viernes, 24 de abril de 2020

Carta de una mujer de Israel





No es nada fácil ser mujer, al menos en Israel, dejas de adueñarte de tu vida para ser la de los otros, cuando eres niña por tus padres, así asta que te casas con aquel hombre, en el que no todas las veces, lo haces enamorada, sino obligada por esta sociedad, que te impulsa, sobretodo por tu familia, que también se unen a esas misma mentalidad.
Personalmente me niego a casarme sin amor, me niego a ser prototipo ideal para esta sociedad, para nada ideal para mi, yo quiero viajar, conocer el mundo, saber más cada día, así mismo se lo hice saber a mi padre y mis hermanos, no se lo tomaron nada bien. Era una noche, cuando mis hermanos me despertaron en la madrugada, para que les acompañara algún lado, más adormilada que despierta, en camisón, así lo hice, siguiendo sus pasos ignorando cual sería mi destino, llegué al mar, había tantísima gente esperándonos, inclusive mi padre, todos mis hermanos. Me sentía más dormida que despierta, no entendía nada, cuando me hicieron entrar dentro de ese mar, entre todos mis hermanos me cogieron, obligaron a mi cabeza a sumergirse, más de una docena de veces, me faltaba el aire, sentía que me ahogaba, suplicaba que parasen, pero nadie detenía tal cantidad de violencia, ni mi padre, ni mis hermanas, nadie, estaban empeñados, en quitarme de dentro el diablo, que creían que era el responsable de mi “rebeldía” de no querer seguir la tradición de la mujer esclava del hombre.
Me sentía violentada y humillada por mi propia familia, por más que intentaba olvidar y perdonar, me era imposible, ni a la cara les podía mirar, y ellos tampoco intentaban entender mi forma de pensar....

Mis hermanas intentaron detenerme, “hacerme razonar” pero nada, me hizo cambiar de opinión, intenté uir, una noche, cuando todos dormían, sigilosa, empecé a salir de la casa, pocos pasos días, cuando el mayor de mis hermanos, me empezó a seguir, intentando detener mi decisión, pero ya nada podía detenerme, con ellos no podía seguir, forcejeé con todas mis fuerzas, cuando la voz de mi padre, se escuchó por todo lo alto “¡¡Déjala!!” fui libre al momento “¿estás segura que es esto lo que quieres?” Se acercó mi padre. Convencida le dije sí... él me abrazó, sus ojos derramaban lágrimas “perdóname hija” “Sé feliz” ¡¡mi padre me estaba bendiciendo para ser libre!! no me salían las palabras, solo mis ojos llenos de lágrimas, le miré una última vez, antes de alejarme con total lentitud. Sentí como mi hermano iba detrás de mi, pero mi padre, le detuvo “Déjala libre”
Hoy hace más de un año que deje atrás una vida que no deseaba, que detestaba, me siento orgullosa de ello, he viajado, e conocido, e aprendido, y sobretodo, soy libre, soy dueña de mi camino y de mi destino, como toda mujer debería ser. Por ello, estas lineas, que si se quiere, se puede, animo a todas ellas, que lo deseen,. que sin miedo, den el paso.

Escrito: 26 de noviembre del 2018
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