- Buenos días que contenta te veo esta mañana.

- Si es que he tenido un sueño guapo.

- Anoche te quedaste dormida en el escritorio, te tuve que acostar.

- Si ya lo vi gracias, me lie escribiendo el nuevo libro y me quede dormida.

- ¿De verdad? Lo ojeé, lo siento no pude evitarlo –explicó viendo la mirada furtiva de su hija, pero no tardo en mostrarle sonrisa.

- ¿y que te pareció? –saco pecho con orgullo.

- Pues sinceramente… no entiendo a que viene esa pregunta, estaba en blanco.

- ¡¿Como que en blanco?! –No pudo evitar sorprenderse Claudia. Pero no tenía tiempo, ya lo vería mas tarde.

La campana de la puerta se escuchó. Claudia acababa de comprar su batido de cacao con su bollo de crema. Condujo su silla, con la bandeja en sus rodillas a la mesa indicada, la que ya les tenían preparada, la que le faltaba una silla, para sustituirla, por la suya propia. Apoyo su codo, a la mesa, su palma, estaba en su barbilla, pensativa, miraba por la ventana, el cielo estaba bien claro, el sol débil calentaba.

- Disculpa, te importa si me siento… es que esta todo lleno –Claudia, miró a su alrededor, tenía razón, es que a esa hora, nunca había asiento libre. Claudia intentó seguir con sus pensamientos, pero la inquietud de ese chico le llamo la atención, pero decidió no darle importancia. Abrió su mochila, sacó su teléfono móvil, y empezó a tocar teclas –perdona… me muero de vergüenza… pero... ¿me podrías dejar tu teléfono para llamar a mi hermana? Es que el coche me ha dejado tirado, y como siempre me he olvidado el móvil, por lo que veo aquí no hay teléfono… yo…

- Está bien, llama –respondió algo desconfiada, no quería serlo, pero el tiempo, y la experiencia, le enseñaron a ser así.

- Ufff te debo una… -le mostro una sonrisa de alivio. Le miró fijamente, de tanto él hablaba; delgado, pelo bien corto, engominado, rubio, ojos verdosos. Tenía la sensación que ya había visto ese chico antes, pero no sabía donde –ya está solucionado, en media hora, mi hermana vendrá por mi, mil gracias, me has ayudado muchísimo, deja que te invite a un café –le mostro una sincera sonrisa.

- Tengo que volver a clase –se preparaba Clara incomoda.

- Espera por favor…

- Tengo prisa… por favor cóbrame –le dijo al camarero.

- Por favor, lo de la señorita póngalo en mi cuenta –declaro tal desconocido.

- ¿Por qué? –preguntó Claudia a la defensiva.

- Es lo mínimo que puedo hacer por ayudarme –le sonrió.

- Ah, gracias –acto seguido desapareció entre el camino rodeado de nieve.

Ya en su casa, acostada, no podía dejar de pensar en ese chico de la cafetería ¿Quién sería? ni su nombre sabía… ¿por qué se había acercado a ella? No entendía porque su cerebro le daba tantas vueltas… necesitaba ayuda, ella es a quien vio primero, debía olvidarse de él sino volverían a lastimar su corazón aún no cicatrizado. ¿Por qué no se lo podía sacar de la cabeza? Había algo en él, algo que le atraía, estaba segura, que le había visto en alguna parte, tenía la impresión que ya había hablado con él antes… ¿pero como era posible? Si estaba convencida, que era la primera vez que lo veía…. Ella no sabía… sin ser consciente, debatiéndose entre sus propios pensamientos, se quedó dormida.

A la mañana se levantó temprano, decidió, seguirle al libro de portadas doradas, antes de ir a clase…

Había vuelto a nevar, todo el paisaje se veía blanco y helado. Clara no pudo evitar un escalofrío de frio, pensando que no recordó ponerle las cadenas a su silla, ya llegaba tarde, no tenía tiempo de volver atrás.

- Nada, tendré que pasar, tanto si como si –pensó clara para si. Respiro Profundamente, tras contar hasta tres, se lanzo avanzar… No le era fácil. La nieve había caído durante horas, la buena capa blanca no era pequeña. Sentía que patinaba, notaba que no avanzaba. Cada segundo era más dificultoso, era testigo, de como las ruedas se sumergían en esa capa blanca – ¡oh no! ¿Que hacer? –echó un vistazo a su alrededor, mucha gente pasaba y nadie la ha ayudaba.

- Vaya… veo que estás en un apuro, ¿me permite ayudarla señorita? –notó como un desconocido, se aferraba a los manguitos de su silla. Su voz se escuchaba joven.

- Sí por favor… gracias… -agradeció la joven.

- Ya esta –pronunció con una sonrisa

- ¡Si eres tu! –pronunciaron ambos de una misma vez. Al comprobar que los dos eran los mismos que se encontraron en la cafetería. Clara y el chico que se sentó a su lado, ella le dejo el teléfono móvil.

- Bueno… pues lo dicho gracias –dijo sin poder evitar sonrojarse. No entendía porque, pero ese chico le causaba nerviosismo ¿sería que le gustaba?

- De nada ha sido un placer señorita –le sonrió haciendo una reverencia.

- Ahora tengo prisa, tengo que ir a clase, ¿me dejas que te invite a algo en la cafetería de los Ston después?

- Si tú realmente lo deseas, claro que si.

- Genial… ¿nos encontramos a la 13.30 entonces?

- Allí estaré, no faltaré.

- Bien… pues asta luego –no tardo en alejarse Clara. Se sentía extraña, volvía a tener esa sensación, que solo ha veces le llegaba, la que estaba viviendo, una escena ya vivida, como la que acababa de vivir, ella quedándose atrapada en la nieve, ese chico misterioso que tanto le sonaba su rostro, rescatándola. Pero para Clara no era novedad, a menudo le ocurría lo mismo, tener esa extraña sensación de vivir lo ya vivido.

- Vaya… es una gran coincidencia, que nos volviéramos a encontrar.

- Si, realmente si, es de agradecer, sino me hubiese quedado atrapada en la nieve horas –Clara y su acompañante, se encontraban en el mismo bar, donde se vieron por primera vez. Ambos tomaban una taza de chocolate caliente, para entrar en calor, ante la ola de frío glacial que se les avecinaba.

- Sí, casualidad también por allí, no suelo frecuentar mucho la verdad –la sonrió.

- Pues menos mal –ella le correspondió de la misma manera.

- Por cierto, dos quedadas, aun no se tu nombre...

- Me llamo Clara –le ofreció para estrecharle la mano.

- Yo Erick, mucho gusto Clara –le estrecho la mano. Acto seguido ambos, se echaron a reír…..

- …Me lo he pasado muy bien… Gracias, por ese chocolate caliente –expreso el chico con timidez.

- Gracias a ti por aceptar mi invitación, y por tu ayuda obviamente –Clara fue testigo como el chico cogía su móvil, y observaba algo.

- Apunta, que te daré mi teléfono móvil, así si vuelves a estar en un apuro, podré ayudarte.

- Gracias.

Era pasada media noche, Clara, seguía con sus ojos como búhos, a la expectativa de todo lo que pasaba a su alrededor, por mas que lo intentaba no lograba conciliar el sueño. Se sentía nerviosa por ese chico que había parecido en su vida, Erick. ¿por qué tenía la impresión que ya le conocía? Se estaba ilusionando, no le gustaba, porque ella sabía lo que después pasaba, acababa sola y decepcionada. No pudo sostenerse, agarró su móvil, empezó a escribirle un mensaje, deseaba no despertarle, pero no pudo detenerse. No tardo en obtener respuesta;

¡¡¡Hola guapa!!! Tranquila no me has despertado, no puedo conciliar el sueño, por culpa de una señorita, que hoy he ayudado porque estaba en apuros… No me tienes que dar las gracias preciosa, me da gusto ayudar, aun mas a una chica tan guapa, valiente y simpática como tu. Descansa preciosa, con tu permiso me atrevo a besarte la mejilla y guardarme tu numero de móvil en mi agenda telefónica. Porfi mándame respuesta, para no hacer nada que te incomode. Dulces sueños.

Aquel mensaje, solo fue el principio de una larga conversación entre mensajes, perdidas y llamadas, mas de sesenta minutos estuvieron en contacto.

Despertó cerca del mediodía al día siguiente, lo primero que hizo, fue escribir en su libro, le quedaba tan poco, ese mismo sábado lo terminaría. Se había despertado contenta esa mañana, feliz, sin entender el porqué, pensando en Erick, y con un final para su historia. Todo lo vivido con Eric le era tan familiar, al mismo tiempo le había inspirado a terminar ese libro de tapas doradas. Li-li-li mensaje de móvil. Sus ojos bailaron chiribitas, al ver su remitente… ¡Era Erick! ¡Le invitaba a tomar algo! O en otras palabras ¡iba a tener una cita con él!

Con ilusión y emoción, se preparó para esa primera cita. Decidió llevarse su libro recién terminado, para mostrárselo, y saber su más sincera opinión. Suspiro con profundidad. Notaba su corazón latiendo con fuerza, tenía la impresión, que en cualquier momento se le saldría del pecho. Al identificar a Erick, en la distancia, su corazón se aceleró aun mas si era posible. Estaba tan guapo… Sin aviso, sintió temor, temor de sus propios temores, de sus propios sentimientos… ¿si todo volvía a ser una fantasía de no más de dos días?

- Clara… Que guapa estás

- Tu tampoco estas nada mal –se dieron dos besos en la mejilla. Comenzaron a caminar. En silencio, con timidez. Ambos con la cabeza baja, mirando de reojo al otro, cuando este no miraba

- Ya lleguemos… deja que te abra la puerta –no tardo en actuar el chico caballerosamente.

Clara y Erick se encontraban en una mesa de dos, con sus dos pedidos en ellas.

- Eres tan hermosa… -los ojos de Erick brillaban, cogiendo la mano de Clara.

- Tu también eres muy guapo –Se tomaban su pedido pausadamente, rompiendo el hielo entre ellos.

- Estas temblando… ¿tienes frío? –se fijó el chico.

- Un poco, pero estoy bien –fue testigo como el muchacho se puso en pie, se sacó su chaqueta, y se la puso por encima a la chica.

- No hace falta, de verdad, no quiero que cojas frío por mí… -pronunció con timidez.

- Yo estoy bien preciosa, voy bien abrigado, lo importante eres tú.

- Muchas gracias, mira me gustaría mostrarte algo… -saco de su bolso el libro de tapas doradas –ha ver que te parece… lo he escrito yo…

- ¿Eres escritora? –se sorprendió.

- Aficionada, me gusta escribir…

- ¡Es fantástico! Me alaga mucho que yo pueda leerla –le agradeció cogiendo el libro de tapas doradas –desde fuera ya se distingue, que tu libro promete –le guiño un ojo – ¿puedo ver el interior?

- Por favor –pronunció casi en forma de suplica.

- A ver, a ver –la ilusión se le notaba, pero su rostro no tardo en esconderse.

- ¿Que… Que pasa? ¿no te gusta?

- No, no es eso es que… -le paso el libro ¡estaba vacío! "¿como es posible?"  "¡si lo acabe esta tarde!" "es imposible" -¿estás bien?

- Sí, si perdona, me habré equivocado de tapas… -mintió, sin entender, lo que realmente pasaba.

- Sabes tienes unos ojos preciosos –se fijó el chico.

- Gracias…

- Me encanta tu sonrisa, por favor que no se apague nunca… -se miraban a los ojos, penetrantes, en ambos se podía contemplar, el sentimiento del otro, como dos estrellas luminosas.

- Oh me gustas mucho –susurró Clara. Sus rostros se acercaban lentamente.

- Tu aroma es muy bonito… -clara quedó extasiada, notaba el aliento del chico cada vez mas próximo, solo a unos milímetros del suyo propio.

- Tu también hueles muy bien… -sin ser conscientes que el muérdago estaba encima de sus cabezas, se besaron, un beso corto pero intenso.

Eran las siete de la mañana yacía rato despierta, pensando en su novela ya terminada y en Erick le era tan familiar, y estaba convencida que jamás lo había visto, pero al mismo tiempo, estaba segura que todo lo vivido con él, ya lo había vivido antes. Sin aviso sus ojos se abrieron como platos, tuvo la repentina necesidad, de levantarse, de revisar su historia de tapas doradas. Sus ojos se abrieron ante el asombro repentino… Erick, y todo lo vivido era su propia historia, su más profundo deseo, expresada en letras, sacada de su pensamiento, de sus sentimientos mas profundos… ¿Quién era aquel Santa Claus? Porque ya era muy mayor para creerlo, sino aseguraría, que realmente era Santa Claus y no alguien vestido de él.

24 de diciembre, el árbol puesto, la casa adornada, la cena preparada, la familia de Clara ya estaba sentada, en la mesa rectangular, al lado de la ardiente chimenea, hablando, comiendo, bebiendo y riendo, celebrando la víspera de navidad. El aveto, estaba adornado, y luminoso de luces de colores, paquetes envueltos se encontraba a su alrededor. Los villancicos se escuchaban por toda la sala.

- Y bien… ¡la hora de abrir los regalos! -Exclamó la madre de Clara entusiasmada. Ding- dong, el timbre se escuchó.

- Debe de ser Erick.

- Pues llega justo a tiempo… pasa, pasa chico llegas justo en el momento –le ofreció entrar, tras abrirle la puerta.

Todos se sentaron alrededor del árbol, cada uno se apropiedaba de su paquete indicado.

- Mira Clara este es para ti –le alcanzó su madre.

- Oh… ¿que será? –exclamó moviendo la caja. Con impaciencia hizo sonar la caja. No escuchó nada. Rompió el envoltorio con rapidez, e ilusión. Su rostro no tardo en desvanecerse, al encontrar su libro de tapas doradas –¿pero como? No tiene ninguna gracia, se dirigió a su familia.

- Nosotros no tenemos nada que ver… -se encogieron de hombros sus padres. Clara miró a Eric.

- Yo acabo de llegar cariño.

- ¿Entonces?

- Mira hay una nota –se fijó Eric.



Ya te dije que nunca es demasiado tarde para que tus deseos se hagan realidad… Tu escribiste tu historia, tu mas anhelado deseo, en el que yo, intente y logré hacer realidad, un chico, sensible, cariñoso, que te quiere por lo que eres, no por tu físico ni tu silla de ruedas, se enamorara de ti, Erick está a tu lado. El libro de tapas doradas, es un libro mágico, solo podía ver su contenido su propietaria, ahora ya, una vez acabado, ya es visible para todos. Que pases unas felices fiestas Clara, por favor no dudes más de la magia de la Navidad.

Los ojos de Clara brillaban de la emoción. Abrazó esa pequeña carta, agradeció en silencio ese deseo cumplido, se prometió algo a si misma, nunca mas dudaría de la navidad.

Escrito: 25 de noviembre del 2012

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Relato: Deseo de navidad

 


En la granja de los Guzmán, había caído una buena helada de principios de diciembre, todo se encontraba frío y blanco. El termómetro del exterior marcaba el bajo cero. El cielo estaba gris, blanquecino, no tardaría en volver a nevar. Suerte que dentro de la casa, la temperatura, era mas superior, gracias al fuego de la chimenea, que estuvo en marcha toda la noche, para dar calor a Yuan, una Husky de ojos verdosos, que llevaba horas de parto, que tras tiempo de sufrimiento, había terminado.

- Pobre cachorro… -escuchó murmurar a su esposo.

- ¿Qué ocurre? –se acercó.

- A nacido con tres patas, eso para un Hasky, aquí en Alaska es una desgracia, o sirve para el tiro del trineo o no sirve para nada, lo sacrificarán.

- ¿No se puede hacer nada? ¿no podemos evitarlo? –se lamentó su esposa.

- Lo llevaré al mercado, con un poco de suerte lo comprará alguien como animal de compañía –ambos era lo que más deseaban, no tener que matar al animal.

El sol calentaba pero el frío era superior, suerte de esos abrigos largos y lanados sino poco podrían andar por la calle. El mercado andaba animado, risas y charlas se escuchaban. El cachorro, ya tenía dos meses, ya pudieron separarle de su mamá, que algo que les extrañaba, es que aceptara a su bebe, con la discapacidad que tenía. Varios niños se fijaron en el animal, que les saludaba tiernamente, deseando que alguien lo adoptara. Muchos se detuvieron a contemplarle, ansiosos por comprarle, pero al ser conscientes de la falta de su patita, se desilusionaban y se retiraban.



- Tranquilo muchacho, aun hay tiempo, seguro que alguien te adoptara –no perdía la esperanza el granjero. Pero las horas pasaban, la noche llegaba, los visitantes se alejaban, el pobre animal, allí seguía observando a Guzman, con unos grandes ojos tristes –no me mires así, no puedo quedarme contigo, ya son los animales que tengo, no puedo cuidar de uno más –¡ai no por favor! no llores, que se me parte el corazón –suplicó escuchando como gimía.

- ¿Por qué llora? –escuchó una voz. No era mayor de nueve años, delgado, castaño, andaba con dificultad, se fijó que tenía unos hierros en sus piernas.

- Porque no puedo darle un hogar de cariño y bienestar –fue su contestación apenada.

- Es bonito, yo le daré un buen hogar –se ofreció el chico con una sonrisa sincera.

- ¿Estás seguro? –se extrañó el hombre –le falta una patita…

- ¿Y? Yo también estoy mal de mis piernas, no por eso estoy desamparado, vivo con mi abuelo que me quiere, me cuida, reza cada noche, para que mis piernas se pongan buenas. ¿Pero sabe? –preguntó en un susurro, siguió en el oído de su oyente –mi deseo de navidad no es ser como los demás, sino… -hizo una pausa, dejando a Guzmán intrigado –que los demás me acepten tal y como soy ¿eso es lo más importante verdad? –el corazón de Guzmán se encogió de emoción.

- Es todo tuyo, no podrá estar en un lugar mejor –no dudó en entregárselo emocionado.

- ¡Oh gracias señor, lo cuidaré bien se lo prometo! –exclamó con gran emoción.

- No me cabe la menor duda pequeño.

- ¿Tiene nombre? Boby, le llamaré Boby –afirmó observando la negación a su pregunta.

- Mucha Suerte Boby, mucha suerte…

- Nick, me llamo Nick.

- ¡Mucha suerte Nick!

Nick no tardó en volver a su casa, entusiasmado explicando de principio a fin la historia de Boby.

- ¡Ya tengo un Hasky abuelo! ¡Ya puedo participar en la carrera de trineo del día 24 de diciembre!



Con ese deseo se durmió sonriente, abrazado, a ese cachorro que tanto ya adoraba. Pero sus compañeros, no se lo tomaron tan bien como él.

- ¡No nos hagas reír, tu no puedes participar, menos con ese chucho, tan inútil como tu! ¡vuelve a casa con tu abuelo, huérfano inútil! –insultos entre risas, eso es lo que escuchaba Nick.

- Eso no es cierto Boby… y… se lo voy a demostrar… -dijo con plena rabia, sin poder evitar que su sonrisa se borrará, dejando paso a las lágrimas.

- Tienes razón Nick, ellos se equivocan, por ser diferente a ellos no significa, que no puedas hacer las mismas cosas, ¡yo te ayudaré a cumplir lo que más deseas! –confirmó con firmeza el granjero Guzmán que de tanto en tanto, les visitaba.

- ¡Si! ¡A participar en la carrera! –alzó sus brazos al aire el pequeño.

Los días pasaban, aun tenían muchas cosas que hacer; construir un trineo, enseñar a Boby a llevarlo… para eso trabajaron duro, de tanto sus compañeros reían y burlaban de todo ese esfuerzo. Nick y Guzmán no les afectaba, porque sabían que lo lograrían.

24 de diciembre, el día esperado había llegado, mucho se habían esforzado, sabían que estaban preparados para lograrlo. No podían evitar reírse, al ver la cara de asombro, de sus compañeros de cómo adaptaron, la falta de la patita de Boby, por una rueda, logrando el mismo objetivo conseguido.

- Que gané el mejor –le ofreció la estrechada de mano de todo corazón.

- Cállate inútil huérfano, tu ese saco de pulgas, no tenéis nada que hacer –le giró la cara, sin estrecharle ninguna mano.

- ¡Animo Nick tu puedes! –las palabras de Guzmán y su abuelo le fortaleció.



Tres, dos, uno, el disparo sonó, la carrera empezó. Todos los perros corrían tanto como se lo permitían sus patas. Rocky, empezó quedando en ultimo lugar, pero sus fuerzas aumentaron quedando en primero, estaban a pocos metros de la meta, estaba a la alcancé de su visión, los gritos de euforia se escuchaban. ¡Clac!

- ¡Socorro! –se escuchó, todas las miradas fueron a ese trozo de hielo, que se había desecho, el rival de Nick cayó de pleno, en esa agua congelada. Nick, no dudó ordenó a Boby, que diera media vuelta ayudar a su compañero. Con la dificultad que conllevaba lo sacó del agua, sin ayuda ninguna más que el granjero Guzmán, y su abuelo. Mientras que Nick agradecía la ayuda a aquellos que le ayudaron a sacar del hielo a su rival, el salvado, no dudó en volver donde había quedado, para acabar el primero, sin dar importancia a lo que acababa de pasar. La nieve volvía a caer con fuerza, cuando el vencedor, recogía su premio. Gritos de admiración y de felicitación sonaron por todas las esquinas.

- Un momento por favor, me gustaría decir algo –pidió el vencedor. Todos guardaron silencio –yo… yo no me merezco este trofeo –lo levantó al aire, si he ganado, pero, sin la ayuda de Nick, hubiese sido imposible… -le cogió la mano a Nick –perdóname, tu no eres un inútil, de verdad te lo digo –le poso, su mano, en su propio corazón –hoy nos has dado una lección a todos, y para comenzar a mi, bueno tu solo no, también Boby –sonrió al animal, que ladró con felicidad.



- ¡¡¡¡¡Oh gracias Charlie!!!! –Exclamó Nick emocionado. Le abrazó con fuerza.

- ¡Vamos! Felicitar al verdadero campeón! –le entregó su premio. Los gritos de euforia y aplausos aumentaron con el nombre de Nick.

Entre Charlie y todos los demás alzaron en brazos a Nick, que entre sus brazos llevaba a Bobi. Los aplausos y elogios no dejaban de escucharse de tanto los copos de nieve no cesaban… Lágrimas de felicidad, resbalaron por las mejillas de Nick, agradeciendo al señor del cielo, que su mas amplio deseo, fue realizado ¡ya era uno más!

 

Escrito: 25 de noviembre del 2012

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miércoles, 23 de diciembre de 2020

Carta a mi niña a los 15 meses de nacida

 


Ya vuelvo a estar aquí, ya un mes más pasó, es que ya son 15 meses los que tienes, las novedades no aflojan, es algo que a mí me hubiese gustado con detalle que me explicaran, como fueron mis primeros años de vida, de esos que no tengo memoria, espero que algún día te ilusione leer esto, tanto como me ilusiona a mi realizar este diario.

En este último mes, nos llamó la atención, el cómo empezabas a imitar aquello que te mostrábamos, por ejemplo, tu papá te enseño a “chocar los cinco” eso te fascina, con cualquier persona que ves, yo, por ejemplo, te mostré hacer el indio, dar besitos, o ya das abrazos de oso, cuando está interesada, incluso con gente que apenas ves. Ya bailas a tu manera, ¿cómo es? Te agachas, empiezas a mover la cabeza, de un lado a otro con desesperación.  Ya en los últimos días, te pusiste a bailar de cuerpo entero, viendo a tu grupo preferido desde que naciste “Pica, pica” también escuchas a “Luli pampin” o ya que en la guardería te enseñan el catalán (lengua de Cataluña) encontremos por casualidad y te gusta mucho a Damaris gelabert y sus canciones “Bon día” “els díes de les semana” y otros… El otro día, te caíste, te diste con la mesa, haciéndote una pequeña herida, con eso, peguemos a la mesa como castigo “Mala” le decía, ya tu coges, tu martillo de juguete, que hace sonidos cuando pegas, y te vas y pegas a la mesa, ya eso te parece divertido, y pegas todo lo que encuentras, como a tu papá cuando se queda dormido en el sofá, no te hace caso, tú te subes, sobre de él y le das un “martillazo” y ya cuando está sentado, tú le intentas poner sus zapatos, al igual que tú los quieres y la chaqueta para salir a la calle.

Una anécdota que te contaré: fuiste al supermercado con papá, yo me quede trabajando fuera, cuidando de tu hermanita perruna yera, tu entraste con papá a comprar… le volviste de cabeza, te perdiste por el supermercado, cuando ya te encontró, ibas con una piruleta de chocolate, que ya ibas mordisqueando. Del otro lado de la puerta automática estaba yo, corriste a saludarme, y más allá porque ya salías a la carretera, menos mal de la gente que entraba y salía del supermercado, te cogieron al vuelo, pero madre mía, cuando te vimos, estabas, manchada a por todo de chocolate, manos, cara, y la ropa también. Ya marchaste con papá y con yera, debería ser una gran aventura aquella, porque te dormiste al instante, de vuelta a casa.

 

Ya inicias la etapa del vocabulario, aunque “papa” fue de las primeras palabras que dijiste, en este último mes, lo dices de distinta forma, te sale de una forma mexicana, “papaaaa” dramática, es extraño, porque ninguno de los dos, hemos exagerado esa palabra, es algo que ha salido de ti, no entendemos porque, pero es divertido escucharte, ya también dices “guau” “pez” “Pael” para dirigirte al papa Noel,  “guapa” que intentamos que lo aprendas a las perrunas, Yera y Dama, para que las respetes y no las cojas de sus orejas, sus pelos, o sus colas.

 


Ya sabes lo que quieres y lo indicas con palabras o gestos, ejemplo si quieres el biberón, lo señalas con “mi, mi, mi” o cuando estamos en la calle, y tu estas cansada, vas a tu cochecito, indicando subir, o bien cuando quieres dormir, vas a por tu mantita, la empiezas a chupar, una costumbre que tienes desde que naciste, cuando tienes sueño, y después te tumbas en el suelo, sin importar si estas en la casa, o en la calle. También tienes una manera bien curiosa de tomarte los biberones, sentada en el suelo, ya sea de la calle o de la casa, recostada en una pared, sí, sí, realmente pareces una borrachilla, lo mismo para dormirte, te adueñas de la manta, te tumbas en los suelos, ya sea de la casa o de la calle, en el que te pareces, exactamente a una persona sin hogar. También cuando tienes hambre, quieres comida con cuchara, vas a por tu trona, la llevas hasta el comedor, así sabemos en qué estás interesada. Ahora estas en una etapa, que quieres hacerlo todo sola, inclusive comer, aunque ya tienes tus principios, aun no dominas con cuchara, y tiras más, de lo que te alimenta, pero eres bien tozuda, y niegas a que te ayuden.

 


Pareces la dueña del caos, eres un torbellino, que va desordenando todo lo que pilla, en cinco minutos, todo queda bien desordenado, cuando uno empieza a recoger, por un lado, tu desordenas por el otro, sí, hija mía eres la dueña del caos y el desorden.

 


Ya se acerca navidad, bueno de aquí una semana que ya tendrás los 15 meses, ya estaremos en ella, aunque van a ser unas navidades raras, atípicas, aunque aún seas demasiado pequeña, para ser muy consciente, en casa, ya pusimos el árbol de navidad, tú te quedaste boquiabierta, mirándolo, con intención de sacarles todos los adornos, al ponerme en medio, y no dejar que hicieras tal propicio, te enfadabas, pero con todo entendías, ya no te acercas… A la misma ya llegó el caga tió, el tronquito mágico, bueno, tu papá y tú, lo encontrasteis en medio del bosque, ya llegó a la casa, más bien, te abrazaste a él, como si fueras, uno más de tus muñecos, lo llevas, de aquí para allá jajaja, lo acomodas en el suelo, y lo tapas con una mantita para que no pase frío, algo parecido pasa con los suricatos que hay en el tapete de la entrada. Crees que son de verdad, te llevas el tapete de aquí para allá.

 

Ya te gusta jugar al escondite, que nos escondamos, tu caminando, que empezamos a seguirte, eso a ti te divierte, echas a correr entre carcajadas, o que nos escondamos, aparezcamos de la nada, también te saca una buena carcajada. Ya sabes jugar al cucu -tras, Ya vas de aquí para allá con soltura, cuando echas a correr problemas hay para atraparte, cada vez, te molesta más, ir en el canguro, muchas más, es una batalla de llantos, porque preferirías ir en el cochecito antes que allí, o quizás te niegas ir a la guardería, ya que, a la vuelta, nunca protestas, siempre te dejas sentar sin problema. Conoces el lugar de trabajo de tu papá, ya cuando nos acercamos, empiezas a llamarle con desespero, si intento pasar de largo, sin detenerme, te hinchas a llorar, mirando hacía el lugar…. Y no te callas hasta que vamos a verle. Ya tienes tus pataletas, es que te tiras al suelo, y te quedas en medio del paso, sin dejar pasar a nadie, lo normal que te saltemos, pero yo no puedo hacer eso, la persona que me ayuda a mí, tampoco, nos vemos en grandes apuros, en el intento de no pisarte.

 


Ya ha pasado tres meses desde que iniciaste la guardería, como ya te dije en las anteriores cartas, sois un grupito de siete: tú, la diana, la Cecilia, la victoria, el Gabriel, el Dilan y Vidal. Diana, tú y Gabriel, sois los más pequeños, vosotras dos sois de septiembre, y Gabriel cumplió el año, ahora en diciembre, Diana y tú ya 15 meses los demás son más mayores, entre 18 y 20 meses. Realmente se nota mucho de los más grandes a los más pequeños de tu clase, dicho esto, tienes dos admiradores, los dos niños más grandes: El Dilan y Vidal, te admiran mucho, el Dilan, es verte “¡¡La Vicky!!” tanto maestras como sus padres y abuelos, ya me han confirmado, que te aprecia, quiere mucho, que siempre esta con “la Vicky” en la boca, sus padres, que a ti, es la única que reconoce, de toda su clase, está todo el día con “Vicky, Vicky, Vicky” y el Vidal: le dijo a su abuela, “que le gustaba las niñas, y siii la Vicky es una niña”  y no solo ellos, al llegar a la puerta antes que abran, todos niños y niñas, te señalan como si fueras la jefa del lugar, te admiran, pero tu pasas de todos ellos, con la que mejor te llevas es con Diana, que cuando os encontráis en la calle, empezáis a jugar entre vosotras.

 

Las profesoras dicen que eres muy espabilada, que aprendes muy rápido y también muy traviesa y tozuda, siempre quieres la comida que llevan los demás, sin importar tu comida, incluso, cuando tiran a la basura las tapas de los yogures que llevan los demás, tú vas la basura y los chupas. Eres demasiado movida, cuando estas sentada en tu mesa para merendar allí, las profesoras están preparando las meriendas, sin quitaros el ojo, pero tú, solo tú te levantas de tu asiento, te cuesta obedecer, al siéntate. O subes escaleras arriba donde no tienes que ir, no obedeces para bajar…. Tu última trastada de allí, fue comerte la comida del caga Tió, el tronquito mágico, claro que tenías una gran maestra, tu compañera Victoria, también de las más grandes…. Entre las dos dejasteis sin comida al pobre Tió. En esta semana víspera de la navidad, habéis hecho actividades, típicas de la época, la visita del paje real, donde toda tu clase, menos Victoria se hincho a llorar, habéis hecho una manualidad, una campanita, en el que tú te sientes muy orgullosa, no es para menos. El 21 de diciembre cargasteis el caga tió, el tronquito mágico, un trajo un cubo y una mini pala de playa. Ya se inició las vacaciones de navidad en la guardería, como el resto de los colegios, hasta el 11 de enero del 2021, ya no hay regreso, y eso, si no nos confinan de nuevo.

 


Estos últimos días has aprendido a saltar, y a bailar. No sé con qué nos sorprenderá los 15 meses, que a parte este mismo día el 23 de diciembre, es tu santo “Santa Victoria” pero estamos deseando conocer. Cuídate mucho mi pequeña, pronto, te escribiré, explicándote todas las novedades, estas navidades raras. ¡Hasta la próxima!

Escrito: 23 de diciembre del 2020

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lunes, 21 de diciembre de 2020

Relato de navidad: El tronquito mágico

 


Ya volvía a ser diciembre, más certero, las fechas tan señaladas como era navidad, ese año Yimmy solo quería olvidar, ya que era el año, que todo, que todo su mundo se había destruido, ya no le quedaba nada. Sus padres habían muerto en ese fatídico accidente de coche, él había ido a vivir con sus abuelos, en aquella cabaña, en medio del bosque, en medio de la nada, lejos de la ciudad y la civilización, en el que confirmaba su vida, más muerta que viva, en el que no entendía, por qué él tuvo que sobrevivir, mientras sus padres murieron en el acto. Él ya no era un niño pequeño, pasaba de los nueve años, sabía con certeza, la realidad, de la navidad, santa Claus, y los reyes magos, eso solo agrandaba el golpe de realidad, que tenía ante sus ojos.

 

Una mañana se encontraba reuniendo troncos de leña, para hacer un gran fuego, para calentar, el ambiente, ante la nevada que se avecinaba, los termómetros bajaban en picado, el sol bien escondido estaba. En ese 23 de diciembre. Toby, el perro pastor, lo acompañaba:



-     Vamos Toby, no debemos tardar, o los abuelos se preocuparán, encima nos regañaran -recogía leña, a la misma que hablaba y andaba. Ya tenían más de una docena de troncos, ya eran suficientes, pero cogerían otro por si las dudas, ahí encontrado en medio de la nada, ese tronco, esperando ser rescatado, para formar parte de esa hogata, para calentar, el hogar y los seres que viven en ella -¿Qué ocurre Toby? ¿A que viene tanto drama? Solo es un tronco más para la Fogata -afirmó Yimmy viendo la desesperación del animal, sin dejar de ladrar al tronco -solo queda esto ya, hagámoslo, y vayamos a cenar…

-     ¿Yimmy hoy es la víspera de nochebuena, quieres ser tú, quien bendiga la mesa? -le propuso su abuelo, dándole una de sus manos, y la otra a su esposa, en la tenue luz de la vela.

-     No te ofendas abuelo, pero yo no creo en nada de esto…

-     Está bien, ya lo haré yo, pero no te vas a librar de formar parte… Señor, bendice estos alimentos, que solo tú has hecho posible, gracias señor, por un techo para estar a salvo, de estas bajas temperaturas, siento si es tener demasiada confianza, pero, por favor señor, haz que Yimmy recupere la fe perdida, haz, que vuelva a creer, y tener esperanza, en la magia de la navidad -Yimmy abrió un ojo, le miró de reojo, con desdén… ¿Cómo su abuelo podía decirle algo así? Se dejó ir de las manos, con fuerza, se levantó, se fue hacía el salón, frente a esa chimenea encendida. Su abuelo, iba ir tras de él, pero su esposa, le detuvo, le convenció que le dejará a solas.




Yimmy se encontraba frente a esa chimenea encendida, ardiente, no podía evitarlo, pero se sentía furioso, dios le había arrebatado todo, encima, su abuelo actuaba como si él fuera, el negativo, encima, le pedía ayuda al mismo enemigo. Se sintió un ruido, después, fue testigo, como un tronco, se acercó rodando a él… no le dio mucha importancia, le dio una patada, volviéndolo al fuego, lo ignoró al ver como la chimenea lo escupía.

 

-     Mejor me voy a la cama, me siento demasiado exhausto -le protagonizaba un largo bostezo de su boca. Sin pensarlo más, ya se acostó a descansar.

Eran cerca de las tres de la madrugada, cuando la sensación y desesperación de sed, le despertó, pero algo le sobresaltó, escuchaba ruido abajo, a esas horas sus abuelos ya hacían horas acostados, aunque se levantaban muy temprano, era demasiado temprano aun para ello, se apoderó de su bate de beisbol, y con temor, pero decisión, bajó por las escaleras, con sus piernas temblorosas, vio luces en el salón, y cuchicheos se escuchaban, asomo la cabeza, sin creer lo que sus ojos le mostraban…. En medio del salón había un tronco, arropado con una manta, tenía, ojos, nariz y boca, como si de Pinocho se tratara, un gorro en la cabeza, a un lado de la sala, se encontraba un gran árbol de navidad, todo decorado e iluminado, más de una docena de diminutos seres, estaban por todo el salón, adornándolo todo…



-     - …debo estar soñando… es imposible lo que mis ojos me están mostrando…

-     -  ¿Por qué es imposible? -le preguntó ese tronco con vida.

-     - Por que esto no es un cuento de hadas, las maderas no hablan, ni los duendecillos existen… aquí no existe, y fueron felices y comieron perdices…

-     - Yo no soy un simple tronco, soy uno de los ángeles de la navidad, al igual que existen los tres fantasmas de la navidad,  “el pasado, el presente y el futuro” claro que existe la magia de esta época, que tu no creas, es otra historia, si estamos aquí, no es por casualidad, tenemos un mensaje para ti Yimmy.

-     - Como… ¿Cómo sabes mi nombre? -se echó hacia atrás Yimmy.

-     Soy un ángel, lo se todo… y tengo un mensaje para ti, de tus padres… ¿preparado? Ahí va… 

“Colega, ¿qué te ocurre? ¿Por que tanta rabia dentro de ti? Ya sabes que no es buena mantenerla tanto tiempo, te consume y te cambia totalmente. Se que es porque físicamente no estamos, lo que pasó fue una desgracia, pero no dejes que esa ira se apoderé de ti, maldecir, no es bueno, sobre todo para ti, te hace una persona negativa, y tu no lo eres, solo estas muy dolido, porque crees que nos has perdido, es un sentimiento normal, pero no dejes que se adueñe de tu ser… sino si todo será muy negativo y cree en lo que no se ve, porque existe, y nosotros, no nos hemos ido, aquí estamos, cuidándote y protegiéndote, en todo momento, aunque tú, no nos veas…. Allí estaremos, ahora y siempre, hasta que llegue el día que nos volvamos a ver… físicamente, no olvides, que te amamos más que a nada, no te abandonaremos jamás. Pero tú no olvides quién eres, no dejes que esa tristeza te domine, porque eso te convertiría en una persona vengativa, y negativa, y tú no eres así, fue una desgracia lo que paso sí, pero, no fue culpa de nadie, las ni tuya, ni demás personas, ni ángeles, ni dioses. Mira a tu alrededor, es real, no es un sueño, ni obra de tu imaginación, si aún no te convence, tenemos un regalo para ti, es que en estas fechas navideñas, te puedes comunicar con nosotros a través de este tronco, aquí estamos para escucharte, aconsejarte, y cuidarte, pasadas estas fechas, ya no podremos comunicarnos, pero te seguiremos observando y cuidando…"

-     No me dejéis solo por favor…

ç


-     No estás solo… Tus abuelos están contigo, nosotros siempre estaremos a tu lado. Tú jamás vuelvas a dudar de la magia de la navidad. Ahora nos tenemos que ir, los abuelos están a punto de despertar… guárdanos el secreto no, no dudes más, de la magia de la navidad…

-     Yimmi… ¿Qué haces levantado? ¿Qué está pasando aquí? -se asustó el abuelo.

-     No podía dormir, me sentía culpable, quería pedirte perdón de alguna forma…  -le mostro el salón totalmente decorado…

-     ¿Cómo has podido hacer todo esto tu solo? -preguntó la abuela, sin salir de su asombro.

-     No he sido yo solo, me han ayudado los duendes -le guiño un ojo su nieto.

-     ¿Eso que es? -preguntó el abuelo mirando al tronquito mágico.

-     Es mi mejor amigo, Tronqui… ahora para navidad, y el resto del año… pero por favor, volved acostaros, un poco más, dejad que os lleve el desayuno a la cama. -Los abuelos no pusieron mucha resistencia, el Yimmy, no tardo, en regalarles, un desayuno navideño, con el bonito paisaje, completamente blanco, de haber nevado toda la noche….

Escrito: 21 de diciembre del 2020

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