lunes, 18 de mayo de 2020

Relato: ¿Por qué a mi?




Viví una vida feliz, difícil, pero feliz, mi muerte llegó con 80 años, si, podía haber vivido más, pero hay quien muere mucho más joven, así que no tengo derecho a quejarme, aunque no lo creáis, mi muerte fue mi felicidad, no, no me vuelto más loca de lo que ya era en vida, pero que a mis 80 años, pueda saltar, correr, hacer piruetas por primera vez, ufff supongo que es como se siente un bebe, cuando echa su primera carrera ¿aún no lo entendéis? Tenía Parálisis cerebral ¿os acordáis? Pues ya no, con mi muerte, mi discapacidad se había esfumado…. Os parecerá extraño, pero para mí, la muerte ha sido volver a nacer… solo que está vez soy inmortal, os aseguro que lo voy aprovechar al máximo… todo lo que no he hecho en 80 años, lo voy hacer ahora, en la eternidad…
Después de la conmoción, de lo que me estaba pasando, no me refiero a estar muerta, tenía 80 años era de suponer, que vería pronto la luz –por cierto es bien real eso, si, si vi la luz, mi vida entera pasar, en menos que me diera cuenta estaba andando, saltando, y haciendo piruetas –por eso la conmoción, por mucho que caminara con ayuda en vida, no tiene nada que ver, con lo que uno puede hacer sin discapacidad. Un ángel me acompaño por el camino adecuado, sí me llevó ante el tan amado por algunos en la tierra, al mismo tiempo no tan querido por otros, el reí de los cielos, nacido en Belen efectivamente Jesucristo. No podía evitarlo, me sentía nerviosa ¿Qué decirle al rey del cielo y la tierra? Nunca he sido una súper creyente, pero si he creído, sé que él me ha protegido tantas veces… me ha evitado tantas desgracias… que realmente le tengo que estar eternamente agradecida ¡ahora tengo la oportunidad! ¡Ufff tengo la mente en blanco…!

Vi a lo lejos como un hombre se acercaba piel morena, pelo castaño, algo largo, ondulado ¡era el! Se paro frente a mi… nos miremos a los ojos, me sonrió… Mis nervios no disminuían, ver lo bajita que era en realidad no ayudaba.
- Hola Vanesa o Vane mejor, que es como a ti te gusta ¿Cómo estás? –me preguntó con una sonrisa -¿Cómo te sientes? ¿te gusta el cielo? ¿Qué te pareció la vida en la tierra?
- ¿por qué a mí? ¿Por qué me lo pusiste tan difícil? ¿Por qué tuve discapacidad?
- ¿y por qué no? ¿Acaso no has logrado todas tus metas? ¿acaso con tu ejemplo de superación no has ayudado a más personas? -No conteste… tenía razón –tienes que pensar que ninguna vida es fácil, quien no tiene discapacidad, tiene una enfermedad grave, quien no, es adicto a algo, quien no sufre algún trauma, quien no, le ocurre algo horrible, nadie vive en paz completa, tu solo has tenido una discapacidad, hay otros mucho peores. Cada uno tiene su reto, el tuyo ha sido la discapacidad… realmente… en 80 años, lo has llevado muy bien. Sí, claro has cometido un sinfín de errores, como cualquier humano, pero los has superado muy bien, gracias a ti, con tu ejemplo, has dado esperanza a otros… dime… ¿aun lo ves como una condena?
Me abracé a él. Un sinfín de emociones me llegaron, lágrimas caían por mis mejillas. Sentí, su confortante abrazo, sé que no necesitaba palabras, él entendía, lo que significaban; una vida de su lágrimas, alegrías, tristezas, felicidad, sufrimiento… lágrimas de una vida de lucha diaria, de lucha continua, de lucha nada fácil lágrimas de sincero agradecimiento por todo lo que he logrado y todo lo que me he evitado, una parte sí, es gracias a mi propio coraje, pero otra es gracias a él, él me ha protegido tantas veces, él me ha ayudado a estar donde estoy, él me ha ayudado a tener el coraje necesario para tener las fuerzas, por todo eso y mucho más, representaban esas lágrimas. Él las entendía. Ya más calmada, le miré, él me ofreció su mano, caminemos juntos, hacía mi nuevo eterno hogar, un paraíso sin igual.
Escrito: 30 de julio del 2013
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