viernes, 11 de septiembre de 2020

Diario personal: Apá Rodamón

 


Seguro que más de uno/una que vive en la provincia de Girona, en la Costa Brava a escuchado de la perrera o asociación "Apa Rodamón", esta asociación que se cuidan de perros abandonados. Emmanuel y yo, fuimos para allá... era la temporada que se nos había metido en la cabeza tener un perro con nosotros, y nos dirigiamos a Mont-ras, Emmanuel, para informarse, yo para traerme un perrito ya... cuando se me mete algo en la cabeza... no hay quien me lo quite.

Esa mañana trabajé, al acabar de comer, nos subimos al autobús, nos dirigimos a Montrás. Nos dejó en plena carretera, andabamos bien perdidos de por donde seguir... En medio de la carretera nos encontrabamos, intentando que no nos atropellarán... Tras caminar un rato, escuchemos ladridos, muchos de estos, sin ser conscientes habíamos llegado, muchos perros nos daban la bienvenida, algunos con aire alegré otros con tristeza, pidiendo a gritos salir de allí, con urgencia... me encariñé de uno, leí en un papel, que tenía un añito, el lloraba por irse de ese lugar. Leeimos que no podíamos observar a más animales, asta las 3.30. Aun faltaba más de una hora ¿que hicimos? paséemos por toda aquella zona verde, nos estiremos en el césped, esperar a que llegara la hora, se estaba tan bien, el cielo estaba bien claro.



A las 3.30 entremos a ver a los animales, habían montones de ellos, luciendose ante la visita, otros se peleaban, otros disfrutaban, dandose cariño, sin importarles, toodos los presentes que les mirabamos. Preguntemos que hacía falta para llevarse a uno:

  • Ponerles vacunas
  • ponerles chip
  • pagar 180 € (si no mal recuerdo)

Era un dinero que en ese momento no podiamos permitir, así que nos quitemos la idea de la cabeza. Observemos como una mujer entraba, un perro le olfateaba sus manos, en poco fuimos conscientes, que  se lo llevaba a pasear. Nosotros decidimos que queriamos ayudarles a bañar, o sacar a pasear alguno, el problema que no teniamos el DNI a mano, para otra ocasión sería.



Caminando, caminando, lleguemos a Palafrugel, paseemos por sus calles, acabemos una panadería bar, a merendar, en su puerta, vimos un cartel que se regalaba cachorritos, llamemos, que no descolgaron el telefono. Al salir casualmente, nos encontremos con la familia indicada, solo le quedaban hembras para vender, abría que vacunarlas, y esterilizarla, en otras palabras, mucho dinero, así que se había acabado, nada de animales. De palafrugel, volvimos a Palamós en bus.

 

Escrito: 06 de septiembre del 2012

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