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jueves, 20 de agosto de 2020

Carta de un anciano con discapacidad

 

Yo no quería, pero no lo pude evitar... con la vejez, la discapacidad me llegó, me volví un ser dependiente... Ya no podía vivir solo en mi casa, necesitaba de alguien para que me ayudara en mis tareas diarias y personales. Todos mis hijos trabajaban, tenían ya sus vidas ocupadas, de mi poco se acordaban.

En menos que me diera cuenta encerrado en un geriátrico me encontraba. Ya tenía mas de ochenta años, allí estaba entre cuatro paredes blancas, sin más compañía que mi propia alma... Mis hijos demasiado ocupados estaban para visitar aquel hombre que les engendro, protegió educó y cuidó.

Aquí en el geriátrico, tengo un techo, una cama cómoda, comida caliente... pero realmente nada más... no tengo privacidad, no tengo libertad... aun tengo fuerzas, en estos ancianos brazos, aun tengo la oportunidad de saber quien soy, y a donde quiero llegar, y la fuerza, para tomar mis propias decisiones... pero a nadie le importaba, ni a mi hijos, ni a las enfermeras que me ayudaban día a día, no menos a estas segundas, solo me ven como una obligación, sobretodo las enfermeras que para ellas, solo era una obligación, un trabajo, uno más. Mi voz y voto poco les importa, En cuanto encuentras tu libertad ell@s no tardan en arrebatártela, tratándote como un chiflado, encerrándote entre esas mismas paredes, separándome de todo aquello que me importaba, incluso de mi mejor amigo, mi fiel compañero Max, mi perro de dieciséis años, me separaron de él sin ni siquiera darme la oportunidad de despedirme, por más que supliqué, su corazón no se hablando obligándome a decir adiós.


Que tristeza... que pena llegar a esta situacíon... Dependientes totalmente... que aunque tengas la capacidad, no tienes la libertad, solo eres para ellos, una labor que llevar, sin opinión sin palabra... Que aquellos desde que nacieron distes tu vida por ellos, ahora que los necesitas, ellos se olvidan de ti... llenándote de promesas, jamás cumplidas, olvidándose de ti.

¿Qué hay de tu vida? ¿Qué hay de ti? ¿Qué hay de lo que un día fuiste? ¿Qué hay de todos mis logros? ¿Qué hay de todas las guerras que me enfrenté? ¿Qué hay de todo aquello que creía? De nada vale ni sirve, solo porque soy viejo. Yo fui uno de los grandes, luche por aquello que creía justo, luché, me enfrente a guerras por mi país... ahora en mi vejez nadie se acuerda... todos me tratan como un ser inutil y sin valor ninguno.


Solo le pido a dios, que me lleve ya junto a él, esto ya no es vida, solo soy un estorbo para mis hijos, una obligación, un negocio para los que me cuidan... lo que fui ayer, ya no existe hoy... ¿para que seguir en este mundo llamado vida? No, ya no quiero vivir... ya solo quiero morir... encontrar la paz, que me arrebataron y poco a poco me está matando...


Escrito: 21 de abril del 2014

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