jueves, 28 de mayo de 2020

Relato: El deseo



Ayer cumplí 16 años, según dicen algunas voces, estoy en la flor de la vida, en la mejor edad de todas. ¿de verdad? Yo no lo veo así… solo veo que estoy postrado a una silla de ruedas, sin mas salida, que las cuatro paredes de mi casa… ¿Qué diversión tiene eso? ¿Qué ilusión tiene cumplir años, cuando no tienes con nadie con quien compartirlo? Si claro tengo a mis padres, a mi hermano mayor, a mi abuela, pero joer, acabo de cumplir 16 me siento como si recién cumpliera 80, sin amigos… sin novia… ¿a quien le hace gracia cumplir años así?

Por eso cuando ayer me cantaron el dichoso cumpleaños feliz, cuando sople velas, cuando me vi obligado a pedir un deseo, lo único que paso por mi mente, se mantuvo firme ahí fue… No ser quien soy, despertar en otro cuerpo, despertar en otra vida, donde la discapacidad no existiera, cualquier vida es mejor, que está condena… Obviamente, no se ha cumplido… ahora es tarde… me marcho a descansar… ya mañana nos vemos…

Abro los ojos, ya es de día, parece muy temprano, pero… ¿Qué ocurre abajo? ¿Son mis padres? ¡pero si nunca gritan! ¡menos a las 6 de la mañana! ¡¿Qué pasa?! Me siento en la cama "osti, que ágil estoy esta mañana" ¿como? ¡no puede ser! ¡Estoy moviendo mis piernas! Será posible… ¡¡¡Mi deseo se ha cumplido!!! ¡¡¡¡Yiujuuu!!!! No tardo en ir abajo, no podía imaginar que mis piernas pudieran correr tanto… No puedo evitar emocionarme, reír, llorar de felicidad… Pero esa felicidad es escasa… me cuesta creer lo que veo… es más… ¡no me lo creo! Mi padre borracho, insultando a mi madre, mi madre sentada, su cara amoratada, llorando sin parar… ¡No puede ser! ¿te lo ha hecho papa? Mi padre se me acerca, tambaleándose, la mirada perdida, apestando alcohol desde esquinas.
- Aquí esta el único que vale la pena de esta casa… ¡mi niño! Aprende hijo… las mujeres son todas unas putas, hay que tenerlas en orden, tienen que saber quien tiene los cojones aquí…

- Déjame, no te me acerques… ¿Cómo has podido hacer eso a mama?
- ¡Ei, ei no hables así a tu padre! ¡o necesitas saber quien manda aquí! –se me acercaba cada vez más, se sacaba el cinturón…
- ¡No le pegues! ¡déjale! ¡pégame a mi, pero no a él! –se interpuso su madre.
- A ti puta… se me ocurren otras cosas, que hace honra a tu nombre… voy a follarte… que es lo único para que sirves.
- ¡No déjala! –me interpuse, pero mi madre me suplico.
- No te preocupes hijo mío, estaré bien… tu sal de la casa… corre, corre.
- No mama, no te dejare sola…
- ¡Te matara!… ¡vete! ¡Yo estaré bien!
- ¿Qué hijo? ¿quieres ver como follo y someto a tu puta madre a sumisión? ¿Quieres aprender?
- Te lo suplico hijo…. ¡Corre!
Obedecí… salí, corrí, tan rápido como mis piernas me lo permitían… debía pedir ayuda, debía salvar a mama…
- Charlie, espera… -alguien me llamaba. Me giré, un chico con aspecto de drogado, se me acercaba…
- ¿Quién eres tu? ¿Cómo sabes mi nombre?
- No es hora de juegos, tienes que ayudarme hermano, estoy metido en un lio muy gordo… le debo mucho dinero a gente muy peligrosa.
- ¿¿¿¿Que quieres que haga yo??? Aun estoy estudiando… Creo…
- ¡E tu! ¡no te escapes! -un coche patrulla se acercaba a gran velocidad.
- Dios la pasma… me largo… por favor ayúdame –echo a correr ese desconocido, que en esa vida era mi hermano.
De repente, todo me daba vueltas, me costaba respirar… ¿se puede saber que estaba pasando? ¿Dónde estaba mi verdadera familia? ¿Dónde estaba mi verdadera vida?
- Esa vida ya no existe, tu así lo quisiste… una vida sin discapacidad… ya se te ha hecho realidad…
- ¿y tu quien eres? –le pregunte a ese especie de ángel.
- Soy el portavoz de ese deseo que pediste…
- Pero yo no quería una vida así… yo solo…
- Tu solo pediste una vida sin discapacidad… no pusistes más condiciones… asi te ha cumplido…
- Ya, lo se pero… esto es horrible… mil veces mas, que tener discapacidad ¿Qué voy hacer? –pero cuando volví a mirar ese ángel, ya no estaba… por más que le llamé no apareció ni contesto…
Paso por mi lado un chico en silla de ruedas, me sonrió se le veía tan feliz acompañado de sus padres, de su hermano pequeño… como extrañaba a mi hermano pequeño en esos momentos… Miré al cielo, plasmado en un gris intenso, una gota de lluvia cayó sobre mi cara, otra, otra, asta iniciar, un aguacero, corrí, corrí para protegerme… Una vez bajo un porche… me dejé caer, lagrimas empezaron a caer por mis mejillas, un grito de impotencia se escuchó de mi propia voz…
- Lo siento mucho, ya nunca me quejare de mi vida con discapacidad, pero por favor… quiero volver, quiero volver… quiero volver… -y así, recé y supliqué asta el fin de mis lágrimas, asta que sin ser consciente, me dormí…
Desperté… ¿Dónde estaba? ¿en mi habitación? ¿Cómo era posible? ¿sería que…? Intenté mover mis piernas… Que felicidad me entro al ver que no podía, la puerta de mi habitación se abrió…
- Hola hijo… ¿Cómo has dormido?
- ¡Papa! ¡Échame el aliento!
- ¿Qué has dicho?
- ¡Échamelo! –él lo hizo… que fantástico aroma a menta.
- Charlie, Charlie, Charlie –entro corriendo en la habitación Nicky, mi hermoso hermano pequeño.
- Ei… ¿Dónde vas? -Le sostuvo en brazos mi padre, sin dejar de hacerle cosquillas –ya sabes que no puedes entrar en la habitación de Charlie sin su permiso.
- No pasa nada papa, déjale, déjale que salte en la cama –una vez en el suelo Nicky no tardo en saltar a mi cama.
- ¿Te encuentras bien cariño? –se aseguró que no tenía fiebre mi padre.
- Mejor que nunca papa, ¿me acercas mi silla de ruedas por favor? –no tarde en bajar estaba deseoso de ver a mama –¡mama! –me abracé a ella, estaba tan radiante como siempre –me encanta tu sonrisa… no dejes que nadie te la borre. Y tu papa, cuídala como una princesa siempre.
- Por supuesto hijo, eso jamás cambiara.
- Más te vale, o te la verás conmigo –le señale, medio en broma, porque sabía que este papa, jamás dejaría que una mujer sufriera cualquier daño.
- ¿Cariño te encuentras bien? –ahora la pregunta, era de mi madre.
- Sí, ayer estabas un poco depre como cada cumple…
- No es que no me alegre… pero este cambio tan repentino…
- Me he dado cuenta de la verdad… que mi vida es fantástica, hay destinos mucho peores que la discapacidad, gracias, por ser como sois… ¡gracias!



Esa noche antes de acostarme, fui consciente de una nota sobre mi almohada…
Te vi tan arrepentido,
De ese deseo pedido,
Que decidí echarlo atrás,
Para que volvieras con tu familia de verdad.
Espero que hayas aprendido,
Que ninguna vida es perfecta,
Y que tu vida, no es peor que otras,
Más bien, muchos desearían tener,
El coraje y fuerza que poses.


- Muchas gracias por esta oportunidad, no volveré a desear lo contrario jamás –con ese agradecimiento, cerre los ojos, sin tardar en dormirme, para volver a despertar en mi vida con discapacidad.

Escrito: 09 de septiembre del 2013
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