jueves, 9 de julio de 2020

Carta a mi hijo, fruto no deseado



Amado hijo,


Sé que no te sientes de esa forma, ahora que con tu mayoría de edad, te enteraste de una desgarradora realidad. Te veo cabizbajo, evitas mi mirada, ya que está confesión te desgarro el corazón.


Toda la vida deseando conocer a tu padre, reprochándome, el que por mi culpa, no lo conoces, y ahora que conoces la realidad, te duele el alma y el corazón, por no ser un fruto deseado, sino un fruto de violencia y desgravación.

No te sientes digno de estar en este mundo, desde que te lo confesé es la tercera vez, que intentas suicidarte. Te lo suplico de corazón, te amo más que a nada, no me des ese sufrimiento.


No te lo negare, enterarme del embarazo a causa de ese degenerado, lo vi como una maldición, una cruel broma del destino, yo era la víctima, y debía pagar el precio toda la vida. En esos nueve meses, pensé en opciones, matarte no era una de ellas, tú eras un niño inocente, no era justo quitarte la vida por culpa de tu padre. Tuve la idea de darte en adopción, e inicié la búsqueda de tus adoptantes cuando estaba de cinco meses. Entrevisté, y entrevisté no fue fácil encontrar a la pareja perfecta, que te pudiera dar todo el cariño y todo el amor que merecías. Algo que yo creía que no te podría dar, ya que solo podría recordar la maldad.

La encontré la pareja perfecta para ti, e iniciemos los trámites para que fueran tus padres. Tú te adelantaste dos meses, estabas ansioso por salir, aunque venías con el cordón umbilical alrededor del cuello, tuvieron que hacer cesaría, enseguida que estuviste a salvo, te pusieron en mis brazos, tu no tardaste ni dos minutos, me cogiste el dedo, abriste esos pequeños ojitos, me miraste con una sonrisita, fue ahí, que debía incumplir mi parte del trato, no importaba quien era tu padre, eras mi hijo, sangre de mi sangre, no podía abandonarte, ni podía ni quería, ya me habías robado el corazón.


A medida que ibas creciendo fui consciente que fue la mejor elección, eras simpático, alegre, caballeroso, siempre amándome, dándome, regalitos, abracitos, palabras bellas, siempre defendiéndome, no tenías nada que ver con tu padre, pero obvio llegó la adolescencia, esa edad tan difícil, en que los propios chicos eran tan crueles, te violentaban por tener tan buen corazón y no tener un padre que te defendiera, es ahí cuando llego una etapa muy difícil para ti, preguntando por tu padre y culpándome por no haberlo conocido, pero no te podía contar la horrorosa realidad, por eso prefería callar.

Con tu mayoría de edad, no podía callar más, tu querías saber, te estaba atormentando demasiado, tenías derecho a saber, por eso te dije, no imaginé para nada que te dieras asco a ti mismo, e intentarás acabar con tu vida como hiciste, no una, sino tres veces.


No te miento, eres una buena persona, con un gran corazón, nada tienes que ver con tu padre, eres todo lo contrario, si en un principio no fuiste deseado, pero en cuanto me cogiste del dedo, vi tus ojitos, supe, que no podría vivir sin ti. Cuanto me alegro de no haberte dado, porque eres lo más grande y mejor que me ha pasado. No te miento por ti daría la vida, no seas tú quien la arrebate. Por favor hijo te amo, si te mueres, serás el causante de mi propia muerte, sé que ahora estás muy mal, que no saben si sobrevivirás, por eso escribo estas líneas, con lágrimas en mi corazón y reales, que mojan el papel. Vuelve hijo, vuelve conmigo, te amo, te amo.

Ella sintió como una lágrima suya rompía en la mano de su hijo, al mismo tiempo noto como su mano era apretada… ¡sí! Su hijo estaba despertando.

Escrito: 29 de octubre del 2015
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