viernes, 17 de abril de 2020

Cuento de canción; Ella no sigue modas




Entre en el pub, la música sonaba con todo su resplandor, el Dj estaba animado, toda aquella gente le seguía. Me sirvieron mi coca-cola rutinaria. Yo deseaba ligar, pero mi timidez me lo impedía. Había muchas chicas, pero chicas que solo iban para un buen rato y ya, yo no quería eso, yo quería algo romántico, bonito, mas allá de una simple noche de calentura y pasión.

Sin aviso la vi… ya hacía algunas noches que la había visto, pero nunca me había atrevido a decirle nada; su pelo era largo y negro, delgada, sus gafas transparentes. Vestía un vestido, rojo y blanco, leguis negros, botas largas y marrones. Realmente era bella, ignorando la silla que sustituía sus piernas, realmente ella era bella, y me gustaría conocer. Allí se encontraba, como muchos sábados noches, en la barra, con su Coca-cola en mano. Su mirada transmitía tristeza. Me acerqué. La miré, le transmití una débil sonrisa. Ella me respondió, y bajo su mirada. Yo me separé "¡oh díos! cuanto odio esta timidez"
- Hola guapa -escuche, no pude evitar, mirar, le decían a la chica, esa chica que me atrajo, era un hombre mayor, parecía que le doblaba la edad. Ella estaba con la cabeza baja, parecía asustada –ei nena, ¿quieres bailar? –ella no contestó, se la veía incomoda –Vamos nena, yo te daré lo que tanto necesitas y ningún joven te va a dar, conmigo podrás follar, ven, nota mi paquete, ardiente por ti –fui testigo como su pene, se aproximaba a la cara de la chica –pero ¿por qué no hacen nada? ¿es que no son conscientes de ese degenerado?
- ¡Eh déjala! –me parecía increíble... era mi voz. El tipo se encaró a mi ¿y ahora que?
- ¿Qué está pasando aquí? –preguntó el vigilante.
- Este hombre… estaba… mo… molestando a esa chica.
- ¡Otra vez tu! Ya estoy arto ahora mismo vamos a llamar a la policía –aproveche esa pausa para salir de allí, debía de encontrar a esa chica con nombre desconocido. Corrí a la calle, mis ojos no dejaban de buscarla, corrí, seguí corriendo. Me detuve, sin aviso la encontré, se encontraba en un rincón llorando, lágrimas descendían por sus mejillas.

- Hola… vi las intenciones de ese hombre… -no se me ocurrieron palabras mejores. Ella no me miraba, mantenía la cabeza baja.
- ¡¿y tú también me quieres hacer lo mismo?! –la pregunta me sorprendió.
- ¡No! Yo jamás trataría así una chica… por favor, confía en mí.
- ¡Es que estoy arta! ¡Haga lo que haga siempre es igual! ¡No puedo más! –gritaba entre lágrimas. Sin esperarlo, empezó a explicarme, todas esas malas experiencias vividas. La cantidad de hombres, jóvenes, que intentaron aprovecharse de ella, de su cuerpo. Se me partía el alma escucharla. Era normal verla tan sola y desconfiada, muchos la quisieron utilizar y robarla toda.

- Lamento mucho todo lo pasado, son unos desgraciados, yo no soy de esos de verdad, dame una oportunidad… -Ella me miro, y me sonrió. Una sonrisa débil, pero sincera –yo… déjame invitarte a tomar algo… Déjame demostrarte, que eres bella, tanto dentro como fuera… déjame mostrarte, que todos los chicos no somos así… -le miré a los ojos con plena sinceridad. ¡ella acepto!
Nos dirigimos a la barra, la música seguía sonando, pedimos dos coca –colas. Me sonrió, la sonreí. Terminó una canción, inició otra "ella no sigue modas" de Juan Magan. Ella empezó a bailar, me levanté, le ofrecí mi mano.
- Ven a bailar conmigo, tu no bailes sola.
Escrito: 27 de mayo del 2012
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