domingo, 26 de julio de 2020

Palabras sinceras a mi hijo con discapacidad intelectual



Cuando papá y yo, supimos de tu presencia en mi ser, nos llenemos de alegría y emoción, si, tu hermano mayor, ya tenía 4 añitos, pero queríamos darle un hermanit@ queríamos tener otro hijo o hija, entonces llegaste tú. Nos llenó de emoción el latir fuerte de tu corazón, a pesar de solo tener 4 semanas de vida, ese músculo luchaba con fuerza para sobrevivir.

 

Fueron siete meses que nos sentíamos en una especie de nube, ansiando tu llegada, deseando que la familia se ampliara. Sí te adelantaste dos meses, deseabas llegar al planeta tierra, no digo a la vida, porque vivo ya estabas desde que se te creo ese fuerte corazón.  Ese día precisamente no teníamos auto,  quien iba a imaginar que ya tu ibas a llegar, no te esperábamos hasta dos meses más tarde, pero no, fue esa noche, que tu decidiste salir. Lo identifiquemos enseguida, no tardemos en llamar a la ambulancia, dejando a tu hermano con una vecina de confianza.

 


La ambulancia no llegaba, y tú desesperado estabas. Al fin llegó corriendo para el hospital más cercano. Cual fue nuestra sorpresa que estaba a rebosar, poco personal se encontraba, y poco orden de urgencia se hallaba. Me entraron en una habitación, sin puerta, solo una cortina de separación, rodeada de enfermeras, porque el doctor aun no llegó, por más que le telefonearon, solo escucharon la famosa voz de apagado.

 

Por culpa de su poca atención te faltó oxígeno a tu pequeño cerebro, provocando que llegará la discapacidad. Al enterarnos solo podíamos llorar, la gente no ayudaba, ya que el pésame nos daban, los médicos, bien negativos estaban, sin rodeos nos dijeron, que tu vida no sería normal, por lo tanto la nuestra tampoco, siempre serías un niño eterno.

No fueron años fáciles, de médicos a terapeutas, en ninguna escuela te aceptaban, por aprender más lento te discriminaban, no nos rendimos, y seguimos luchando por una educación para ti, porque capacidad tenías, pero nadie confiaba en ello.

 El tiempo pasaba, tu a la adolescencia te acercabas, pero tú de un niño no pasabas, tu papá y yo no es empecemos a preguntar, el día de mañana, de ti que sería, porque éramos conscientes, que jamás te ibas a enamorar, jamás ibas a tener novia, menos casar, jamás nos ibas a dar nietos. Nos entristecía el recordar, que siempre de ti, deberíamos cuidar, no por cuidarte, sino porque no somos inmortales, llegado el momento, quien se encargaría de ti, quien te cuidaría, quien te protegería de este mundo cruel y violento, el día que mañana no estemos presente.


Un día llegaste que estabas enamorado de una chica muy guapa, que habías conocido en ese trabajo especializado para personas con tu condición, pero si era un trabajo, tu dinero ibas ganando, ya fuera para tus gastos del presente o del futuro cuando ya no estemos a tu lado, que tengas algo ahorrado. Perdónanos cielo, por no tomarte en serio, por no confiar en ti, en tu gran capacidad, que supera con creces tu discapacidad. Semanas después nos contaste que eráis novios, pero teníamos la idea, que erais unos novios, como son los niños, totalmente inocente, para nada adulto.

Ya con más relajación, me mentalicé que ya era momento de hablarte del sexo, y las protecciones necesarias, a lo mismo, el respeto mutuo, pese mi inseguridad, te adelanté, unas protecciones sexuales, para que pudierais disfrutar sanamente.

Y aquí hoy estás con 21 años, ya independiente de nuestra casa, solo vienes un par de veces por semana, vives en ese apartamento compartido que pagas con el dinero de tu esfuerzo, viviendo con tu novia y teniendo una relación sana y en pareja como cualquier otra. Hijo mío, rompiste con todos los estereotipos, demostraste, que no importa lo que diga la medicina, no hay nada escrito, lo importante es la voluntad de una persona y el entorno que le rodea, si el ambiente es inclusivo y positivo, no importa la gravedad de una discapacidad todo se puede lograr.

Escrito: 09 de agosto del 2015

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